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Ciencia

El felino que casi desapareció de España ahora explora territorios cada vez más al norte

Una cámara de fototrampeo registró en Campezo, Álava, la primera prueba audiovisual de un lince ibérico en Euskadi. El ejemplar llevaba un collar de seguimiento y probablemente se encontraba dispersándose en busca de territorio. El hallazgo refleja la extraordinaria recuperación de una especie que superó los 2.600 individuos en la península.
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Un ganadero de Campezo, en Álava, instaló una cámara de fototrampeo con la intención de observar ginetas, tejones y gatos monteses que atravesaban su parcela. Cuando revisó las imágenes tomadas durante una noche de diciembre de 2025, descubrió un animal mucho menos habitual: un lince ibérico caminando frente al objetivo.

El video circuló durante varios meses hasta llegar a la asociación Hontza Natura Elkartea, cuyos especialistas confirmaron la identificación. Se trata de la primera prueba audiovisual conocida de la presencia de un ejemplar de Lynx pardinus en Álava y, por extensión, de un desplazamiento excepcionalmente septentrional de esta especie.

Un visitante con collar de seguimiento

Las imágenes muestran que el animal llevaba un collar radiotransmisor, lo que indica que había sido marcado como parte de algún programa de conservación o seguimiento. Sin embargo, todavía no se ha comunicado públicamente su identidad ni el lugar exacto desde el que comenzó su recorrido.

Euskadi no cuenta con un programa para reintroducir el lince ibérico. Las iniciativas más cercanas se desarrollan en Aragón y Castilla y León, donde se intenta recuperar la especie en territorios que podrían conectar las poblaciones del sur con otras zonas de la península. En el Cerrato palentino ya se registraron 11 ejemplares durante 2025.

El avistamiento tampoco significa que exista una población estable en Euskadi. Los linces jóvenes pueden recorrer grandes distancias durante la dispersión, cuando abandonan su lugar de nacimiento y buscan un territorio con alimento y posibilidades de reproducción. Por ahora, el ejemplar de Campezo debe considerarse un visitante aislado.

El felino que casi desapareció de España ahora explora territorios cada vez más al norte
© Magnific

De menos de 100 linces a más de 2.600

La aparición en Álava es posible gracias a una de las recuperaciones de fauna más importantes de Europa. En 2002 quedaban menos de 100 linces ibéricos censados, concentrados principalmente en Andalucía. El último recuento oficial registró 2.663 ejemplares durante 2025, un incremento del 10,9% en solo un año.

La cifra, sin embargo, corresponde a toda la península ibérica, no únicamente a España. Del total, 2.269 animales fueron contabilizados en territorio español y 394 en Portugal. Castilla-La Mancha reunió 1.051 ejemplares, seguida de Andalucía con 885 y Extremadura con 302.

Los programas de cría en cautividad, reintroducción, recuperación del hábitat y seguimiento mediante collares han permitido crear nuevos núcleos reproductores. En 2025 se contabilizaron 542 hembras territoriales y 952 cachorros. Los especialistas consideran que serían necesarias unas 750 hembras reproductoras y entre 3.000 y 3.500 individuos para alcanzar una población plenamente viable.

Su expansión también genera nuevos peligros

El lince ibérico se alimenta principalmente de conejo de monte, que representa aproximadamente el 90% de su dieta. Por su tamaño y comportamiento huidizo, no plantea el mismo nivel de conflicto ganadero asociado con grandes depredadores como el lobo o el oso. Puede capturar ocasionalmente aves de corral, pero no existen evidencias de que su llegada a nuevas regiones esté produciendo ataques relevantes al ganado.

La amenaza más inmediata aparece en las carreteras. En 2025 se detectaron 273 linces muertos por causas no naturales y 212 de ellos fallecieron atropellados, casi el 78% del total. A medida que la especie ocupa territorios nuevos, aumenta la necesidad de crear corredores ecológicos, adaptar pasos de fauna y corregir los puntos con mayor mortalidad vial.

La presencia de un lince en Álava no anuncia necesariamente una colonización inmediata del norte de España. Sí demuestra que la recuperación está permitiendo algo impensable hace dos décadas: que algunos ejemplares abandonen sus refugios tradicionales y exploren territorios situados a cientos de kilómetros. El desafío ya no consiste únicamente en aumentar su número, sino en conseguir que puedan desplazarse sin morir en el camino.

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