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Ciencia

El James Webb acaba de encontrar algo que parece un racimo de uvas flotando en el universo primitivo. Y podría obligarnos a reescribir cómo nacieron las primeras galaxias

No es una metáfora exagerada: la estructura observada recuerda de verdad a un racimo de uvas. Pero lo importante no es solo su forma, sino lo que revela. Esta galaxia, vista apenas 930 millones de años después del Big Bang, podría estar mostrando un origen mucho más caótico, fragmentado y extraño de lo que creíamos.
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Entre las profundidades del universo temprano, cuando las primeras galaxias apenas comenzaban a girar en el vacío, los astrónomos han encontrado una joya inesperada. Bautizada como “uvas cósmicas”, esta galaxia desafía las ideas previas sobre la formación estelar, mostrando un patrón que recuerda más a un racimo luminoso que a un disco uniforme de estrellas.

Un racimo de estrellas en el amanecer del cosmos

La galaxia “uvas cósmicas” emergió en los datos como una anomalía fascinante. Formada apenas 930 millones de años después del Big Bang, alberga al menos 15 cúmulos masivos de formación estelar concentrados en un disco giratorio. Cada cúmulo brilla con la intensidad de millones de soles, creando una estructura que contrasta con la imagen clásica de las galaxias tempranas, donde las estrellas se distribuían de forma más homogénea.

Los astrónomos no observaron este fenómeno por casualidad. Para detectar detalles tan lejanos, combinaron la sensibilidad del telescopio espacial James Webb (JWST) con la precisión milimétrica del Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA).

La lente gravitacional que hizo visible lo invisible

La distancia de la galaxia a la Tierra hubiera hecho imposible este estudio sin la ayuda de la lente gravitacional, un efecto predicho por Einstein en el que la gravedad de un objeto masivo curva y amplifica la luz de otro más lejano. Según Seiji Fujimoto, autor principal del estudio publicado en Nature Astronomy, se trata de “una de las galaxias distantes con mayor lente gravitacional jamás descubierta”.

Esta amplificación permitió a los investigadores ver su estructura interna como nunca antes: cúmulos densos y compactos, comparables en escala a gigantescas factorías de estrellas. Para Mike Boylan-Kolchin, coautor del estudio, esto confirma que algunas galaxias tempranas no brillaban de forma uniforme, sino que su luz estaba dominada por estas concentraciones masivas.

Un vistazo al laboratorio del universo primitivo

La investigación sobre las “uvas cósmicas” apenas comienza, pero ya promete aportar pistas valiosas sobre la evolución de las galaxias. Comprender cómo y por qué se formaron estos cúmulos podría ayudarnos a reconstruir la historia de las primeras estructuras cósmicas.

En un universo tan joven, donde la materia aún buscaba su lugar, estas uvas de luz quizá sean la clave para entender cómo los primeros racimos estelares dieron forma a todo lo que vemos hoy.

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