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Ciencia

El James Webb acaba de tumbar a uno de los grandes “gemelos” de la Tierra. Y eso cambia dónde deberíamos seguir buscando vida

La búsqueda de mundos habitables fuera de la Tierra no suele avanzar con certezas, sino descartando posibilidades. Y eso es exactamente lo que acaba de ocurrir con TRAPPIST-1 d, un planeta que hasta ahora figuraba entre los favoritos para encontrar algo parecido a una atmósfera terrestre.
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A 40 años luz de la Tierra, un sistema estelar había despertado ilusiones de encontrar un “primo” cósmico capaz de albergar vida. Ahora, un descubrimiento del telescopio James Webb desinfla parte de esas expectativas y obliga a replantear el mapa de búsqueda de entornos habitables más allá del sistema solar.

Un candidato prometedor que se desvanece

El hallazgo del James Webb que borra un candidato a “gemelo” de la Tierra y reorienta la búsqueda de vida
© NASA / JPL-Caltech.

TRAPPIST-1 d formaba parte de una selecta lista de exoplanetas rocosos que orbitan en la zona habitable de sus estrellas, con condiciones potencialmente aptas para el agua líquida. Sin embargo, la última observación del James Webb, basada en un análisis minucioso de su espectro de luz, no encontró huellas de vapor de agua, metano ni dióxido de carbono: elementos clave para una atmósfera similar a la terrestre.

Caroline Piaulet-Ghorayeb, de la Universidad de Chicago y el Instituto de Investigación sobre Exoplanetas de Montreal, lo resume con claridad: “En este punto, podemos descartar a TRAPPIST-1 d como un posible gemelo de la Tierra”. El planeta podría tener una atmósfera muy tenue como Marte, una cubierta opaca y sofocante como Venus o, quizá, carecer de aire por completo.

La amenaza de una estrella implacable

El hallazgo del James Webb que borra un candidato a “gemelo” de la Tierra y reorienta la búsqueda de vida
© NASA / JPL-Caltech.

El sistema TRAPPIST-1 orbita en torno a una enana roja, un tipo de estrella conocido por su actividad intensa y sus llamaradas frecuentes. Esta radiación, en especial para los planetas más cercanos, puede erosionar o destruir sus atmósferas con el tiempo, convirtiéndolos en desiertos rocosos expuestos al espacio.

Björn Benneke, coautor del estudio, subraya que esta investigación marca la primera vez que se estudian atmósferas de mundos tan pequeños y fríos con el nivel de detalle que permite Webb. El caso de TRAPPIST-1 d ilustra los desafíos que enfrentan los planetas en entornos estelares tan agresivos.

Nuevas miradas hacia la periferia del sistema

Aunque la noticia supone un revés, no significa que todo esté perdido para este sistema a 40 años luz. Los investigadores mantienen su atención en los planetas más alejados de la estrella, donde la radiación es menor y las atmósferas tendrían más posibilidades de sobrevivir.

“Los mundos exteriores de TRAPPIST-1 podrían retener agua y otros elementos esenciales”, señala Piaulet-Ghorayeb. El James Webb seguirá apuntando hacia ellos, con la esperanza de encontrar señales que reaviven la posibilidad de vida más allá de nuestro hogar.

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