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Ciencia

Llevaron 5 gatos para salvar una isla de las ratas: 77 años después, hace falta gastar 25 millones de dólares para arreglar el desastre que causaron

Cinco gatos domésticos parecían la solución perfecta para un problema de ratones en una estación meteorológica perdida en el Atlántico Sur. Ocho décadas, dos crisis ecológicas y una eliminación de casi tres años después, la Isla Marion sigue pagando el precio de aquella idea aparentemente inofensiva
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La Isla Marion es un remoto territorio subantártico perteneciente a Sudáfrica, ubicado a unos 2.300 kilómetros al sur del continente africano. En 1949, el personal de la estación meteorológica instalada ahí llevó cinco gatos domésticos con el objetivo de controlar una creciente población de ratones que ya afectaba las instalaciones.

Los felinos encontraron un ecosistema completamente indefenso frente a ellos. La Isla Marion era refugio de numerosas especies de aves marinas que habían evolucionado durante miles de años sin depredadores mamíferos terrestres. Especies como los petreles y el albatros errante anidaban directamente en el suelo o en madrigueras, sin ningún comportamiento de defensa frente a un cazador como el gato doméstico.

2.000 gatos, 450.000 aves muertas por año

Gato Cazador
© Evgeniy Medvedev – Shutterstock

Los gatos se reprodujeron sin control y pasaron de mascotas a población salvaje. Sin depredadores naturales propios, llegaron a superar los 2.000 ejemplares hacia la década de 1970, alimentándose cada vez más de aves marinas en lugar de los ratones que originalmente debían controlar. Para mediados de esa década, los felinos mataban un estimado de 450.000 petreles y otras aves marinas cada año, diezmando poblaciones enteras de especies que anidan en madrigueras.

La eliminación de los gatos que tardó más de una década

La magnitud del problema obligó a implementar uno de los programas de erradicación de gatos más complejos realizados hasta ese momento. La estrategia, iniciada en 1977, combinó distintos métodos, incluido el uso del virus de la panleucopenia felina como herramienta de control biológico, además de campañas intensivas de captura y caza nocturna. El último gato fue eliminado de la isla recién en 1991, catorce años después de iniciado el programa.

El segundo problema: los ratones que nadie vio venir

Ratones
© Nick Fewings – Unsplash

Tras la desaparición de los gatos, los científicos descubrieron que los ratones originales, introducidos accidentalmente por balleneros en el siglo XIX, también representaban una amenaza seria para el ecosistema. Sin depredadores que los controlaran, según describe el Mouse-Free Marion Project, los ratones comenzaron a atacar huevos, polluelos e incluso aves adultas heridas, incluidas crías de albatros errante, poniendo en riesgo de extinción local a 19 de las 29 especies de aves que anidan en la isla.

El plan de 2027: helicópteros, GPS y 25 millones de dólares

El Mouse-Free Marion Project, una asociación entre el Departamento de Silvicultura, Pesca y Medio Ambiente de Sudáfrica y BirdLife South Africa, prepara desde hace años la operación de erradicación de ratones más grande jamás intentada en una sola isla, con Marion cubriendo unas 30.000 hectáreas de terreno volcánico irregular.

El plan contempla una flota de helicópteros guiados por GPS que distribuirán cebo con veneno especialmente formulado en franjas superpuestas por toda la superficie de la isla, durante el invierno austral, cuando los ratones tienen menos alimento disponible. Antes de la operación completa, el proyecto prevé una prueba aérea en una porción menor de la isla, de unas 975 hectáreas, programada para abril y mayo de 2027, con la eliminación total del roedor como objetivo posterior a esa prueba. El financiamiento necesario ronda los 25 millones de dólares, buena parte de los cuales ya fue asegurado a través de aportes del gobierno sudafricano y de fundaciones internacionales.

El propio equipo del proyecto advierte que el margen de error es prácticamente nulo: si el operativo elimina el 99% de los ratones pero no el 100%, la población sobreviviente se recupera y la erradicación fracasa por completo, algo que ya ocurrió en intentos previos en otras islas subantárticas.

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