Venus pudo haberse tragado su propia luna
El trabajo, liderado por Stephen Kane, de la Universidad de California en Riverside, analiza mediante simulaciones qué habría ocurrido con una hipotética luna orbitando Venus durante miles de millones de años.
La clave está en las fuerzas de marea, las mismas responsables de que nuestra Luna se aleje lentamente de la Tierra.
La Tierra completa una rotación aproximadamente cada 24 horas. Esa rotación permite transferir energía al sistema Tierra-Luna y provoca que nuestro satélite se aleje unos pocos centímetros cada año. Venus presenta una situación radicalmente diferente. Actualmente necesita unos 243 días terrestres para completar una rotación y, además, gira en sentido retrógrado.
En determinadas condiciones, esa evolución de la rotación podría haber provocado exactamente el efecto contrario al que vemos en nuestro planeta: una luna venusiana habría comenzado a desplazarse hacia Venus.

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Una lenta espiral hacia su destrucción
Los investigadores modelaron la interacción gravitatoria entre Venus, una hipotética luna y el Sol, modificando parámetros como la velocidad inicial de rotación del planeta y la masa del satélite.
Las simulaciones muestran que el destino de esa luna dependería mucho de cómo fuese el Venus primitivo. En varios escenarios compatibles con la evolución del planeta, el satélite terminaría perdiendo altura progresivamente hasta alcanzar el llamado límite de Roche. A esa distancia, las diferencias en la gravedad ejercida por Venus sobre distintas partes de la luna serían tan grandes que podrían superar la propia gravedad que mantiene unido al satélite.
La luna sería entonces destruida, posiblemente formando temporalmente un anillo de escombros alrededor de Venus. Con el tiempo, buena parte de aquel material terminaría cayendo sobre el planeta.
Pero no sabemos si Venus realmente tuvo una luna
El descubrimiento no demuestra que una luna haya existido alguna vez alrededor de Venus.
Lo que demuestra es algo diferente: si Venus formó un satélite bajo determinadas condiciones, no habría necesitado otra gran catástrofe para perderlo. La propia evolución de las mareas podría explicar su desaparición.
De hecho, las simulaciones también encontraron escenarios en los que una luna podría sobrevivir durante miles de millones de años, principalmente si el Venus primitivo hubiese tenido una rotación suficientemente rápida y ciertas características concretas.
Por eso, reconstruir cómo giraba Venus poco después de su formación resulta fundamental para resolver el misterio.
Las pruebas podrían estar enterradas bajo Venus
Encontrarlas será especialmente complicado.
Gran parte de la superficie venusiana fue renovada geológicamente hace relativamente poco tiempo a escala planetaria, borrando posibles rastros de acontecimientos mucho más antiguos. Si una gran luna terminó desintegrándose y cayendo sobre Venus, algunas evidencias podrían permanecer escondidas en las profundidades del planeta. Una colisión de semejante magnitud también habría podido afectar su rotación, geología e incluso su clima.
Comprender qué ocurrió es especialmente interesante porque Venus probablemente comenzó su historia con muchas similitudes respecto a la Tierra, pero ambos mundos terminaron siguiendo caminos completamente distintos.
Descubrir si nuestro vecino alguna vez tuvo una luna —y si acabó destruyéndola— podría ayudar a explicar no solo la extraña historia de Venus, sino también qué papel desempeñan las lunas en la evolución y habitabilidad de los planetas.