Un planeta que todavía está creciendo
A escala humana, un millón de años parece una eternidad. En astronomía, sin embargo, Elias 2-24 b es prácticamente un recién nacido.
El planeta orbita alrededor de la joven estrella Elias 2-24, situada a unos 450 años luz de la Tierra, y todavía está acumulando material procedente del enorme disco de gas y polvo que la rodea.
Hasta ahora, los planetas más jóvenes confirmados tenían más de cinco millones de años. Entre ellos se encontraban los mundos alrededor de PDS 70 y WISPIT 2, sistemas que ya planteaban interrogantes sobre la velocidad a la que pueden aparecer los gigantes gaseosos.
Elias 2-24 b lleva el problema mucho más lejos: tiene menos de una quinta parte de esa edad.

El planeta estaba escondido en datos antiguos
El descubrimiento tiene además una historia particular. Las primeras observaciones utilizadas para confirmarlo fueron realizadas en 2018 con el Observatorio Keck, en Hawái.
Los investigadores habían detectado una pequeña señal dentro de una brecha del disco protoplanetario, pero entonces no había pruebas suficientes para asegurar que se tratara de un planeta.
Años después, Andrea Bernardi, estudiante de doctorado de la Universidad Diego Portales y autora principal del estudio, volvió a analizar aquellas observaciones utilizando nuevas técnicas de procesamiento.
El equipo encontró la misma señal en datos obtenidos en 2020 y combinó la información con observaciones realizadas por ALMA, en Chile, y el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral. El movimiento del objeto terminó permitiendo descartar que fuese simplemente un defecto de la imagen o una estrella situada mucho más lejos.
Era realmente un planeta.
Lo estamos viendo prácticamente mientras nace
Los planetas comienzan a desarrollarse dentro de discos de gas, polvo, hielo y pequeños fragmentos rocosos que rodean a las estrellas jóvenes.
Con el tiempo, ese material empieza a agruparse. En el modelo conocido como acreción del núcleo, primero aparece un núcleo sólido y, si adquiere suficiente masa, comienza a atraer enormes cantidades de gas hasta convertirse en un gigante similar a Júpiter.
Elias 2-24 b parece encontrarse precisamente en una fase especialmente intensa de ese proceso: está capturando rápidamente gas del disco para formar su atmósfera. Además, ocupa una gran brecha dentro del propio disco. Esto aporta una de las evidencias más claras obtenidas hasta ahora de que algunas de esas estructuras observadas alrededor de estrellas jóvenes son realmente producidas por planetas que están creciendo en su interior.

Una ventana al nacimiento de nuestro propio sistema solar
El gran problema para los astrónomos es que las primeras etapas de formación planetaria suelen permanecer ocultas detrás del polvo. Por eso se conocen tan pocos planetas extremadamente jóvenes.
Elias 2-24 b ofrece algo excepcional: la posibilidad de estudiar un gigante gaseoso mientras todavía se está construyendo. Los investigadores esperan ahora medir con mayor precisión su masa, temperatura y atmósfera y estudiar cómo sigue incorporando material.
Nuestro sistema solar tiene unos 4.600 millones de años, por lo que ya no podemos observar directamente cómo nacieron Júpiter, Saturno o la propia Tierra. Sistemas tan jóvenes como Elias 2-24 son, en cierto modo, máquinas del tiempo naturales: permiten contemplar procesos similares a los que tuvieron lugar alrededor del Sol cuando nuestros propios planetas apenas comenzaban a existir.