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Ciencia

Lo que encontraron bajo La Vall d’Uixó no estaba en ningún mapa. El río subterráneo navegable más largo de Europa acaba de revelar nuevas galerías y formaciones nunca vistas

Durante meses, el Espeleoclub La Vall d’Uixó ha logrado adentrarse en puntos de las Cuevas de San José donde nunca antes había llegado el ser humano. Allí encontraron nuevas galerías, formaciones inéditas de aragonito y una cavidad con raíces y corrientes de aire que podría ser la conexión más cercana al exterior. El mapa de la cueva deja de ser definitivo.
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Todo empezó con una fractura ascendente, una grieta tan angosta que durante años fue descartada como un camino muerto. Pero la temporada 2024/2025 cambió lo que se creía posible. Tras una escalada de trece metros, el equipo logró acceder a un nivel superior donde apareció una sala desconocida: apenas 11 metros cuadrados, pero suficiente para insinuar que la montaña aún ocultaba algo más.

En ese techo, casi escondida, se abría una galería inclinada, estrechísima, que obligó a avanzar en posición incómoda. Los espeleólogos recorrieron allí 16 metros adicionales, más otros 10 metros laterales. Puede parecer poco en superficie, pero en espeleología esos metros son una frontera. Sobre todo, porque esa frontera no estaba registrada en ningún plano previo de las Cuevas de San José.

A ojos del equipo, era evidente que no se trataba de simples huecos erosionados al azar: el patrón de fracturas, la geometría ascendente y la ventilación ligera que se filtraba desde el fondo sugerían que esa parte de la cueva llevaba mucho tiempo esperando ser encontrada.

Formaciones nunca vistas y un posible contacto con el exterior

Un hallazgo clave en la cavidad que guarda el mayor río subterráneo de Europa: nuevas galerías elevan su extensión a más de 3.000 metros y revelan formaciones nunca documentadas.
© Espeleoclub La Vall d’Uixó.

En la primera sala, cuenta El Debate, apareció algo que nadie esperaba: formaciones de aragonito que jamás se habían documentado en esta cueva. Deltas cristalinos que emergían en punta, motivo por el cual la bautizaron como Sala de las Agujas. Las fotos difundidas por el club muestran estructuras delicadísimas, casi vegetales, formadas por la cristalización lenta de carbonatos en condiciones muy precisas.

Más arriba, la galería superior reveló otro tipo de sorpresa. Allí encontraron raíces, pequeñas telarañas y una corriente de aire tan fina como constante. Ese detalle —el aire que entra o sale— es una pista poderosa para cualquier espeleólogo. Indica, casi siempre, proximidad con el exterior.

Por eso la bautizaron Galería de las Raíces, un homenaje a esa forma silenciosa en la que la superficie parece filtrarse hacia las profundidades. Y también una intuición: puede que el equipo haya alcanzado el punto más cercano al exterior jamás localizado desde el interior de la cueva. Si se confirma, en el futuro podría abrirse incluso una nueva entrada de ventilación para la zona turística.

Un sistema que supera los 3.000 metros y cuya dimensión real sigue siendo un misterio

Un hallazgo clave en la cavidad que guarda el mayor río subterráneo de Europa: nuevas galerías elevan su extensión a más de 3.000 metros y revelan formaciones nunca documentadas.
© Espeleoclub La Vall d’Uixó.

La suma de estas exploraciones añade 46,4 metros nuevos al sistema, un número suficiente para superar los 3.000 metros de cueva documentada. Con este hito, las Cuevas de San José pueden ser inscritas en el Catálogo de Grandes Cavidades Españolas, un estatus reservado para cavidades que superan esa extensión.

Pero lo importante no es la cifra, sino lo que implica. Cuando se supera un umbral así, significa que el mapa conocido no era definitivo. Las cavidades recién encontradas son pequeñas comparadas con la zona turística y con el tramo navegable del famoso río subterráneo, pero su valor reside en algo distinto: son evidencia de un sistema vivo, en expansión, que conecta con zonas de la montaña aún sin explorar.

El club lo expresa de forma contundente en sus informes: todo lo descubierto está concentrado en un punto mínimo respecto al conjunto de la cavidad. Eso significa que si ese pequeño acceso escondía salas y galerías nuevas, podrían quedar muchas más esperando en otros niveles, otras fracturas y otros techos aún no revisados.

La cueva que crece sin que nadie sepa dónde termina

Las Cuevas de San José llevan décadas fascinando a geólogos, guías y turistas. Su río subterráneo —el navegable más largo de Europa— es la postal visible de un mundo que se extiende de manera silenciosa bajo la montaña.

Pero estas nuevas galerías recuerdan algo esencial: incluso en Europa, incluso en un entorno estudiado durante más de medio siglo, aún hay espacios que no conocen la luz humana. Zonas donde las raíces entran tímidamente, donde el aire se cuela por una fisura milimétrica, donde una aguja de aragonito crece sin prisa.

La cifra ya supera los 3.000 metros. El misterio, ese no tiene techo.

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