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Ciencia

Lo que encontraron dentro de la niebla cambió la forma en que entendemos el aire que respiramos

La proporción de agua y de vida microbiana que contiene la niebla rivaliza con la de los océanos y lagos, según un nuevo trabajo de investigación. Aunque suene asqueroso, es una buena noticia.
Por Matthew Phelan Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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El director de cine de terror John Carpenter lo entendía casi del todo: en la niebla se oculta algo que está vivo. Pero no son seres sobrenaturales vengativos, y ni siquiera es algo malicioso. De hecho, tendríamos que estar agradecidos de que allí esté este bioma imperceptible, flotando junto a nosotros.

Un equipo de científicos de la Universidad Estatal de Arizona (ASU) recogió agua de niebla de 32 lugares a lo largo de dos años, y rastrearon la conducta de un mar de microbios que flota dentro de este complejo aerobioma. Según sus cálculos, poco menos del 1% de las gotas de niebla sirve como hábitat de bacterias. Pero cuando se la condensa en apenas un poco de agua líquida, ese porcentaje es importante: los investigadores de la ASU encontraron 10 millones de bacterias en el equivalente a una taza de agua de niebla del tamaño de un dedal.

Según declaraciones del investigador de ciencia atmosférica Thi Thuong Thuong Cao, que inició el proyecto siendo estudiante del doctorado en la ASU, estas bacterias que flotan con las gotitas de niebla se alimentaban de la contaminación por formaldehído que hay en el aire “para poder crecer”.

“Las bacterias se hacen más grandes y se dividen, por lo que hay crecimiento”, señaló Cao.

El eslabón más pequeño de la cadena

De las bacterias presentes en la niebla, dos cepas del género Methylobacterium demostraron excelente capacidad de supervivencia y crecimiento alimentándose del formaldehido, un irritante químico que contamina el aire y se sospecha es carcinogénico, regulado por la EPA. Estas colonias de Methylobacterium duplicaron su tamaño al mismo ritmo que el que lograrían alimentándose de pura glucosa de azúcar, según calcularon los científicos.

“Tal vez la clave de la química atmosférica esté en la efectividad de las bacterias de la niebla para biodegradar contaminantes volátiles, como se hizo evidente con el formaldehído”, escribió Cao junto a sus coautores en el nuevo trabajo que se publicó el mes pasado en mBio.

Las metilobacterias son organismos estrictamente aeróbicos, lo que significa que viven en entornos ricos en oxígeno como el aire en el que flota la niebla. En trabajos anteriores se vio que algunas cepas del género Methylobacterium se adaptaban en la naturaleza en condiciones bastante hostiles como el clima extremo, la luz ultravioleta intensa, o superficies sanitizadas en hospitales. Dada su historia, es natural que a estos microbios les beneficie el aire neblinoso con contaminación moderada.

“No se conoce mucho qué tipos de bacterias están presentes en las nieblas”, dijo Cao. Ella y su equipo recolectaron muestras de aire seco antes de la niebla que estudiaron en Pensilvania en colaboración con científicos locales de la Universidad de Susquehanna. Esas muestras contenían menos methylobacterium que las muestras que habían recogido durante la niebla o después, lo que sugería que las nubes bajas animan el crecimiento de las colonias de manera temporal.

El tipo de niebla importa

El equipo de la ASU encabezado por Cao viajó a Pensilvania porque necesitaban un tipo de niebla en especial, la “niebla de radiación” que permanece estacionaria durante el tiempo suficiente como para poder registrar el desarrollo del aerobioma durante varias horas. La niebla de radiación es una de lal menos seis tipos de nieblas, según el almanaque rural (Farmers’ Almanac).

Los investigadores sabían que en el centro de Pensilvania encontrarían valles calmos y húmedos en el que se produce niebla de radiación en el aire calmo de la noche. Sin embargo, la cantidad de biomasa bacteriana que encontraron los sorprendió.

“Cuando reúnes todas esas gotas, la concentración de bacterias es la misma que encuentras en el océano”, dijo el coautor Ferran Garcia-Pichel, director del Centro de Microbiómica Aplicada Fundamental de la ASU, en declaraciones. El contenido bacteriano rivaliza incluso con el de los lagos eutróficos cubiertos de algas.

 Garcia-Pichel, cuyo laboratorio supervisó el trabajo de Cao, dijo que los hallazgos sugieren que los grupos internacionales y entidades gubernamentales que consideran “cosechar niebla” como potencial solución para las sequías, deberían pensarlo dos veces. Porque algunas de estas bacterias, tal como lo señalan en su trabajo, podrían ser “patógenos oportunistas” en tanto que otras sí podrían servir como “nodo natural y local de desintoxicación”.

“Si cosechamos niebla estaríamos liberándonos de nuestros amiguitos que flotan en el aire. No sabemos si eso tendrá o no un impacto importante, pero tenemos que tomarlo en cuenta”, dijo Garcia Pichel.

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