Si alguna vez has pelado una manzana y alguien te ha dicho que es un error porque la c√°scara es la parte m√°s nutritiva, hay un estudio que lo desmiente.

Un equipo de investigadores de la Universidad Tecnológica de Graz, en Austria, analizó el microbioma de la manzana para detectar diferencias entre sus tejidos: el tallo, la piel, la pulpa, las semillas y el cáliz (la parte del tallo donde solía estar la flor). Curiosamente, la piel es el tejido que contiene menos bacterias.

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Seg√ļn el estudio revisado por pares,¬†una manzana t√≠pica de 240 gramos contiene unas 100 millones de bacterias. El 90% est√° en las semillas (que normalmente descartamos), mientras que la pulpa o carne alberga la mayor parte del resto.

Las bacterias no siempre son beneficiosas para la salud, pero las probióticas nos ayudan a equilibrar nuestar flora intestinal. Y como cocinar suele matarlas, la fruta cruda es una de las fuentes más importante de bacterias intestinales.

Esto no quiere decir que debas comerte las semillas. De hecho, Today Food se√Īal√≥ ayer que las semillas de manzana contienen amigdalina, un compuesto que al metabolizarse en el sistema digestivo puede degradarse en cianuro de hidr√≥geno (el famoso veneno). Y aunque no es peligroso en peque√Īas cantidades, tampoco es recomendable en grandes cantidades o en batidos.

Más allá de caracterizar las comunidades bacterianas de la manzana, los investigadores descubrieron una diferencia notable entre manzanas convencionales y manzanas cosechadas orgánicamente. Las orgánicas albergan un microbioma más diverso y equilibrado; contienen más lactobacilos y metilobacterias, y menos patógenos como Erwinia y Escherichia-Shigella.

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Por cierto, aunque la piel de la manzana no contenga tantas bacterias buenas como su pulpa, sí tiene un aporte adicional de fibra y flavonoides.