Son invisibles, persistentes y peligrosas. Los llamados “químicos eternos” se han infiltrado en casi todos los rincones de nuestra vida cotidiana, desde la comida hasta la ropa. Pero una sorprendente investigación ha descubierto que la clave para eliminarlos podría estar en nuestro propio intestino. Esta es la historia de una bacteria que podría cambiarlo todo.
Qué son los “químicos eternos” y por qué deberían preocuparnos
Conocidos como PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas), estos compuestos sintéticos —más de 4.700— son extremadamente estables debido a los enlaces entre átomos de carbono y flúor. Esa estabilidad los hace útiles en múltiples industrias: higiene, pesticidas, textiles, envases y hasta en el vino. Pero también los convierte en una amenaza: no se degradan fácilmente y tienden a acumularse tanto en el medio ambiente como en nuestro cuerpo.

Los estudios han vinculado la exposición prolongada a ciertos PFAS con un mayor riesgo de cáncer, alteraciones en el sistema inmune, infertilidad, cambios en el colesterol e incluso problemas durante el embarazo. Se filtran al agua, contaminan el suelo y terminan en nuestra mesa. Y eliminarlos ha sido, hasta ahora, casi imposible.
Un hallazgo inesperado en el interior del cuerpo
En la búsqueda de soluciones, investigadores de la Universidad de Cambridge han encontrado un aliado improbable: la Faecalibacterium prausnitzii, una bacteria intestinal presente en muchos de nosotros. Esta bacteria, junto con otras 37 cepas identificadas, ha demostrado una sorprendente capacidad para absorber rápidamente grandes cantidades de PFAS minutos después de entrar en contacto con ellas.
¿La estrategia? Las bacterias agrupan los compuestos tóxicos dentro de sus estructuras celulares, como si los pusieran en cuarentena. Esto protege tanto al huésped como a las propias bacterias, y permite que esas toxinas acaben siendo expulsadas del cuerpo de forma natural, a través de las heces.

Probióticos que podrían marcar un antes y un después
Los ensayos en ratones han sido prometedores: al introducir nueve cepas bacterianas en animales contaminados con PFAS, se observó que hasta un 74% de estos compuestos fueron eliminados. Además, cuanto mayor era la concentración de químicos, más activamente trabajaban las bacterias.
Con estos resultados, los investigadores han fundado una startup de biotecnología con un objetivo claro: lanzar en 2026 un probiótico capaz de capturar los PFAS en el intestino antes de que sean reabsorbidos, y eliminarlos del cuerpo sin dañar al huésped.
Este hallazgo representa un paso firme hacia una posible solución natural y accesible frente a uno de los contaminantes más persistentes del siglo XXI. La batalla contra los “químicos eternos” podría estar a punto de cambiar para siempre.
Fuente: Xataka.