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Ciencia

Los científicos descubrieron que uno de los lobos más raros del planeta hace algo que parecía imposible para un gran carnívoro. Se alimenta de flores y podría polinizarlas como una abeja

Un estudio de la Universidad de Oxford documentó un comportamiento inesperado en los lobos etíopes: beben néctar de hasta 30 flores y terminan cubiertos de polen. Los científicos creen que podrían actuar como polinizadores.
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En las montañas de Etiopía habita uno de los depredadores más amenazados del planeta. Es un cazador especializado, de pelaje rojizo y hocico alargado, cuya alimentación depende principalmente de pequeños roedores. Sin embargo, los científicos descubrieron que este animal también tiene una costumbre extraordinaria: se acerca a las flores, introduce cuidadosamente su hocico y comienza a beber néctar, como si fuera una abeja gigante.

El protagonista es el lobo etíope (Canis simensis), considerado el cánido silvestre más raro del mundo. Una investigación de la Universidad de Oxford documentó que algunos ejemplares visitan hasta 30 flores consecutivas y terminan con el rostro cubierto de polen. El comportamiento plantea una posibilidad inesperada: que uno de los grandes depredadores de África también contribuya a la reproducción de las plantas.

Los investigadores siguieron a seis lobos y encontraron algo que nunca se había documentado en un gran depredador

Los científicos descubrieron que uno de los lobos más raros del planeta hace algo que parecía imposible para un gran carnívoro. Se alimenta de flores y podría polinizarlas como una abeja
Un lobo etíope busca néctar entre las flores de las montañas de Bale. Su hocico alargado le permite acceder a las estructuras florales donde se acumula el líquido azucarado. © Danielle Rubens / Oregon Public Broadcasting (2024).

El descubrimiento se produjo en las montañas de Bale, al sur de Etiopía, donde un equipo del Ethiopian Wolf Conservation Programme observó a seis lobos pertenecientes a tres manadas diferentes durante mayo y junio de 2023.

Según el estudio publicado en la revista científica Ecology, los investigadores comprobaron que los animales visitaban las flores de Kniphofia foliosa, una planta endémica de Etiopía conocida por sus llamativas inflorescencias amarillas y rojizas, que producen abundante néctar.

Los lobos se acercaban a los tallos y lamían las flores maduras situadas en la parte inferior. Cada visita duraba entre tres y quince segundos, aunque algunos animales recorrían campos enteros buscando nuevas fuentes de alimento. Dos ejemplares llegaron a visitar 20 y 30 inflorescencias consecutivas.

Lo verdaderamente sorprendente apareció cuando los científicos examinaron sus hocicos: estaban cubiertos de polen amarillo.

Los científicos descubrieron que uno de los lobos más raros del planeta hace algo que parecía imposible para un gran carnívoro. Se alimenta de flores y podría polinizarlas como una abeja
Secuencia de imágenes de la investigación publicada en Ecology. Los científicos documentaron lobos alimentándose de flores, ejemplares con polen en el hocico y animales de distintas edades compartiendo este comportamiento. © Adrien Lesaffre y colaboradores / Ecology, Ecological Society of America (2024).

De acuerdo con la Universidad de Oxford, se trata del primer caso documentado de un gran carnívoro alimentándose de néctar floral. Aunque anteriormente se habían registrado comportamientos similares en pequeños mamíferos carnívoros, nunca se había descrito algo equivalente en un depredador de estas características.

El comportamiento tampoco parece ser un episodio aislado. Los investigadores observaron adultos y ejemplares jóvenes alimentándose en los mismos campos, lo que sugiere que esta costumbre podría transmitirse mediante aprendizaje social.

El hallazgo podría cambiar lo que sabemos sobre los polinizadores, pero hay un detalle que todavía falta demostrar

La posibilidad más fascinante es que estos lobos no sean simples consumidores de néctar. Al introducir sus hocicos entre las flores, el polen se adhiere a su pelaje. Cuando visitan otra planta, podrían transportarlo y favorecer la reproducción vegetal.

Sin embargo, tener polen en el hocico no demuestra automáticamente que un animal sea un polinizador eficaz. Para confirmarlo, sería necesario comprobar que los granos alcanzan las estructuras reproductivas de otras flores y contribuyen a la producción de semillas.

Los científicos descubrieron que uno de los lobos más raros del planeta hace algo que parecía imposible para un gran carnívoro. Se alimenta de flores y podría polinizarlas como una abeja
Un lobo etíope se alimenta del néctar de una flor en las tierras altas de Etiopía. Algunos ejemplares visitaron hasta 30 inflorescencias consecutivas durante las observaciones científicas. © Carine Lavril / Ethiopian Wolf Conservation Programme.

Como explicaron los investigadores de Oxford, esta posible relación entre un gran depredador y las plantas revela hasta qué punto siguen existiendo interacciones ecológicas poco conocidas, incluso entre especies estudiadas durante décadas.

La investigación también plantea una pregunta sobre la alimentación de los lobos. Estos animales pesan aproximadamente entre 12 y 16 kilogramos y dependen principalmente de la caza de roedores. Por eso, los científicos consideran improbable que el néctar represente una fuente fundamental de energía. Podría tratarse simplemente de un complemento ocasional, una especie de postre natural.

Pero hay otra dimensión importante. Según la organización Ethiopian Wolf Conservation Programme, la especie sobrevive únicamente en las tierras altas de Etiopía y enfrenta amenazas relacionadas con la pérdida de hábitat, las enfermedades y la fragmentación de sus poblaciones. En 2024, los investigadores estimaban que quedaban menos de 500 ejemplares en libertad.

La desaparición de estos lobos no supondría únicamente la pérdida de un depredador excepcional. También podría eliminar interacciones ecológicas que todavía estamos empezando a comprender.

Por ahora, nadie ha demostrado que los lobos etíopes sean polinizadores efectivos. Pero el descubrimiento ya cuestiona una idea profundamente arraigada: en la naturaleza, incluso un animal diseñado para perseguir y capturar presas puede terminar desempeñando un papel parecido al de una abeja.

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