Los agujeros negros tienen fama de ser aspiradoras cósmicas. Objetos capaces de tragarse materia, gas, estrellas e incluso la propia luz sin dejar escapar nada. Pero la realidad es bastante más extraña. Algunos de ellos, mientras devoran enormes cantidades de material, también expulsan parte de esa energía en forma de chorros gigantescos capaces de atravesar el espacio a velocidades absurdas.
Esos chorros, conocidos como jets relativistas, son algunas de las estructuras más violentas del universo. Y aun así, durante décadas, los astrónomos tenían un problema bastante incómodo: sabían que eran increíblemente potentes, pero no tenían una forma directa de medir cuánta energía transportaban realmente.
Ahora eso acaba de cambiar.
Un agujero negro y una estrella gigante permitieron medir algo que parecía casi imposible
El sistema estudiado se llama Cygnus X-1 y es uno de los agujeros negros más famosos conocidos por la astronomía moderna. Está formado por un agujero negro y una estrella azul supergigante orbitando entre sí. El agujero negro roba lentamente gas de la estrella y ese material, antes de desaparecer, forma un disco extremadamente caliente que gira a velocidades enormes.
Ahí es donde aparece el fenómeno más extraño. Parte de la energía no cae hacia el interior del agujero negro. En lugar de eso, sale despedida hacia el espacio en forma de dos chorros opuestos de partículas y radiación moviéndose a velocidades cercanas a la de la luz.
Lo realmente importante es que un equipo internacional acaba de encontrar una forma de medir directamente la potencia de esos jets. Y el resultado impresiona bastante.
Los chorros transportan una energía equivalente a la de 1.000 soles

Según las mediciones, los jets de Cygnus X-1 contienen una potencia comparable a la energía emitida por unos 1.000 soles. Además, las partículas expulsadas se desplazan a unos 540 millones de kilómetros por hora. Y todavía hay otro dato fascinante: aproximadamente el 10% de toda la energía generada por la materia mientras cae hacia el agujero negro termina convertida en estos chorros relativistas.
Eso significa que una fracción importante de la energía gravitacional no desaparece dentro del agujero negro, sino que vuelve al universo de manera extremadamente violenta. Y aquí aparece una de las grandes preguntas de la astrofísica moderna: ¿cómo demonios ocurre eso exactamente?
Hasta ahora solo podían medirse las “cicatrices” que dejaban los jets en el espacio
La dificultad para medirlos era enorme. Tradicionalmente, los astrónomos utilizaban métodos indirectos basados en observar los daños producidos por los jets a lo largo del tiempo. Cuando estos chorros atraviesan el medio interestelar o intergaláctico generan zonas calientes, cavidades gigantes y estructuras deformadas alrededor de galaxias enteras.
Era algo parecido a intentar calcular la potencia de un motor viendo únicamente las marcas de neumáticos sobre el asfalto. Pero el nuevo método intenta medir directamente “la fuerza del motor”.
La clave estaba en observar cómo los vientos de la estrella deforman los jets
El truco utilizado por los investigadores resulta bastante elegante. La estrella gigante del sistema no solo pierde gas hacia el agujero negro. También genera intensos vientos estelares: corrientes de partículas extremadamente energéticas que salen despedidas al espacio. Esos vientos chocan contra los jets y alteran ligeramente su trayectoria. Y ahí aparece la oportunidad.
Si los científicos conocen la fuerza del viento estelar y observan cuánto logra doblar los chorros, pueden calcular indirectamente la resistencia de los propios jets. Básicamente funciona como un pulso cósmico: viendo cuánto se desvía el chorro frente a una fuerza conocida, es posible estimar su potencia. El equipo refinó además esos cálculos mediante simulaciones informáticas avanzadas para obtener una medida mucho más precisa.
Lo más importante es que estos chorros podrían moldear galaxias enteras

Y esa es la razón por la que este estudio interesa muchísimo más allá de un único agujero negro. Los jets emitidos por agujeros negros supermasivos pueden afectar directamente a la evolución de galaxias completas. Son capaces de calentar enormes regiones de gas, frenar la formación de estrellas o redistribuir materia a escalas gigantescas.
En otras palabras: estos chorros no son solo un efecto secundario espectacular. Podrían ser una de las herramientas que moldean el universo visible. Por eso medirlos correctamente importa tanto.
El método todavía tiene límites, pero podría abrir una nueva etapa en la astronomía de agujeros negros
Los propios investigadores reconocen que existe una limitación importante: hasta ahora solo analizaron un sistema concreto. Para confirmar que el método funciona de manera general habrá que repetirlo en muchos más agujeros negros, especialmente en objetos mucho más grandes y energéticos. Pero incluso así, el avance ya representa un cambio importante.
Porque por primera vez los astrónomos empiezan a pasar de observar únicamente las consecuencias de los jets a medir directamente la maquinaria física que los genera. Y eso acerca un poco más la posibilidad de entender uno de los fenómenos más extremos del cosmos: cómo algo famoso por tragarse la luz puede también lanzar al universo algunos de los chorros de energía más brutales jamás conocidos.