Imaginemos que dos personas hacen exactamente el mismo trabajo. Al terminar, una recibe una recompensa extraordinaria y la otra algo bastante menos apetecible. La reacción parece previsible: frustración, enfado y posiblemente una protesta. Durante años, los científicos creyeron haber observado algo muy parecido en los monos.
En un famoso experimento de 2003, dos capuchinos recibían alimentos diferentes por realizar una misma tarea. Uno obtenía pepino, mientras su compañero era recompensado con una uva, mucho más apreciada por estos animales. Al comprobar la diferencia, el primero podía rechazar el pepino e incluso arrojarlo. La escena se convirtió en una de las demostraciones más populares de que el sentido de la justicia quizá no fuese exclusivamente humano.
Sin embargo, una investigación de la Universidad de California, Berkeley, publicada en Proceedings of the Royal Society B, ha cuestionado aquella interpretación. Tras revisar más de 60.000 observaciones, sus autores no encontraron pruebas estadísticas consistentes de que los animales rechazasen las recompensas simplemente porque otros recibían algo mejor.

El experimento que parecía demostrar que los monos entendían la injusticia
La idea de que algunos animales perciben la desigualdad tiene una larga historia en la investigación del comportamiento. El concepto utilizado por los científicos es la aversión a la inequidad, una reacción negativa ante una distribución desigual de recursos. En los humanos puede aparecer desde la infancia, cuando un niño protesta porque otro recibe un premio mayor.
Los experimentos con capuchinos parecían mostrar una reacción semejante. Pero había un problema: rechazar una recompensa inferior no demuestra necesariamente que el animal esté comparándose con su compañero. También podría estar decepcionado porque esperaba obtener una uva.
Para distinguir ambas posibilidades, los investigadores Oded Ritov, Christoph Völter, Nichola Raihani y Jan Engelmann reunieron los datos originales de 23 estudios realizados con 18 especies, incluidos chimpancés, capuchinos y otros animales sociales. En total analizaron 60.430 observaciones correspondientes a 302 individuos.
El resultado fue sorprendente. Al comparar las respuestas de los animales cuando recibían recompensas desiguales, no encontraron un efecto estadísticamente significativo que respaldase de forma general la hipótesis de la aversión a la inequidad.
Quizá el problema nunca fue la injusticia, sino la decepción
Los investigadores también examinaron una explicación alternativa: el contraste entre lo que un animal espera recibir y lo que finalmente obtiene. Por ejemplo, ver una uva puede aumentar las expectativas de conseguirla. Si después aparece un pepino, la recompensa puede resultar decepcionante incluso cuando ningún otro animal se está beneficiando.
El análisis encontró resultados compatibles con esta interpretación. En determinadas condiciones, los animales rechazaban con mayor frecuencia una recompensa menos atractiva cuando previamente habían tenido acceso visual a otra mejor, independientemente de que existiese un compañero favorecido.
Según explicó la Universidad de California, Berkeley, los resultados obligan a reconsiderar qué significan realmente las protestas observadas en estos experimentos. Sin embargo, tampoco permiten afirmar que todos los animales sean incapaces de reconocer situaciones injustas.
El metanálisis se centró en un tipo concreto de prueba, en el que los sujetos aceptaban o rechazaban recompensas. No analizó exhaustivamente otras formas de estudiar la cooperación, las decisiones sociales o las preferencias por distribuciones equitativas.

La pregunta sobre la justicia animal sigue abierta
El descubrimiento tiene implicaciones que van mucho más allá de un mono enfadado. Durante décadas, los investigadores han buscado comportamientos compartidos entre humanos y otras especies para comprender cómo evolucionaron la cooperación, las normas sociales y el sentido de justicia. Pero existe una dificultad fundamental: los animales no pueden explicar verbalmente por qué toman una decisión.
Una reacción que interpretamos como indignación moral podría responder a frustración, aprendizaje, expectativas o características del contexto experimental.
Eso no significa que carezcan de emociones complejas, vínculos sociales o capacidad para cooperar. Significa que observar un comportamiento parecido al humano no basta para demostrar que detrás existe el mismo proceso psicológico.
El estudio, publicado originalmente en noviembre de 2024, tampoco establece que la justicia sea exclusivamente humana. Lo que demuestra es que una de las pruebas más famosas utilizadas para atribuirla a otros animales resulta menos concluyente de lo que parecía. Y quizá esa sea la verdadera sorpresa: después de más de veinte años observando a un mono lanzar un pepino, seguimos sin saber con certeza qué estaba protestando.