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Ciencia

Un cráneo quedó sellado en una cueva durante 300.000 años: no era humano ni neandertal y su especie sigue siendo un misterio

El fósil apareció cubierto de calcita en una cueva de Grecia. Décadas después, una nueva datación reveló cuándo vivió y a qué misterioso ser pudo pertenecer.
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En 1960, el interior de la cueva de Petralona, en el norte de Grecia, entregó una imagen difícil de olvidar: un cráneo de aspecto humano estaba incrustado en una pared y cubierto por una gruesa capa de calcita.

El fósil estaba casi completo, aunque le faltaba la mandíbula inferior. Su apariencia desconcertó inmediatamente a los investigadores. Presentaba una combinación de rasgos antiguos y modernos que impedía clasificarlo con claridad.

Durante décadas, los especialistas discutieron si pertenecía a un neandertal, a un representante temprano de nuestra especie o a otro grupo. Como ocurrió con otros cráneos que obligaron a revisar la relación entre sapiens y neandertales, la respuesta podía modificar parte de nuestra historia evolutiva. Incluso podía aportar una nueva pista sobre la compleja línea genealógica de las poblaciones humanas antiguas.

La piedra que ocultaba el cráneo también permitió conocer su edad

El principal obstáculo era determinar cuándo había vivido aquel individuo. Las estimaciones realizadas a lo largo de los años ofrecieron resultados muy diferentes, desde unos 170.000 hasta 700.000 años. El fósil parecía guardar su secreto con tanta eficacia como otros restos antiguos rodeados de interrogantes.

El cráneo que podría reescribir la historia de los homínidos en Europa
© YouTube / CGTN.

La solución llegó gracias a una investigación publicada en el Journal of Human Evolution. En lugar de intentar fechar directamente el hueso, los científicos analizaron la calcita que se había formado sobre él.

Para hacerlo utilizaron la datación por series de uranio, una técnica que mide la transformación del uranio en torio dentro de los depósitos minerales. El resultado indicó que la calcita comenzó a acumularse hace aproximadamente 286.000 años, con un margen de error de unos 9.000 años. Esto significa que el cráneo tiene, como mínimo, alrededor de 277.000 años, aunque podría ser considerablemente más antiguo.

La capa mineral no revela el momento exacto de la muerte. Solo indica cuándo comenzó a cubrirse el fósil. Sin embargo, los investigadores creen que el proceso pudo iniciarse poco después de que el cráneo quedara depositado dentro de la cueva.

Un linaje diferente convivía con los primeros neandertales

La edad ayudó a situar al individuo en un periodo crucial del Pleistoceno medio. Su anatomía no coincide completamente con la de Homo sapiens, pero tampoco presenta la combinación de características que define a los neandertales.

La explicación más probable es que perteneciera a una población humana arcaica que suele agruparse bajo el nombre de Homo heidelbergensis. Estos homínidos habitaron regiones de África y Europa cientos de miles de años atrás, aunque su clasificación continúa generando discusiones entre los paleoantropólogos.

Chris Stringer, investigador del Museo de Historia Natural de Londres, considera que el fósil griego tiene importantes semejanzas con el cráneo de Kabwe, descubierto en Zambia. Para el especialista, ambos podrían incluirse dentro de Homo heidelbergensis.

El fascinante cráneo que fue hallado en Grecia hace 300.000 años no era de un humano ni de un neandertal. Ahora sabemos a quién perteneció y la respuesta es fascinante
© YouTube / CGTN.

Esto sugiere que, hace cerca de 300.000 años, Europa no estaba ocupada por un único tipo de ser humano. Diferentes poblaciones pudieron compartir el continente mientras comenzaban a desarrollarse los rasgos propios de los neandertales. Algunos grupos permanecieron aislados durante largos periodos, como demostró el ADN recuperado de un neandertal encontrado en una cueva francesa.

La identidad exacta del individuo de Petralona todavía no puede considerarse definitivamente resuelta. Sin embargo, la nueva datación fortalece la idea de que perteneció a un linaje distinto que convivió con los antepasados de los neandertales. Casos como el del “hombre dragón” y su posible relación con los denisovanos muestran que los nombres asignados a los fósiles pueden cambiar cuando aparecen nuevas pruebas.

También recuerdan que la evolución humana no fue una sucesión ordenada de especies. Fue una historia de poblaciones que coexistieron, se aislaron y, en algunos casos, se encontraron. Todavía quedan preguntas sobre cómo vivían los neandertales, cómo interactuaban con otros grupos y qué ocurrió durante esos contactos, algunos de los cuales pudieron incluir episodios de violencia y canibalismo.

El cráneo de Petralona permaneció cientos de miles de años atrapado en piedra. Ahora, esa misma cubierta mineral permitió demostrar que Europa albergaba una diversidad humana mucho mayor de lo que se creía, de la misma manera que otros fósiles están transformando capítulos completos del pasado.

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