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Ciencia

Los científicos acaban de reescribir la historia del origen de una de las enfermedades más mortales de la humanidad

Un hallazgo inesperado en antiguos cementerios revela que una de las enfermedades más devastadoras de la humanidad pudo haber comenzado miles de años antes de lo que imaginaban los científicos.
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Durante siglos, la peste negra ha sido considerada uno de los episodios más aterradores de la historia humana. La imagen de ciudades medievales devastadas, millones de muertos y una enfermedad imparable quedó grabada en la memoria colectiva como el gran punto de partida de una de las pandemias más mortales jamás registradas. Sin embargo, una nueva investigación acaba de poner en duda esa narrativa. Gracias a avances en genética antigua y al análisis de restos humanos excepcionalmente conservados, los científicos descubrieron evidencias que obligan a replantear cuándo comenzó realmente la historia de esta enfermedad y cuán peligrosa era mucho antes de alcanzar Europa.

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© Rawpixel.com – shutterstock

Un descubrimiento que adelanta miles de años el origen de la peste

Un equipo internacional de investigadores logró identificar lo que sería la cepa más antigua conocida de Yersinia pestis, la bacteria responsable de la peste. El hallazgo apareció en restos humanos de aproximadamente 5.500 años de antigüedad, mucho antes de los brotes históricos que suelen asociarse con la enfermedad.

Los científicos analizaron dientes pertenecientes a individuos de pequeñas comunidades de cazadores-recolectores que vivían en la prehistoria. Lo que encontraron resultó sorprendente: 18 de las 46 personas estudiadas conservaban rastros genéticos de la bacteria. La proporción es tan elevada que sugiere la existencia de brotes importantes capaces de afectar a comunidades enteras.

El descubrimiento tiene implicaciones profundas. Durante años, muchos especialistas creían que las primeras variantes de la peste eran menos agresivas y que solo se volvieron verdaderamente mortales cuando surgieron sociedades más densamente pobladas durante la Edad Media. Sin embargo, la nueva evidencia apunta en una dirección muy distinta.

Los restos proceden de varios cementerios antiguos ubicados en las cercanías del lago Baikal, una región conocida por albergar algunos de los registros arqueológicos más importantes de Eurasia. Al combinar estudios genéticos con técnicas de datación por radiocarbono, los investigadores determinaron que estas poblaciones habrían experimentado al menos dos grandes episodios de peste separados por varios siglos.

La magnitud de la mortalidad llamó especialmente la atención de los expertos. Entre los fallecidos había numerosos niños y adolescentes, un patrón que durante décadas desconcertó a los arqueólogos que trabajaban en la zona. Aunque se conocía la existencia de este perfil demográfico inusual, nadie había logrado explicar con certeza qué provocó tantas muertes entre los más jóvenes.

Los indicios que revelan cómo vivía y se propagaba la enfermedad

La investigación también aporta pistas sobre la forma en que la peste pudo haberse mantenido activa durante largos períodos en estas antiguas comunidades. Según los científicos, uno de los principales reservorios de la bacteria habría sido la marmota, un animal que los habitantes de la región cazaban habitualmente tanto por su carne como por su piel.

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© Wirestock Creators – shutterstock

Esta teoría no surgió de la nada. Excavaciones anteriores ya habían encontrado numerosos dientes de marmota dentro de tumbas neolíticas, una señal clara de la estrecha relación entre estos animales y las poblaciones humanas de la época. Esa convivencia habría creado las condiciones ideales para que la bacteria saltara de una especie a otra.

La abundancia de víctimas jóvenes también abre nuevas preguntas. Una de las hipótesis plantea que muchos adultos podrían haber sobrevivido a infecciones previas durante la infancia, desarrollando cierta inmunidad. Si esto fuera correcto, significaría que los brotes de peste eran relativamente frecuentes y formaban parte de la realidad cotidiana de estas comunidades.

Otra posibilidad es que las tareas relacionadas con la caza o el procesamiento de animales estuvieran distribuidas según la edad, exponiendo más a niños y adolescentes al contacto con marmotas infectadas. Por ahora, ninguna de estas explicaciones puede demostrarse de manera definitiva, aunque ambas encajan con las evidencias disponibles.

Más allá de cuál resulte correcta, el estudio desafía una idea ampliamente aceptada: que las grandes epidemias solo podían producirse en sociedades urbanas y densamente pobladas. Los nuevos datos indican que incluso grupos relativamente pequeños de cazadores-recolectores podían sufrir brotes devastadores.

El hallazgo no solo reescribe parte de la historia de la peste. También ayuda a comprender cómo evolucionan los patógenos a lo largo del tiempo y cómo ciertas enfermedades lograron acompañar a la humanidad durante milenios. Aunque hoy la peste ya no representa una amenaza global comparable a la de siglos pasados, continúa existiendo en algunas regiones del mundo y todavía provoca casos esporádicos.

Lo más impactante es que una enfermedad asociada casi exclusivamente con la Edad Media podría haber estado moldeando la historia humana mucho antes de la aparición de las primeras grandes civilizaciones. Y gracias a unos diminutos fragmentos de ADN preservados durante más de cinco milenios, los científicos acaban de abrir una nueva ventana hacia ese pasado olvidado.

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