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Ciencia

Los científicos han observado por primera vez cómo nace una nueva porción del fondo oceánico. La corteza se abrió varios metros y liberó décadas de movimiento tectónico en solo seis días

Una red de sensores instalada en una remota dorsal del océano Índico registró por primera vez un episodio completo de expansión del fondo marino. En seis días, la corteza se deformó varios metros y una enorme cantidad de magma ascendió hasta formar nuevo suelo oceánico.
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Sabemos desde hace décadas que la Tierra fabrica nueva corteza en el fondo de los océanos. El magma asciende por enormes fracturas, se enfría al entrar en contacto con el agua y va empujando hacia los lados el terreno más antiguo. Este mecanismo constituye una de las piezas centrales de la tectónica de placas.

Hasta ahora, sin embargo, los científicos habían reconstruido estos episodios principalmente a partir de terremotos, depósitos de lava y mediciones realizadas antes o después de las erupciones. Nunca habían contado con una red instrumental capaz de registrar simultáneamente, y casi en tiempo real, cómo una dorsal oceánica se abría, se hundía y expulsaba magma.

Eso cambió el 26 de abril de 2024.

Un observatorio autónomo colocado en la dorsal del Sudeste Índico detectó una sucesión de terremotos, desplazamientos del fondo marino y cambios de temperatura asociados con la llegada de lava. Los resultados, publicados ahora en la revista Nature, ofrecen la primera observación directa y detallada de un gran episodio de expansión del fondo oceánico.

Una red de sensores llegó justo antes de que el océano se abriera

El equipo dirigido por el geofísico Jean-Yves Royer había desplegado más de veinte estaciones de medición a lo largo de una región de unos 100 kilómetros del océano Índico. El sistema combinaba hidrófonos, sensores de presión y transpondedores acústicos capaces de medir tanto los terremotos como los desplazamientos horizontales y verticales del lecho marino.

El observatorio se encontraba en la dorsal del Sudeste Índico, cerca del límite entre las placas australiana y antártica. La zona está situada a varios kilómetros de profundidad y forma parte de la inmensa red de cordilleras submarinas donde se genera gran parte de la corteza oceánica del planeta.

La intención original era medir pequeños movimientos y comprender cómo se acumula lentamente la tensión entre grandes episodios tectónicos. Pero apenas unas semanas después de la instalación comenzó una secuencia sísmica mucho más intensa de lo esperado.

Según detalla el estudio de Nature, el episodio arrancó con varios terremotos pequeños y continuó con eventos de magnitud cercana a 5. Los sismos fueron desplazándose en direcciones opuestas a lo largo de la dorsal, una señal compatible con la propagación de diques: láminas de magma que se abren camino a través de la corteza. El equipo no solo detectó el movimiento. Registró cómo evolucionaba minuto a minuto.

El fondo marino se hundió 4,2 metros en seis días

Uno de los datos más espectaculares procede de un sensor de presión instalado directamente sobre el suelo de la dorsal. El instrumento detectó que el fondo del valle axial descendió un total de 4,2 metros en apenas seis días.

La mayor parte del cambio fue todavía más rápida: aproximadamente el 83% del hundimiento ocurrió durante las primeras 16 horas. En el momento de máxima actividad, el terreno descendía a un ritmo medio cercano a cinco centímetros por minuto. Una semana después, la velocidad se había reducido a unos 1,2 centímetros diarios.

Los transpondedores acústicos también mostraron movimientos horizontales importantes. Algunas distancias aumentaron inicialmente hasta 1,3 metros y continuaron creciendo durante los meses posteriores, mientras que otras se redujeron porque los distintos bloques del fondo marino se movieron hacia el centro de la deformación. Nature resume el episodio señalando que dos secciones de corteza terminaron separándose al menos dos metros en cuestión de días.

No fue simplemente una grieta que se abrió de manera uniforme. Los datos muestran una combinación de fallas, hundimiento del terreno, propagación de magma y deformación provocada por el vaciado parcial de un depósito subterráneo.

Los autores proponen que el origen se encontraba en una reserva de magma de unos 2,5 kilómetros de ancho situada aproximadamente 3,6 kilómetros por debajo de la corteza. A medida que el magma abandonaba esa cámara y ascendía por las fracturas, el terreno situado encima perdió soporte y comenzó a hundirse.

160 millones de metros cúbicos de lava

El movimiento tectónico vino acompañado de una erupción submarina gigantesca. Al comparar los mapas del fondo oceánico obtenidos antes y después del episodio, los investigadores identificaron nuevos flujos de lava que en algunos puntos superaban los 90 metros de espesor. El volumen total se situó entre 148 y 160 millones de metros cúbicos.

Esa cifra equivale aproximadamente al contenido de unas 64.000 piscinas olímpicas, aunque la lava no apareció en una única masa compacta. Se extendió en varios depósitos a lo largo de la dorsal y comenzó a solidificarse al entrar en contacto con el agua fría.

Los hidrófonos también registraron señales acústicas producidas por la interacción entre la lava caliente y el océano. De acuerdo con el estudio, esos sonidos aparecieron en varios pulsos entre finales de abril y mediados de mayo de 2024, con una actividad menor durante junio.

Así es como nació el nuevo fragmento de corteza. No se creó una nueva isla ni una superficie continental visible, sino una porción de suelo oceánico que probablemente permanecerá oculta bajo miles de metros de agua durante toda su existencia.

La tectónica no siempre avanza centímetro a centímetro

Las placas australiana y antártica se separan en esa región a una velocidad media aproximada de 6,3 centímetros por año. Leída de forma aislada, esa cifra puede dar la impresión de que el movimiento ocurre de manera constante y casi imperceptible.

La observación demuestra que la realidad es mucho más brusca. Buena parte de la deformación puede acumularse durante décadas, como un resorte que se comprime lentamente. Cuando la corteza finalmente cede, años de movimiento se concentran en unas pocas horas o días.

Los desplazamientos horizontales medidos durante el episodio equivaldrían aproximadamente a entre 30 y 60 años de expansión normal de la dorsal. En el momento de máxima velocidad, el terreno se movió cientos de miles de veces más rápido que su promedio geológico anual.

Esto ayuda a explicar por qué las mediciones basadas únicamente en los terremotos no siempre coincidían con la velocidad real de separación de las placas. Una parte importante del movimiento puede ocurrir mediante deslizamientos que generan menos actividad sísmica de la esperada o mediante deformaciones relacionadas directamente con la intrusión de magma.

No es la primera vez que nace corteza, pero sí que logramos verla así

La formación de nuevo fondo oceánico ocurre continuamente a escala planetaria. Las dorsales submarinas recorren decenas de miles de kilómetros y han producido una gran parte de la superficie terrestre actual.

Lo excepcional de este estudio no es el fenómeno en sí, sino la posibilidad de observar todas sus piezas al mismo tiempo. Existían registros de erupciones submarinas y mediciones parciales de deformación, pero nunca se habían combinado simultáneamente tantos instrumentos sobre una dorsal oceánica activa para reconstruir un episodio completo con este nivel de detalle.

Los resultados también permitirán mejorar los modelos sobre volcanismo submarino, terremotos, circulación hidrotermal y transferencia de calor desde el interior terrestre. Los autores señalan que será necesario repetir este tipo de observaciones en otras dorsales, especialmente en aquellas donde la expansión está dominada por fallas y terremotos más que por el magma.

Vivimos sobre un planeta que parece sólido e inmóvil porque su actividad ocurre demasiado despacio, demasiado lejos o bajo demasiada agua para que podamos percibirla. Esta vez, una red de instrumentos llegó al lugar adecuado antes del momento preciso. Y durante seis días, la Tierra dejó ver cómo rompe su propia superficie para fabricar una nueva.

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