El fondo del Mar Argentino cubre más de 4,6 millones de kilómetros cuadrados de aguas profundas, el equivalente a casi diecisiete veces la superficie terrestre del país. Hasta diciembre de 2025, nadie había mirado sistemáticamente qué había ahí. No porque no importara, sino porque llegar cuesta demasiado. Entre el 14 de diciembre y el 10 de enero, una expedición argentina y latinoamericana lo hizo por primera vez: bajó un robot submarino hasta casi 4.000 metros de profundidad y documentó lo que encontró en el fondo.
Lo que encontró lo publicaron esta semana en la revista Frontiers in Marine Science: bolsas de plástico, redes de pesca, sogas, ropa, objetos metálicos y un cassette VHS a 2.643 metros de profundidad. No hay basura marina en el Mar Argentino profundo que alguien haya registrado antes de este trabajo. Lo que publicaron Bravo, Fernández Severini y sus 23 colegas es la primera línea de base científica sobre contaminación en el margen continental argentino.
55 kilómetros de fondo filmados en 4K a casi 4.000 metros

La expedición, llamada «Vida en los extremos», navegó a bordo del buque científico Falkor (too) del Instituto Oceánico Schmidt. El robot fue el ROV SuBastian, un vehículo operado a distancia que graba en video 4K Ultra HD de forma continua. En total, realizó 17 inmersiones en tres zonas del margen continental: la cuenca Salado-Colorado, la cuenca Colorado-Rawson y la cuenca Malvinas.
El equipo contó cada objeto de basura visible en las imágenes, con su ubicación exacta, profundidad y tipo de material. Expresaron los resultados en objetos por kilómetro recorrido para poder comparar los datos con estudios equivalentes realizados en otras partes del mundo. En total, recorrieron 55,6 kilómetros de fondo y registraron 29 objetos en 9 de las 17 inmersiones.
«En los cañones submarinos encontramos principalmente residuos plásticos y elementos vinculados a actividades marítimas, como bolsas plásticas, envases, líneas de pesca, redes, sogas y otros materiales descartados», explicó la doctora Melisa Fernández Severini, del Instituto Argentino de Oceanografía (CONICET-UNS). Lo que más sorprendió al equipo fue el cassette VHS a 2.643 metros. «Nos sorprendió bastante», admitió.
Por qué la basura a esa profundidad es peor que en la superficie

Las condiciones del fondo marino profundo, baja temperatura, ausencia de luz y menor concentración de oxígeno hacen que la degradación de los residuos sea extremadamente lenta. Un plástico que en la superficie puede fragmentarse en décadas por la acción de los rayos UV y el movimiento del agua, en el fondo oscuro a 3.000 metros puede permanecer prácticamente intacto durante siglos. «Una vez que la basura llega al fondo marino profundo, puede permanecer allí durante décadas», señaló Fernández Severini.
Esa permanencia tiene consecuencias para el ecosistema. Las redes y líneas de pesca pueden enredar organismos bentónicos. Los residuos sólidos funcionan como sustrato artificial que modifica el hábitat natural al atraer especies que de otro modo no estarían allí. Y los plásticos se fragmentan progresivamente en microplásticos que se incorporan a las redes tróficas. «En algunos casos observamos residuos colonizados por organismos bentónicos, como anémonas, esponjas, bivalvos, poliquetos, ascidias, erizos y pequeños crustáceos», detalló la investigadora. La basura no queda aislada del ecosistema: ya forma parte de él.
Cañones submarinos como trampas de basura: el área Colorado-Rawson
La mayor concentración de residuos apareció en el área Colorado-Rawson, donde el equipo exploró cañones submarinos entre aproximadamente 1.000 y 3.000 metros de profundidad. La geometría de esas estructuras, valles profundos cortados en el talud continental, parece actuar como zona de retención: los materiales que llegan desde aguas menos profundas o desde actividades marítimas en la superficie quedan atrapados en ellas y se acumulan.
Ese patrón tiene implicaciones directas sobre el origen probable de la basura. El territorio marítimo argentino supera los 6,5 millones de kilómetros cuadrados, y entre 2018 y 2021 más de 800 barcos pesqueros extranjeros acumularon cerca de 900.000 horas de actividad pesquera a menos de 20 millas náuticas de la Zona Económica Exclusiva. Más de la mitad operaba con los sistemas de rastreo apagados. Los investigadores aclaran que la relación causal entre esa actividad pesquera y los residuos encontrados requiere más investigación para confirmarse, pero la coincidencia geográfica es llamativa.
Lo que recomiendan: monitoreo continuo y regulación de la pesca offshore
El equipo es claro sobre las prioridades. La primera es reconocer el problema: la basura marina no es solo costera ni superficial, y este estudio lo demuestra. La segunda es establecer monitoreos continuos que permitan saber si la situación mejora o empeora con el tiempo, porque sin series de datos comparables no hay forma de evaluar el impacto de ninguna política.
La tercera prioridad es mejorar la regulación de las actividades marítimas, especialmente la pesca y las operaciones offshore, que son fuentes directas de residuos en el fondo. «En zonas del talud y borde de plataforma, donde la actividad pesquera es intensa, estas medidas son especialmente importantes y lamentablemente existe muy poca regulación», señaló Fernández Severini. Como detalla el paper publicado en Frontiers in Marine Science, la prevención es la única estrategia realista: retirar basura del mar profundo es extremadamente difícil, costoso y técnicamente muy limitado. Una vez que algo llega ahí, prácticamente no hay forma de sacarlo.