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Ciencia

Los cosmólogos llevan más de 20 años calculando qué ocurriría si la energía oscura cruza una frontera que todavía no sabemos si existe. El resultado es el Big Rip: primero desaparecerían las galaxias y, en los últimos minutos, ni los átomos conseguirían permanecer unidos

El Big Rip no es el final que la ciencia da hoy por seguro, sino una posibilidad extrema si la energía oscura aumenta con el tiempo. Nuevos datos de DESI están haciendo que esa incógnita sea aún más difícil de resolver.
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Sabemos algo inquietante sobre el universo: se está expandiendo y esa expansión se acelera. Lo descubrimos observando supernovas lejanas y, desde entonces, los cosmólogos utilizan el nombre de energía oscura para describir aquello que parece estar impulsando esa aceleración.

El problema es que todavía no sabemos qué es. NASA estima actualmente que representa alrededor del 68% del contenido energético del universo, pero reconoce que su naturaleza permanece desconocida. Y esa ignorancia tiene una consecuencia enorme: mientras no sepamos cómo se comportará en el futuro, tampoco sabemos con certeza cómo terminará el universo.

Una de las posibilidades tiene un nombre especialmente gráfico: Big Rip, o Gran Desgarro.

Para que ocurra el Big Rip hace falta algo bastante más extraño que la energía oscura normal

Los cosmólogos llevan más de 20 años calculando qué ocurriría si la energía oscura cruza una frontera que todavía no sabemos si existe. El resultado es el Big Rip: primero desaparecerían las galaxias y, en los últimos minutos, ni los átomos conseguirían permanecer unidos
© Daniel Eisenstein y SDSS-III.

Los físicos suelen describir la energía oscura mediante un parámetro llamado w, que relaciona su presión con su densidad energética.

Una constante cosmológica (la explicación más sencilla utilizada en el modelo cosmológico estándar ΛCDM) tiene w = −1. En ese escenario, el universo seguiría expandiéndose aceleradamente durante un tiempo indefinido: las galaxias lejanas desaparecerían de nuestra vista, el cosmos se volvería progresivamente más frío y oscuro, pero las estructuras ya unidas por gravedad continuarían intactas.

El Big Rip necesita cruzar esa frontera: w < −1. Esa hipotética sustancia recibe el nombre de energía fantasma. A diferencia de una constante cosmológica, su densidad aumentaría conforme el universo se expande. Llegaría un momento en que su efecto superaría sucesivamente todas las fuerzas capaces de mantener unidas las estructuras existentes.

La idea fue desarrollada en 2003 por Robert Caldwell, Marc Kamionkowski y Nevin Weinberg. En uno de sus ejemplos, utilizando w = −1,5, calcularon un final aproximadamente 22.000 millones de años después de aquel momento. No era una predicción: era lo que sucedería si ese valor concreto permaneciese constante para siempre.

Por eso tampoco existe actualmente una cuenta atrás científica que diga que el universo terminará en 130.000 millones de años. Esa cifra depende enteramente de qué valor de w se introduzca en el modelo.

Lo realmente aterrador es el orden en el que desaparecería todo

Los cosmólogos llevan más de 20 años calculando qué ocurriría si la energía oscura cruza una frontera que todavía no sabemos si existe. El resultado es el Big Rip: primero desaparecerían las galaxias y, en los últimos minutos, ni los átomos conseguirían permanecer unidos
© Greg Bacon (STScI).

El escenario calculado por Caldwell y sus colegas es casi una demolición del universo desde las escalas más grandes hasta las más pequeñas. Con w = −1,5, los cúmulos de galaxias se dispersarían unos 1.000 millones de años antes del final. La Vía Láctea sería destruida unos 60 millones de años antes. El sistema solar dejaría de permanecer unido aproximadamente tres meses antes del Big Rip. Luego todo se aceleraría.

Según aquel modelo, la Tierra se desintegraría unos 30 minutos antes del final. Aproximadamente 10⁻¹⁹ segundos antes, la expansión acabaría venciendo las fuerzas que mantienen unidos los átomos. Finalmente desaparecerían también núcleos y partículas antes de llegar a una singularidad en la que la densidad de la energía fantasma tendería al infinito.

NASA sigue utilizando precisamente esa secuencia para explicar el concepto: galaxias, estrellas, planetas y finalmente átomos separados por una expansión cada vez más violenta. Pero también deja claro que se trata de un escenario teórico condicionado al comportamiento futuro de la energía oscura.

Y los datos más recientes han complicado todavía más el asunto

Aquí es donde la historia se vuelve especialmente interesante en 2026. Los primeros tres años de observaciones de DESI, basados en casi 15 millones de galaxias y cuásares, reforzaron en 2025 indicios de que la energía oscura podría cambiar con el tiempo. Dependiendo de los conjuntos de datos combinados, la preferencia frente a una constante cosmológica alcanzaba entre 2,8 y 4,2 sigma: intrigante, pero todavía por debajo del umbral de cinco sigma utilizado habitualmente para hablar de un descubrimiento.

Y en julio de 2026 apareció otro giro. Un nuevo análisis de DESI utilizando el bosque de Lyman-alfa produjo resultados compatibles con ΛCDM, algo que la propia colaboración reconoce que podría significar que aquellos indicios de energía oscura variable terminen debilitándose (o que el modelo real sea más complejo de lo imaginado).

DESI ya ha observado más de 47 millones de galaxias y cuásares, pero los resultados completos sobre energía oscura de sus cinco años de observaciones no llegarán hasta 2027. Así que el universo sí podría terminar desgarrándose desde las galaxias hasta los átomos. Lo que no sabemos todavía es si la naturaleza ha elegido precisamente esa manera de morir.

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