Cada segundo, nuestro sistema inmunitario libra una batalla invisible para protegernos. Pero ¿qué impide que esas mismas defensas nos ataquen a nosotros? El Nobel de Medicina 2025 premió la respuesta a ese enigma: el descubrimiento de un mecanismo biológico que mantiene a raya la autoinmunidad. Gracias a las células T reguladoras, nuestro cuerpo aprende a tolerarse a sí mismo y a conservar el delicado equilibrio que sostiene la vida.
El sistema inmune y su dilema: defender sin destruir
El sistema inmunitario humano reconoce a los antígenos —sustancias extrañas o potencialmente peligrosas— mediante receptores generados al azar en los linfocitos T. Este proceso permite identificar millones de amenazas, pero también entraña un riesgo: algunos receptores pueden confundir moléculas del propio cuerpo y desencadenar autoinmunidad.
Para evitarlo, el organismo elimina en el timo a los linfocitos que se equivocan, un proceso conocido como tolerancia central. Sin embargo, algunos escapan a ese filtro y circulan por la sangre. Aquí entra en juego un segundo escudo: la tolerancia periférica, encargada de neutralizar a las células autorreactivas que logran salir.
Fue precisamente este mecanismo de seguridad el que llevó a tres científicos a un descubrimiento que cambiaría para siempre la inmunología.

El descubrimiento de las células T reguladoras
En los años setenta, los investigadores sospechaban que existían células con capacidad de frenar la respuesta inmunitaria, pero no lograban identificarlas. La hipótesis cayó en descrédito… hasta que Shimon Sakaguchi persistió contra todo pronóstico.
En 1995, demostró experimentalmente que una subpoblación de linfocitos T CD4+, caracterizada por la presencia de la molécula CD25, actuaba como freno inmunitario. Las bautizó como células T reguladoras (Treg). Había encontrado las verdaderas guardianas del sistema.
Mientras tanto, Mary E. Brunkow y Fred Ramsdell estudiaban una misteriosa cepa de ratones llamados scurfy, que sufrían autoinmunidad severa y morían jóvenes. Descubrieron que la causa era una mutación en el gen Foxp3, esencial para la formación de las células T reguladoras.
Cuando relacionaron ese mismo gen con la devastadora enfermedad humana IPEX, confirmaron que Foxp3 era el interruptor maestro que permite la existencia de estas células protectoras.
Premio Nobel 2025 de fisiología o medicina otorgado a Brunkow, Ramsdell y Sakaguchi por sus descubrimientos sobre la tolerancia inmune periférica y como el cuerpo previene que el sistema inmune se ataque a sí mismo. pic.twitter.com/tgBvWrHWxv
— Ramiro Esparza (@docramiro) October 6, 2025
Guardianas del equilibrio y claves para la medicina moderna
Las células T reguladoras mantienen el equilibrio inmunitario: silencian a las células autorreactivas y previenen enfermedades como el lupus, la diabetes tipo 1 o la celiaquía. Además, se ha descubierto que también pueden inducirse fuera del timo, ampliando las defensas naturales contra la autoinmunidad.
Actualmente existen más de 300 ensayos clínicos que buscan activar o modular estas células. En enfermedades autoinmunes, se pretende reforzar su acción; en cáncer, en cambio, el objetivo es bloquearlas para permitir que el sistema inmune ataque al tumor con mayor fuerza.
El descubrimiento de Sakaguchi, Brunkow y Ramsdell demostró cómo la ciencia básica puede transformar la medicina aplicada. Hoy sabemos que la tolerancia inmunológica no es una debilidad, sino una forma de sabiduría biológica: un recordatorio de que el mayor acto de defensa del cuerpo es, a veces, aprender a no atacarse.
Fuente: TheConversaton.