Se cargan en casa, caben en el baúl y pueden comprarse con casi la misma facilidad que una bicicleta. Esa apariencia sencilla puede hacer que los monopatines eléctricos parezcan juguetes, especialmente cuando terminan en manos de niños.
Los médicos están empezando a ver la otra cara.
Una investigación publicada en Emergency Medicine Journal analizó las lesiones atendidas entre 2019 y 2024 en tres grandes centros pediátricos de Inglaterra: Alder Hey Children’s Hospital, Royal Manchester Children’s Hospital y Sheffield Children’s Hospital. En seis años aparecieron 477 menores de 16 años lesionados, y los casos pasaron de menos de diez en 2019 a casi 150 durante 2024.
La edad promedio de los accidentados era de solo 12 años
La mitad de los pacientes tenía entre 10 y 13 años y aproximadamente el 64% eran varones. En casi el 95% de los episodios, el lesionado era quien conducía el monopatín y al menos ocho de cada diez accidentes involucraron vehículos privados.
La caída fue, con diferencia, el mecanismo más frecuente: representó alrededor del 75% de los casos. Cerca del 12% correspondió a colisiones con vehículos y alrededor del 5% involucró peatones atropellados por un monopatín.
Pero lo más preocupante aparece al observar las lesiones.
El 24% sufrió traumatismos en la cabeza y aproximadamente el 18,5% presentó lesiones faciales. Casi dos tercios de los pacientes necesitaron algún estudio por imágenes, más del 13% terminó internado y alrededor del 7% requirió cirugía.

Menos del 2% llevaba casco
Solo nueve de los 477 pacientes tenían registrado el uso de casco: aproximadamente el 1,8%. Los investigadores advierten que ese dato puede estar subestimado porque en muchos historiales no constaba si el menor utilizaba protección.
Aun así, llama especialmente la atención porque las lesiones de cabeza estuvieron entre las más graves observadas.
Los monopatines presentan además una característica física poco intuitiva. Sus ruedas pequeñas, la posición de pie y la ausencia de una estructura protectora dejan al cuerpo directamente expuesto cuando el vehículo se detiene bruscamente.
La Agencia Nacional de Seguridad Vial argentina cita pruebas de choque realizadas a 25 km/h en las que una colisión contra un automóvil puede provocar lesiones graves, especialmente en cabeza y extremidades.
En Argentina, un chico de 12 años no debería conducir uno por la calle
Y acá aparece una diferencia importante entre lo que muchas familias perciben como un juguete y lo que establecen las normas.
La Disposición 480/2020 de la Agencia Nacional de Seguridad Vial establece como referencia para los vehículos de movilidad personal una edad mínima de 16 años, casco obligatorio y una velocidad máxima de 30 km/h. Las jurisdicciones pueden tener además regulaciones locales propias.
En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, los dispositivos de movilidad personal tienen una velocidad máxima general de 25 km/h, el conductor debe tener al menos 16 años, el casco es obligatorio y está prohibido circular por las veredas.
También deben contar con frenos, luces delanteras y traseras y elementos reflectantes.

No es una “crisis” demostrada, pero sí una señal de alerta
El estudio británico tiene límites. Analizó tres hospitales y registros clínicos retrospectivos, por lo que no permite calcular el riesgo de accidente de cada niño que utiliza un monopatín ni extrapolar automáticamente las cifras a otros países.
Sus autores hablan de un problema emergente de salud pública y piden mejor información, más uso de casco y revisión de las regulaciones.
El mensaje quizás sea más sencillo: un monopatín eléctrico puede parecer un regalo infantil, pero a 25 km/h las leyes de la física dejan de verlo como un juguete. Y una guardia de traumatología también.