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Tecnología

Donde antes solo había papas, China levanta la infraestructura con la que quiere ganarle a EE.UU. la carrera de la IA

China llena de centros de datos una región de Mongolia Interior famosa por sus cultivos. La clave: viento, sol, tierra barata y un clima frío
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Durante años, Ulanqab fue conocida en China por una sola cosa: las papas. Esta ciudad de Mongolia Interior, rodeada de estepas y antiguos volcanes, se presentaba oficialmente como la capital nacional de ese tubérculo. Hoy, junto a los campos donde los agricultores siguen cosechando, crecen otros vecinos mucho más voluminosos: enormes bloques rectangulares llenos de servidores que alimentarán la inteligencia artificial del país.

La escena resume la estrategia de Pekín. Mientras la rivalidad con Estados Unidos por el liderazgo en IA se intensifica, China está construyendo a toda velocidad la infraestructura de cómputo que considera clave para su seguridad económica y nacional. Y la está levantando lejos de las grandes ciudades, en regiones rurales que hasta hace poco parecían ajenas a la revolución tecnológica.

Por qué los centros de datos se van al campo

Centro De Datos
© imgix – Unsplash

Ulanqab no es un caso aislado. China está construyendo cientos de centros de datos para gigantes como Huawei, ByteDance, la dueña de TikTok, y DeepSeek, la empresa que sorprendió al mundo con sus modelos de IA de bajo costo. Se concentran en provincias poco pobladas: Ulanqab, Ningxia y Gansu, en el norte, y Guizhou, en el suroeste.

La elección tiene una lógica técnica. Los centros de datos consumen cantidades gigantescas de electricidad para alimentar los chips y, sobre todo, para refrigerarlos. En estas regiones ya existe una enorme capacidad instalada de energía eólica y solar, la tierra es más barata y el clima más fresco reduce la necesidad de enfriamiento y, con ella, el consumo de agua. Las obras avanzan por fases anuales, y los propios ingenieros anticipan que vendrán muchas más.

El objetivo final es ambicioso. En agosto de 2025, el Consejo de Estado chino presentó la iniciativa “IA Plus”, que busca integrar la inteligencia artificial de forma masiva en la economía y la sociedad. La meta es que, para 2030, la IA esté presente en alrededor del 90% de las industrias y actividades del país.

La otra carrera: el talento

La infraestructura es solo una parte. China también está formando una enorme cantera de ingenieros e investigadores. El país produce alrededor de cinco millones de graduados en ciencia y tecnología por año, frente a aproximadamente medio millón en Estados Unidos. Y cada vez más de ellos eligen quedarse.

“Cada vez menos estudiantes e investigadores se dirigen a Estados Unidos, y más regresan de allí a China”, explicó Jack Zhang, investigador de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China, formado en Yale y Cambridge. Las tensiones entre ambos países y las restricciones migratorias impulsadas por el gobierno de Donald Trump contribuyeron a empañar el viejo sueño americano de muchos jóvenes científicos chinos.

Otros destacan un ecosistema cada vez más dinámico. Dang Ronghao, un desarrollador de IA de 27 años con base en Shanghái, asegura ver investigaciones que combinan la inteligencia artificial con la fusión nuclear, la astrofísica, los nuevos materiales y el desarrollo de fármacos. Pero también hay voces críticas: Liu Jun, profesor de Estadística y Ciencia de Datos de la Universidad de Tsinghua, que enseñó en Harvard y Stanford, reconoce que el sistema todavía premia la conformidad y que cuesta que los estudiantes se animen a cuestionar.

Código abierto y la batalla por las reglas

China no solo intenta alcanzar a Estados Unidos: también propone un modelo diferente. Pekín alienta a sus empresas a desarrollar modelos de IA de código abierto, más baratos y modificables, en contraste con los enfoques cerrados de compañías estadounidenses como OpenAI o Anthropic. Esa apertura permitió a las firmas chinas innovar rápido y compensar en parte su gran debilidad: el acceso restringido a los chips más avanzados, limitado por las sanciones de Washington.

El tema estuvo sobre la mesa en la reciente visita de Estado de Xi Jinping a Washington, aunque no se anunciaron acuerdos sobre IA. Del lado estadounidense conviven dos posturas: la de Trump, que resumió la cuestión con un “quien gane en IA, gana”, y la de parte de la industria, como el director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, que pidió mantener las restricciones a la venta de chips avanzados a China y advirtió sobre los riesgos de un liderazgo chino en esta tecnología. Pekín, por su parte, reclama un marco regulatorio global y acusa a Washington de querer “contener” su ascenso.

Los que se quedan afuera

El auge tiene costos. Parte de la red eléctrica china todavía depende del carbón, aunque el gobierno quiere que la mayoría de los centros de datos funcionen con energía limpia en 2030. En las zonas áridas de Mongolia Interior, el agua sigue siendo un recurso escaso. Y algunos pueblos fueron reubicados para dejar lugar a las obras, sin que se conozcan cifras precisas ni las compensaciones recibidas.

Entre los vecinos, las opiniones están divididas. Algunos celebran que sus hijos consiguieron empleo en las nuevas instalaciones. Otros aseguran que los centros de datos no les aportaron nada. “Los macrodatos y todo eso están muy bien, pero no tienen nada que ver conmigo”, resumió un pastor de la zona, que casi no usa internet. En esa distancia entre la ambición tecnológica del país y la vida cotidiana de sus habitantes rurales se juega también una parte de la carrera por la IA.

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