Un tiburón puede estar protegido mientras nada en aguas australianas y, poco tiempo después, encontrarse sometido a reglas completamente diferentes simplemente por atravesar una frontera marítima. Ese es uno de los principales problemas identificados por una investigación de la Universidad de Queensland sobre los movimientos internacionales de tiburones y rayas.
El estudio analizó 29 especies migratorias y construyó una línea de base sobre su conectividad transfronteriza. Los resultados muestran hasta qué punto proteger a estos animales requiere algo más que medidas nacionales: durante sus desplazamientos pueden atravesar aguas internacionales y jurisdicciones de varios países.
La situación resulta especialmente preocupante porque para una gran parte de las especies todavía no sabemos exactamente dónde van.
Un tiburón no entiende de fronteras
El equipo, encabezado por Diego Bezerra, de la Universidad de Queensland, combinó información procedente de seguimiento satelital y monitoreo acústico para reconstruir los movimientos conocidos.
A partir de esos datos, los investigadores desarrollaron modelos de redes para estudiar las conexiones entre las distintas jurisdicciones atravesadas por los animales.
El problema aparece cuando una especie abandona una zona con determinadas medidas de conservación y entra en otra donde las regulaciones son diferentes.
Un mismo animal puede, por tanto, pasar por distintas condiciones de protección durante una única migración, quedando expuesto a amenazas como la pesca dirigida o las capturas accidentales.

Para el 62% de las especies faltan datos de migración
Uno de los resultados más importantes del trabajo no tiene que ver con lo que sabemos, sino precisamente con todo lo que todavía desconocemos.
Según la investigación, para aproximadamente el 62% de las especies estudiadas no existe información publicada sobre sus movimientos migratorios transfronterizos.
Obtener esos datos tampoco es sencillo. A diferencia de otros animales migratorios, muchos tiburones y rayas no emergen regularmente, lo que complica su seguimiento mediante determinados sistemas.
Los investigadores encontraron información suficientemente detallada para un grupo mucho más reducido de especies, entre ellas el tiburón blanco y el tiburón ballena.Sus desplazamientos muestran precisamente la dimensión internacional del problema: algunos individuos conectan aguas australianas con territorios de países como Indonesia y Sudáfrica.
Protegerlos en Australia puede no ser suficiente
La investigación plantea una dificultad fundamental para cualquier estrategia de conservación basada únicamente en fronteras nacionales.
Una población puede utilizar aguas de varios países durante diferentes momentos de su ciclo vital. Proteger solamente una parte de ese recorrido deja fuera otras zonas potencialmente importantes para alimentación, reproducción o desplazamiento.
Como explica Daniel Dunn, uno de los investigadores del estudio, las especies migratorias no pueden gestionarse observando únicamente una parte de su migración.
Por eso, conocer qué países y regiones están conectados por estos movimientos resulta esencial para diseñar medidas coordinadas.

La cooperación internacional será clave
Los autores señalan que mejorar la conservación requerirá compartir datos, tecnologías de seguimiento e información entre países.
Una red internacional de monitoreo permitiría descubrir rutas que actualmente permanecen prácticamente invisibles y detectar qué jurisdicciones son especialmente importantes para determinadas especies.
También ayudaría a identificar los puntos donde los animales quedan más expuestos a amenazas como la sobrepesca y las capturas accidentales.
El estudio deja así una conclusión importante: las fronteras políticas pueden determinar las normas que protegen a los tiburones, pero no determinan hasta dónde nadan. Para especies capaces de recorrer enormes distancias, cualquier estrategia eficaz de conservación tendrá que acompañarlas mucho más allá de las aguas de un solo país.