La entrada a la guardería suele marcar el comienzo de una etapa de resfriados, fiebre, tos y visitas frecuentes al pediatra. La convivencia diaria entre niños pequeños facilita la circulación de virus y bacterias, convirtiendo estos espacios en ambientes donde las enfermedades infecciosas se transmiten con facilidad.
Sin embargo, existe una creencia muy extendida entre las familias: cuanto más se enferman los niños durante sus primeros años, más fuerte será su sistema inmunitario en el futuro. Aunque esta idea tiene cierta base científica, las investigaciones muestran una realidad bastante más compleja.
El impacto de la guardería en la salud de los niños
Un estudio publicado en BMJ Open analizó cómo cambiaba la frecuencia de las enfermedades respiratorias después del ingreso a centros infantiles en Finlandia. Los investigadores observaron que los días mensuales con síntomas respiratorios aumentaban considerablemente durante las primeras semanas de asistencia.
Este incremento responde principalmente al contacto constante entre niños que todavía están desarrollando su experiencia inmunológica frente a numerosos agentes infecciosos. Compartir juguetes, permanecer en espacios cerrados y mantener una proximidad física frecuente favorecen los contagios.
Además, una revisión científica sobre enfermedades infecciosas identificó un mayor riesgo de otitis, infecciones respiratorias y gastroenteritis entre los niños que asistían a guarderías.

¿Las infecciones tempranas generan protección?
La respuesta depende de cuánto tiempo se observe a los niños. Algunas investigaciones encontraron que quienes comenzaron a asistir a guarderías durante sus primeros años experimentaban menos enfermedades al ingresar a la escuela primaria.
Un estudio realizado en Canadá registró una reducción del 21% en las infecciones respiratorias y del 43% en las infecciones de oído durante los primeros años escolares, en comparación con niños que habían permanecido en casa.
Sin embargo, esta ventaja no parece mantenerse indefinidamente. Otra investigación con seguimiento hasta los 13 años encontró que las diferencias en la frecuencia de resfriados terminaban desapareciendo durante la adolescencia.
Esto sugiere que la exposición temprana puede modificar el momento en que aparecen determinadas infecciones, pero no necesariamente garantiza una protección superior durante toda la vida.
La edad de ingreso también puede marcar la diferencia
No todos los niños enfrentan los mismos riesgos. Un estudio de seguimiento infantil identificó que quienes ingresaban a la guardería entre los seis y doce meses presentaban una mayor incidencia de determinadas infecciones y un uso más elevado de servicios médicos.
Además, una investigación danesa publicada en el International Journal of Epidemiology encontró que el ingreso temprano se asociaba con una cantidad acumulada ligeramente mayor de infecciones tratadas con antimicrobianos, sin una protección compensatoria durante la adolescencia.

¿Puede reducir el riesgo de asma?
Algunos estudios también analizaron posibles relaciones entre la asistencia temprana a guarderías y el desarrollo de enfermedades como el asma. Sin embargo, los resultados son heterogéneos y todavía no permiten establecer una relación protectora definitiva.
La evidencia científica tampoco respalda la idea de que los niños necesiten enfermarse repetidamente para desarrollar un sistema inmunitario saludable.
En definitiva, asistir a la guardería puede favorecer la adquisición de inmunidad específica frente a determinados patógenos, pero enfermarse antes no significa necesariamente tener mejores defensas para siempre. La vacunación, la higiene y las medidas de prevención continúan siendo fundamentales para proteger la salud infantil.