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Ciencia

Los ordenadores cuánticos tienen un problema que no se arregla apuntando mejor: el láser puede actuar 230 nanómetros a un lado. Un solo ion ha revelado que enfocar más el haz no elimina el desvío

Un ion de calcio atrapado permitió cartografiar una deformación invisible de la luz. El hallazgo puede explicar futuros errores de control, pero también ofrece una nueva forma de conectar cúbits.
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Apuntar con precisión nanométrica no sirve de mucho si el propio láser tiene una idea diferente de dónde se encuentra su centro. Eso es exactamente lo que un equipo internacional acaba de observar al dirigir un haz intensamente enfocado sobre un único ion de calcio.

El átomo cargado permanecía prácticamente inmóvil y el láser estaba correctamente alineado. Sin embargo, el lugar donde ambos interactuaban con mayor fuerza aparecía desplazado hacia uno de los lados. No era un fallo del equipo ni una vibración del laboratorio: era una propiedad escondida de la luz.

El átomo se convirtió en un escáner del láser

Los ordenadores cuánticos tienen un problema que no se arregla apuntando mejor: el láser puede actuar 230 nanómetros a un lado. Un solo ion ha revelado que enfocar más el haz no elimina el desvío
© Uni Innsbruck.

El experimento, publicado en Physical Review Letters, utilizó un ion de calcio-40 suspendido mediante campos electromagnéticos dentro de una trampa de Paul. Los investigadores lo enfriaron cerca de su estado fundamental de movimiento para reducir cualquier interferencia y convertirlo en una sonda extraordinariamente sensible.

Después dirigieron sobre él un láser de 729 nanómetros enfocado hasta un diámetro aproximado de 2,6 micrómetros. Dos deflectores acústico-ópticos movían el haz alrededor del ion con una resolución inferior a 100 nanómetros.

En cada posición, el equipo comprobaba si el láser había provocado una transición entre dos estados electrónicos. Otro haz de 397 nanómetros permitía leer el resultado mediante la fluorescencia del ion. Repitiendo el procedimiento construyeron un mapa de la interacción sin necesidad de observar directamente la estructura interna de la luz.

El ion funcionaba, en la práctica, como la aguja de un tocadiscos recorriendo un surco invisible.

El centro del láser dejó de ser el centro

Los ordenadores cuánticos tienen un problema que no se arregla apuntando mejor: el láser puede actuar 230 nanómetros a un lado. Un solo ion ha revelado que enfocar más el haz no elimina el desvío
© Leibniz Universität Hannover, T. Dubielzig / TOPTICA Photonics SE.

La explicación aparece cuando el haz se concentra en un espacio comparable con su longitud de onda. La aproximación habitual (imaginar los campos eléctricos oscilando únicamente en perpendicular al avance de la luz) deja de ser suficiente. Surgen componentes orientadas en la dirección de propagación y la polarización comienza a mezclarse con la distribución espacial del campo.

El resultado es un desplazamiento que depende del estado magnético del ion. Los máximos de dos transiciones opuestas aparecieron separados 240 ± 16 nanómetros en una configuración y 463 ± 20 nanómetros en otra. Las predicciones teóricas eran de 232 y 464 nanómetros, respectivamente. En el segundo caso, cada máximo estaba situado aproximadamente 230 nanómetros a un lado del centro.

La sorpresa más importante es que el desplazamiento está determinado principalmente por la longitud de onda y por la transición atómica elegida, no por cuánto se estrecha el láser. Enfocar con más intensidad genera gradientes mayores, pero no hace desaparecer automáticamente la separación. Así lo explica también el Instituto Paul Scherrer, responsable del experimento junto con ETH Zúrich y la Universidad de Ámsterdam.

Un posible error que también puede convertirse en herramienta

En los procesadores de iones atrapados, los láseres modifican los estados que representan el cero y el uno de cada cúbit. Si el sistema supone que la interacción máxima está exactamente en el centro geométrico del haz, puede aplicar una intensidad o una fase distinta de la calculada y acoplar accidentalmente el estado interno del ion con su movimiento.

El trabajo no demuestra que los ordenadores cuánticos actuales estén fallando por este motivo. Identifica una interacción que deberá incorporarse a los modelos y calibraciones conforme los haces sean más estrechos y los procesadores más densos.

Pero ese empujón lateral también puede aprovecharse. Los gradientes de polarización permiten ejercer fuerzas diferentes según el estado del ion y utilizarlas para entrelazar cúbits. De hecho, otro trabajo publicado en 2025 ya empleó este mecanismo para ejecutar puertas cuánticas entre iones con fidelidades superiores al 98,7%.

La computación cuántica acaba así frente a una de sus paradojas habituales: el mismo fenómeno que amenaza con introducir un error puede convertirse, una vez comprendido, en una nueva pieza del procesador.

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