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Ciencia

Una explosión en Indonesia hizo temblar los barómetros de todo el planeta durante cuatro días. Krakatoa convirtió a la Tierra entera en un instrumento científico antes de que existieran los satélites

La onda atmosférica viajó en direcciones opuestas, se reencontró al otro lado del mundo y continuó rebotando alrededor del planeta. Algunos instrumentos registraron siete pasos: el equivalente a tres vueltas y media a la Tierra.
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La explosión del Krakatoa fue tan brutal que se escuchó a miles de kilómetros. Sin embargo, el descubrimiento que cambió la meteorología no entró por los oídos. Apareció como una pequeña oscilación dibujada sobre rollos de papel en observatorios situados por todo el mundo.

Las mismas líneas surgieron en Londres, Toronto, Calcuta y otros puntos muy alejados de Indonesia. No eran errores simultáneos ni cambios meteorológicos locales. La atmósfera completa había comenzado a vibrar.

El planeta se convirtió en una campana

Una explosión en Indonesia hizo temblar los barómetros de todo el planeta durante cuatro días. Krakatoa convirtió a la Tierra entera en un instrumento científico antes de que existieran los satélites
© Pierre Markuse/Copernicus Sentinel.

La mañana del 27 de agosto de 1883, el Krakatoa culminó una secuencia de explosiones que destruyó gran parte de la isla. El colapso generó tsunamis que arrasaron las costas de Java y Sumatra y causaron más de 36.000 muertes, la mayoría por las enormes olas, según el Servicio Geológico de Estados Unidos.

El estruendo fue escuchado en Australia y en la isla Rodrigues, situada a cerca de 4.800 kilómetros. La distancia era tan grande que el sonido tardó aproximadamente cuatro horas en llegar. Pero mientras aquel ruido terminaba por disiparse, otro fenómeno mucho más duradero continuaba avanzando.

La explosión había comprimido violentamente la atmósfera y producido una onda que se expandió desde el estrecho de Sonda en todas las direcciones. Viajó aproximadamente a la velocidad del sonido, rodeó el planeta y convergió en las antípodas. Después continuó su camino de regreso.

Los habitantes de Europa o América no pudieron sentirla. Sus barómetros, sí.

Siete marcas sobre el papel

Una explosión en Indonesia hizo temblar los barómetros de todo el planeta durante cuatro días. Krakatoa convirtió a la Tierra entera en un instrumento científico antes de que existieran los satélites
© NASA.

Muchos observatorios del siglo XIX ya utilizaban barógrafos: dispositivos que registraban automáticamente la presión atmosférica mediante una línea continua sobre papel. Aquellos instrumentos captaron la llegada de la onda desde el este y desde el oeste, seguida por nuevos pasos cada vez más débiles.

En algunas estaciones quedaron registradas hasta siete llegadas durante cuatro días. Eso no significa que la onda completara siete circunferencias: fueron siete pasos alternos, equivalentes aproximadamente a tres vueltas y media alrededor de la Tierra. Un análisis contemporáneo publicado en Nature calculó que el pulso completaba una vuelta en unas 36 horas.

La importancia estaba en la coincidencia. Al comparar los horarios, los científicos podían reconstruir la dirección, velocidad y extensión de un fenómeno ocurrido a miles de kilómetros. Los instrumentos separados por océanos funcionaban, en la práctica, como los sensores de un único observatorio planetario.

La recién desplegada red telegráfica ayudó además a transmitir noticias y solicitar registros con una rapidez imposible unas décadas antes. Por eso Krakatoa suele considerarse una de las primeras catástrofes verdaderamente globales también desde el punto de vista informativo.

El primer gran archivo de una atmósfera conectada

La Royal Society británica creó un comité específico para reunir las observaciones. Su informe publicado en 1888 alcanzó casi 500 páginas e incluyó mapas, registros de ondas atmosféricas, tsunamis, materiales volcánicos y alteraciones ópticas observadas en distintos continentes.

Era una versión analógica de lo que hoy llamaríamos ciencia de datos: información producida por decenas de estaciones, normalizada y combinada para reconstruir un evento global.

La comparación sigue siendo útil. Cuando el Hunga Tonga-Hunga Ha’apai explotó en 2022, satélites, boyas y sensores modernos detectaron una onda atmosférica que dio tres vueltas al planeta. La NOAA señaló que el último precedente comparable había sido precisamente Krakatoa.

En 1883, la Tierra todavía no podía ser fotografiada desde el espacio. Aun así, Krakatoa consiguió algo inesperado: hizo que centenares de instrumentos dispersos se comportaran como una sola máquina capaz de escuchar al planeta entero.

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