Las plantas solares prometen producir electricidad sin quemar combustibles fósiles, pero necesitan grandes extensiones de terreno. En los desiertos del oeste estadounidense eso plantea una paradoja: algunos de los mejores lugares para instalar paneles coinciden con hábitats utilizados por especies que ya están perdiendo espacio frente a las ciudades y la agricultura.
Un proyecto de Arizona decidió probar una tercera vía. En lugar de reservar todo el terreno exclusivamente para generar energía, preparó una parte para recibir a una colonia completa de búhos excavadores desplazada por una urbanización.
La guardería fue diseñada antes de que llegaran los búhos

Los protagonistas son búhos excavadores, pequeñas rapaces que viven y se reproducen bajo tierra. Normalmente ocupan túneles abandonados por ardillas terrestres y otros mamíferos, pero esos refugios desaparecen cuando un terreno es nivelado para construir viviendas, carreteras o explotaciones agrícolas.
Sus poblaciones en Estados Unidos han disminuido más de un tercio desde la década de 1960 y la especie está considerada de interés para la conservación. En marzo de 2025, la organización Wild at Heart necesitaba trasladar nueve parejas y un macho desde un desarrollo inmobiliario situado a unos 80 kilómetros.
Longroad Energy ofreció aproximadamente 250 acres entre las instalaciones Sun Streams 2 y Sun Streams 3, al oeste de Phoenix. No se limitaron a abrir una puerta y liberar las aves: construyeron 40 madrigueras artificiales, asignaron una a cada pareja y rodearon inicialmente las entradas con redes para evitar que los búhos intentaran regresar al terreno anterior.
También instalaron luces para atraer insectos, colocaron cámaras activadas por movimiento y suministraron ratones descongelados mientras los animales aprendían a utilizar el nuevo entorno. El objetivo, según explica Audubon, era comprobar si una colonia podía reproducirse dentro de una planta fotovoltaica a gran escala.
De 19 adultos a 36 crías en una temporada

La primera respuesta llegó en apenas un mes: todas las hembras pusieron huevos. Para finales de junio de 2025 habían nacido 36 polluelos y, durante los tres meses siguientes, 29 consiguieron emplumar y abandonar sus madrigueras.
El equipo fue reduciendo gradualmente la alimentación suplementaria. La aparición de restos de insectos en los excrementos indicaba que los búhos ya estaban cazando por sí mismos, por lo que las entregas de comida terminaron completamente a finales de agosto.
El experimento no terminó con aquella primera temporada. En julio de 2026, las cámaras continuaban vigilando 30 madrigueras abiertas y habían registrado aproximadamente 40 búhos en el área, según el seguimiento publicado por Cronkite News.
Eso todavía no demuestra que la colonia pueda mantenerse indefinidamente sin intervención. El seguimiento deberá aclarar cuántas aves permanecen, cuántas regresan para reproducirse y si el terreno produce suficiente alimento durante los años menos favorables.
Los paneles no convierten automáticamente un terreno en refugio

El caso tampoco significa que cualquier planta solar sea positiva para la biodiversidad. Antes de construir Sun Streams 2, los estudios ambientales encontraron ocho búhos que tuvieron que ser retirados del lugar. La propia infraestructura que ahora recibe una colonia había desplazado anteriormente a otros ejemplares.
Una revisión reciente de 54 investigaciones concluyó que las instalaciones fotovoltaicas pueden perjudicar a la biodiversidad cuando sustituyen terrenos naturales bien conservados. Los resultados mejoran cuando se construyen sobre espacios ya alterados y se incorporan medidas específicas para la fauna, aunque sus efectos dependen de cada especie y ecosistema.
Ese enfoque se conoce como ecovoltaica: diseñar las plantas para producir energía y prestar servicios ecológicos mediante vegetación nativa, corredores, pasos en las vallas, refugios o zonas de alimentación. El Laboratorio Nacional de Energías Renovables ya investiga sistemas similares con plantas autóctonas y polinizadores.
La lección de Arizona no es que los búhos adoren los paneles. Es que 40 madrigueras, 250 acres y un diseño consciente consiguieron que un terreno industrial dejara de tener una sola función.