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Los planetas no son el mejor lugar para buscar civilizaciones avanzadas, según este astrofísico

Si hay alguien ahí fuera, lo más probable es que esté viviendo en una esfera de Dyson alrededor de una Enana Blanca.

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Imagen para el artículo titulado Los planetas no son el mejor lugar para buscar civilizaciones avanzadas, según este astrofísico
Ilustración: Sentient Developments and SETI.

Hasta ahora no hemos encontrado ninguna señal de civilizaciones extraterrestres, pero ¿Y si fuera porque estamos mirando en el lugar equivocado? Un nuevo estudio plantea que el mejor lugar para encontrar vida inteligente no son los planetas, sino las estrellas, concretamente las enanas blancas.

El documento es obra de Ben Zuckerman, profesor emérito de física y astronomía en la Universidad de California - Los Ángeles. Aunque su razonamiento sea puramente teórico, no está exento de lógica. Sencillamente es una cuestión de tiempo. Si una civilización extraterrestre logra sobrevivir el tiempo suficiente acabará teniendo que afrontar un doble problema: la inevitable destrucción de su planeta natal a manos de su estrella, y la necesidad de obtener energía de un lugar lo más cercano posible.

Comencemos por este último apartado. A medida que una civilización desarrolla su tecnología va necesitando más y más energía. Los seres humanos somos un ejemplo perfecto de ese paradigma. Al principio basta con los recursos naturales del planeta en el que viven, pero por definición, esos recursos son finitos. Los combustibles fósiles se acaban y encima generan residuos que pueden dejar el planeta inhabitable. Más tarde o más temprano, cualquier hipotética civilización tendrá que dejar de expoliar su mundo y desarrollar la tecnología necesaria para aprovechar la fuente de energía más cercana: la estrella alrededor de la que orbita su planeta.

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El problema es que aprovechar esa energía desde la superficie del mundo en que vives no es algo muy eficiente. Pongamos como ejemplo nuestro propio planeta. Ahora mismo la mejor manera de aprovechar la energía del Sol es instalar paneles solares, pero ni siquiera cubriendo toda la superficie de la Tierra de paneles lograríamos aprovechar toda la energía que nos llega del Sol. Es cierto que con el tiempo seguramente optimizaríamos los paneles para capturar más y más energía, pero de nuevo el tiempo es nuestro enemigo porque el consumo de energía seguiría creciendo y creciendo. Al final, nos veríamos obligados a salir de nuestro planeta, acudir a la fuente y construir estructuras en el espacio para capturar la energía del Sol en toda su crudeza.

Una representación de la Tierra y el Sol, vista desde miles de kilómetros sobre nuestro planeta
Una representación de la Tierra y el Sol, vista desde miles de kilómetros sobre nuestro planeta
Imagen: OpenSpace/American Museum of Natural History
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Aquí es donde entra en juego la segunda parte del razonamiento desplegado por Zuckerman: la estrella en sí. Las estrellas no son eternas. Asumamos que la vida (y por tanto una hipotética civilización) surge siempre en un planeta situado en la zona de habitabilidad de una estrella parecida a la nuestra. En algún momento, el ciclo de vida de la propia estrella la hará crecer y devorar todos los planetas que estaban en su zona de habitabilidad, para después colapsar en un pequeño remanente estelar que dejará helados los planetas exteriores del Sistema Solar que quizá fueron habitables durante la etapa anterior de gigante roja.

Sí. Hasta el propio Zuckerman es consciente de que su estudio tiene muchos puntos oscuros y lagunas que podrían o no pasar como él describe. No tiene en cuenta, por ejemplo, posibles finales diferentes y mucho más dramáticos para la estrella anfitrión como una supernova o un agujero negro. Quizá la madurez estelar sea el famoso gran filtro al que todas las civilizaciones se enfrentan tarde o temprano, pero el objetivo del estudio es tratar de acotar en qué lugares podríamos buscar vida inteligente, y para eso es necesario que la vida inteligente consiga pasar el filtro y sobrevivir. El caso es que, si una civilización sobrevive el tiempo suficiente, acabará por tener que afrontar la muerte de su estrella y la necesidad de aprovechar el único recurso energético que queda en su Sistema Solar: una enana blanca. Y la mejor manera de hacer esto es una estructura hipotética que ya conocemos: una esfera de Dyson.

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Los extraterestres siempre podrían aprovechar su espectacular desarrollo tecnológico para migrar a otros sistemas donde las estrellas aún sean jóvenes, pero Zuckerman cree que es más sencillo aprovechar los recursos cercanos que buscar otros más lejos y que, de hecho, el nivel tecnológico para los viajes interestelares es más complejo de adquirir que el necesario para construir una esfera de Dyson.

Toda esta historia hipotética y llena de peros sirve para ilustrar el propósito final de Zuckerman, y es que haríamos bien en examinar las enanas blancas como posibles lugares donde encontrar señales de vida extraterrestre aunque no haya planetas a su alrededor. ¿Cómo hacer esto? Sabemos que las esferas de Dyson no pueden ser completamente cerradas como planteaba su creador porque eso terminaría por desestabilizar la propia estructura y hacerla colapsar. Una esfera de Dyson funcional probablemente luzca más como una serie de anillos o de parches alrededor de la estrella. En otras palabras, que la estrella a observar seguirá emitiendo luz, pero lo hará de forma irregular como si tuviera planetas orbitando frente a ella.

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En segundo lugar, por mucho que las estructuras a su alrededor sean eficientes cosechando la energía de la estrella no existe ninguna conversión energética que sea 100% efectiva. Generalmente hay un remanente energético que se manifiesta en forma de calor, lo que implica que debemos encontrar una estrella enana blanca que además emita una cantidad inusual de radiación infrarroja. ¿Hemos encontrado ya estrellas con esa firma energética? Sí, pero en todos los casos se ha tratado de nubes de polvo y gas tan densas y regulares que nos ha costado años concluir que no se trataba de estructuras artificiales. Es el caso, por ejemplo, de la famosa estrella de Tabby.

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El relato de Zuckerman concluye con un jarro de agua fría. El astrónomo aclara que en su opinión el desarrollo tecnológico es un proceso muy poco común y que probablemente seamos la especie más avanzada de nuestra galaxia. Sin embargo, si hay alguien ahí fuera, las enanas blancas con megaestructuras son un lugar tan bueno para buscar como cualquier otro. [Arxiv vía Live Science]


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