Conversaciones profundas, consejos personales y hasta ayuda emocional: la inteligencia artificial ya no es solo una herramienta académica para los adolescentes, sino que empieza a cumplir funciones propias de un amigo cercano. A medida que se vuelve más presente y sofisticada, también crecen las alarmas sobre los efectos en la salud mental, las habilidades sociales y el desarrollo emocional de una generación que está creciendo entre humanos… y máquinas.
Una nueva forma de compañía
Kayla Chege, estudiante de 15 años en Kansas, recurre a ChatGPT para tomar decisiones cotidianas: desde maquillaje y opciones de comida saludable hasta la planificación de fiestas. Aunque evita usar la IA para tareas escolares, reconoce que muchos adolescentes ya no la ven como una simple herramienta, sino como una especie de confidente digital.
Y no es la única. Muchos jóvenes están estableciendo relaciones cada vez más personales con chatbots, que, según ellos, los escuchan, no los juzgan y están disponibles en todo momento. Esta percepción de cercanía ha llevado a que muchos vean a estos asistentes como sustitutos de interacciones humanas reales.
“El problema es que, cuando hablas con una IA, siempre estás en lo correcto. Siempre tienes la razón. Siempre eres interesante”, comenta Ganesh Nair, de 18 años. Pero cuando su amigo terminó una relación sentimental mediante un mensaje escrito por una IA, se dio cuenta de lo que estaba en juego: “Fue como ver cómo una computadora reemplazaba una conexión humana”.
Las cifras que activan las alertas
Un reciente estudio de Common Sense Media reveló que más del 70% de los adolescentes en Estados Unidos ha interactuado con asistentes de IA, y que la mitad lo hace de forma habitual. De hecho, un 31% considera que esas conversaciones son igual o más satisfactorias que las que tiene con personas reales.
Lo más inquietante: un tercio de los adolescentes encuestados ha discutido asuntos serios con IA en lugar de hablar con alguien de carne y hueso. Para Michael Robb, investigador principal del estudio, estos hallazgos deberían encender alarmas entre padres y educadores. “Estamos viendo cómo estas tecnologías no reguladas se vuelven tan presentes como los celulares”, advierte.
Además, el informe encontró que muchos asistentes pueden generar contenido inapropiado o dañino, y sus mecanismos de restricción por edad son insuficientes. La organización recomienda que los menores no utilicen estas plataformas sin supervisión adecuada.

La delgada línea entre asistencia y dependencia
Investigadores temen que esta creciente relación con la IA esté afectando la capacidad de los jóvenes para tomar decisiones por sí mismos. Eva Telzer, neurocientífica de la Universidad de Carolina del Norte, señala que muchos adolescentes ya no confían en su propio criterio sin consultar primero a una IA.
Según Telzer, adolescentes e incluso niños de tan solo ocho años están utilizando inteligencia artificial generativa para explorar desde cuestiones emocionales hasta dilemas personales. En estudios de grupo, notó un uso frecuente de plataformas como SpicyChat AI, enfocadas en el rol emocional y la compañía.
Bruce Perry, de 17 años, dice depender de la IA para organizar sus ideas, corregir ensayos y hasta decidir qué ropa usar. Aunque reconoce su utilidad, teme que los chicos más pequeños crezcan creyendo que no necesitan el contacto humano para vivir experiencias significativas. “Podrían perder el deseo de ir al parque o conocer a otros niños”, reflexiona.
Más que una moda pasajera
La comparación con las redes sociales parece inevitable, pero los expertos ven diferencias clave. Mientras que las redes potenciaban la necesidad de visibilidad y conexión social, la IA parece enfocarse en algo más profundo: el apego emocional.
“Las redes eran una extensión de nuestras relaciones. La IA, en cambio, se mete con nuestros sentimientos más íntimos”, explica Nair. “No es solo entretenimiento. Es una compañía emocional. Y eso puede volverse adictivo”.
El futuro de esta tendencia está por escribirse. Lo que es seguro, es que no se trata solo de tecnología, sino de cómo las nuevas generaciones están redefiniendo qué significa sentirse acompañado. Y los adultos, tal vez, aún no han comprendido del todo el impacto silencioso que esto podría tener.
[Fuente: Infobae]