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Ciencia

Mandaron hongos a la Estación Espacial para ver si sobrevivían. Volvieron a la Tierra, crecieron en una semana y acabaron en una salsa para pasta

Un equipo australiano envió 36 pequeños recipientes con micelio de tres especies comestibles a la EEI. Pasaron más de un mes en microgravedad y, cuando regresaron, produjeron nuevas setas con tanta normalidad que los investigadores decidieron comérselas.
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En agosto de 2024, un Falcon 9 despegó hacia la Estación Espacial Internacional con una carga bastante peculiar. Entre el material científico viajaban 36 pequeños viales con hongos comestibles preparados por investigadores de la Universidad Tecnológica de Swinburne, en Australia.

No eran setas completamente desarrolladas. Dentro había micelio, la red de filamentos a partir de la cual posteriormente crece el cuerpo del hongo. Las especies elegidas fueron melena de león (Hericium erinaceus), cola de pavo (Trametes versicolor) y Cordyceps militaris.

Permanecieron sellados en la EEI durante algo más de un mes y posteriormente regresaron a la Tierra. Cuando finalmente llegaron de nuevo a Australia en 2025, quedaba una pregunta bastante sencilla: después de semejante viaje, ¿seguirían siendo capaces de crecer?

La respuesta terminó servida con queso y pasta.

Pasaron un mes en el espacio prácticamente sin que nadie los tocara

Mandaron hongos a la Estación Espacial para ver si sobrevivían. Volvieron a la Tierra, crecieron en una semana y acabaron en una salsa para pasta
© Times Higher Education.

El experimento fue dirigido por las astrofísicas Sara Webb y Rebecca Allen dentro del programa de microgravedad de Swinburne. También participaron 12 alumnos del Haileybury College de Melbourne, que colaboraron en el diseño y prototipado del sistema. Era ya la sexta carga experimental del equipo enviada a la EEI.

Los recipientes estaban encerrados dentro de un embalaje diseñado para mantener una temperatura relativamente estable y proteger el material durante el vuelo. Los astronautas no estuvieron cultivando setas dentro de la estación: el micelio permaneció almacenado y sellado, mientras los investigadores recibían únicamente algunas imágenes y vídeos del exterior del experimento.

Precisamente por eso, el resultado importante llegaría después. Una vez recuperadas las muestras, los científicos colocaron el micelio en un sustrato rico en nutrientes y prepararon varios kits de cultivo. Algunos terminaron sobre encimeras de cocina, otros en salas del personal e incluso en frigoríficos de laboratorio para comprobar qué ambiente favorecía mejor la fructificación.

Una semana después tenían melena de león para cenar

Mandaron hongos a la Estación Espacial para ver si sobrevivían. Volvieron a la Tierra, crecieron en una semana y acabaron en una salsa para pasta
© Sara Webb and Rebecca Allen / The Conversation.

No hubo que esperar demasiado. A los pocos días aparecieron los primeros cuerpos fructíferos y, aproximadamente una semana después, ya había ejemplares de melena de león listos para cosechar. El micelio continuó produciendo además varias tandas posteriores.

Webb y Allen decidieron entonces realizar una prueba bastante menos sofisticada que enviarlos al espacio: cocinarlos. Las investigadoras cuentan que probaron distintas recetas hasta preparar una salsa cremosa para pasta con queso y melena de león. Describieron los hongos como densos, aromáticos y con un sabor claramente reconocible. En febrero de 2026 terminaron contando la experiencia ellas mismas en The Conversation: los hongos que habían viajado a unos 400 kilómetros sobre sus cabezas habían acabado convertidos en la cena.

Eso sí, haberlos comido no significa que el experimento esté terminado. El equipo continúa analizando las muestras para determinar si la radiación y otros factores asociados al entorno espacial provocaron cambios biológicos o nutricionales que no sean evidentes simplemente observando su crecimiento.

La verdadera prueba será conseguir que produzcan comida lejos de la Tierra

Mandaron hongos a la Estación Espacial para ver si sobrevivían. Volvieron a la Tierra, crecieron en una semana y acabaron en una salsa para pasta
© Sara Webb and Rebecca Allen / The Conversation.

El interés va bastante más allá de cocinar una pasta peculiar. En misiones prolongadas hacia la Luna, Marte o destinos todavía más lejanos, llevar toda la comida desde la Tierra supone una penalización enorme de masa y espacio. Poder transportar micelio compacto y convertirlo posteriormente en alimento fresco podría ayudar a complementar otros sistemas de cultivo.

Los hongos tienen además otra característica interesante: pueden crecer utilizando diferentes materiales orgánicos como sustrato. Otros proyectos ya estudian incluso la posibilidad de aprovechar ciertos residuos generados durante misiones espaciales para producir setas comestibles.

Por ahora, el experimento de Swinburne demuestra algo bastante más modesto, aunque difícil de olvidar: un micelio puede viajar hasta la Estación Espacial, pasar más de un mes allí, regresar a la Tierra y seguir produciendo hongos. Y esos hongos pueden terminar exactamente donde acabarían los cultivados en cualquier granja: dentro de un plato de pasta.

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