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Marruecos levantó en el desierto un muro casi tan largo como toda la frontera entre Estados Unidos y México. Cuatro décadas después, sigue dividiendo el Sáhara Occidental entre minas, soldados y familias separadas

No está construido con hormigón ni aparece como una pared continua. Es una gigantesca red de terraplenes, trincheras, radares y campos minados que atraviesa el desierto y mantiene dividido uno de los conflictos territoriales más antiguos del planeta.
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Desde el aire parece simplemente una cicatriz más clara sobre la arena. A ras de suelo, sin embargo, esa línea se convierte en una sucesión de montículos, zanjas, alambradas, posiciones militares y terrenos donde dar un paso fuera del recorrido conocido puede resultar mortal.

Es el muro marroquí del Sáhara Occidental, también conocido como berm o Muro de la Arena. Sumando sus diferentes líneas y prolongaciones, la estructura alcanza aproximadamente 2.700 kilómetros. Como comparación, la frontera completa entre Estados Unidos y México ronda los 3.200 kilómetros, según el Departamento de Estado estadounidense.

Marruecos construyó el sistema por etapas durante la década de 1980, en plena guerra contra el Frente Polisario. Su objetivo era frenar las incursiones guerrilleras y conservar el control de las principales ciudades, la costa atlántica y las regiones con mayor actividad económica.

No es un muro: es una frontera militar escondida en la arena

Marruecos levantó en el desierto un muro casi tan largo como toda la frontera entre Estados Unidos y México. Cuatro décadas después, sigue dividiendo el Sáhara Occidental entre minas, soldados y familias separadas
© Wikimedia.

La barrera no consiste en una única pared levantada de norte a sur. Es un entramado de terraplenes fabricados con arena y piedra, reforzados con trincheras, alambradas, radares, puestos de observación y unidades militares.

Esa configuración explica por qué puede resultar casi invisible en algunas fotografías. El propio desierto proporciona los materiales y termina camuflando la obra, pero debajo de esa apariencia existe una infraestructura defensiva activa.

El sistema divide el territorio en dos grandes zonas. Marruecos administra aproximadamente el 80% situado al oeste, donde se encuentran El Aaiún, Dajla, la mayor parte de la población y buena parte de los recursos. Al este se extiende una franja mucho menos poblada controlada por el Frente Polisario, según el análisis del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.

Para Marruecos, el territorio forma parte de sus provincias del sur y debería obtener autonomía bajo soberanía marroquí. El Polisario, respaldado por Argelia, reclama la creación de un Estado saharaui independiente.

El verdadero muro continúa bajo tierra

Marruecos levantó en el desierto un muro casi tan largo como toda la frontera entre Estados Unidos y México. Cuatro décadas después, sigue dividiendo el Sáhara Occidental entre minas, soldados y familias separadas
© Open Book.

La arena acumulada solo es la parte visible. El elemento que realmente dificulta cruzar la barrera es la contaminación provocada por minas terrestres, municiones sin explotar y restos de bombas de racimo.

Las cifras de longitud cambian dependiendo de si se cuentan todas las líneas defensivas o únicamente el tramo divisorio principal. El Servicio de las Naciones Unidas de Actividades relativas a las Minas identifica 1.465 kilómetros de barrera arenosa especialmente afectados por explosivos.

Las minas no distinguen entre soldados, civiles o animales. Limitan el movimiento de las comunidades nómadas, bloquean rutas tradicionales y convierten amplias extensiones del desierto en espacios que siguen siendo peligrosos décadas después de su instalación.

El conflicto también separó a miles de saharauis entre el territorio y los campamentos de refugiados levantados cerca de Tinduf, en Argelia. La división llegó a ser tan prolongada que ACNUR organizó vuelos para permitir encuentros de apenas cinco días entre familiares que llevaban décadas sin verse. Cerca de 20.000 personas participaron en esas visitas, de acuerdo con la agencia de la ONU para los refugiados.

El alto el fuego terminó, pero el muro permanece

Marruecos levantó en el desierto un muro casi tan largo como toda la frontera entre Estados Unidos y México. Cuatro décadas después, sigue dividiendo el Sáhara Occidental entre minas, soldados y familias separadas
© UN Mine Action Service (UNMAS).

En 1991, Marruecos y el Frente Polisario aceptaron un alto el fuego auspiciado por Naciones Unidas. La organización creó la MINURSO con la intención de preparar un referéndum en el que la población pudiera escoger entre la independencia y la integración con Marruecos, como recoge la historia oficial de la misión.

La consulta nunca llegó a celebrarse. En noviembre de 2020, las tensiones en el paso de Guerguerat terminaron provocando el colapso del alto el fuego y el regreso de enfrentamientos de baja intensidad alrededor de la barrera.

Mientras tanto, el Sáhara Occidental continúa incluido por la ONU entre los territorios no autónomos. La diplomacia sigue buscando una salida, pero el muro ya ha sobrevivido a la guerra que justificó su construcción, al alto el fuego que debía volverlo innecesario y a más de tres décadas de negociaciones.

Lo que comenzó como una defensa militar provisional terminó convirtiéndose en una frontera de arena que no figura como tal en los mapas, pero que continúa decidiendo quién puede desplazarse, dónde puede vivir y hasta qué punto el Sáhara Occidental permanece dividido.

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