El mar está subiendo, y lo hace en silencio. Cada año avanza un poco más, invisible a simple vista, pero con la fuerza de una marea que no se detendrá. Según un nuevo estudio de la Universidad McGill (Canadá), más de 100 millones de edificios del Sur Global podrían quedar bajo el agua si no se reduce de forma drástica el uso de combustibles fósiles.
No se trata de una simple predicción apocalíptica como las hay todo el tiempo, sino de un mapa detallado que muestra, por primera vez, cómo el océano podría reconfigurar el mapa urbano del planeta.
El ascenso que no se detiene

El estudio, publicado en la revista npj Urban Sustainability, es la primera evaluación global edificio por edificio del impacto del aumento del nivel del mar.
Sus autores analizaron la infraestructura costera de África, el Sudeste Asiático y América Latina bajo distintos escenarios, desde un incremento moderado de 0,5 metros hasta un escenario extremo de 20 metros.
Los resultados son contundentes:
- Con apenas 0,5 metros de aumento, unos 3 millones de edificios quedarían expuestos a las mareas altas antes de fin de siglo.
- Con 5 metros, la cifra asciende a 45 millones.
- Y con 20 metros, el escenario más pesimista, 136 millones de construcciones desaparecerían bajo el agua.
“El aumento del nivel del mar es una consecuencia lenta, pero imparable, del calentamiento global”, advierte Natalya Gomez, coautora del estudio. “Podría seguir subiendo durante siglos, incluso si dejáramos de quemar combustibles fósiles hoy”.
Los lugares donde el agua llegará primero
Este riesgo no es para nada uniforme: algunos países enfrentarán el impacto mucho antes que otros. El estudio identifica zonas especialmente vulnerables en el noreste de África, el Caribe y el Sudeste Asiático, donde el relieve plano y la concentración de ciudades costeras aumentan la exposición.
En los escenarios más graves, las inundaciones penetran tierra adentro siguiendo los grandes ríos y deltas —Amazonas, Río de la Plata, Nilo, Gambia— afectando no solo viviendas, sino también infraestructuras esenciales como puertos, carreteras y plantas de energía.
“Nos sorprendió la enorme cantidad de edificios en riesgo incluso con aumentos moderados”, explicó Jeff Cardille, coautor de la investigación. “Algunos países podrían perder más del 80 % de su stock de edificios actuales”.
Un impacto que trasciende las costas

Este estudio también alerta sobre un efecto colateral crucial: la economía global. “Todos dependemos de bienes, alimentos y combustibles que pasan por puertos costeros”, señaló Eric Galbraith, coautor. “La interrupción de esas rutas podría causar estragos en el comercio y en los sistemas de suministro mundiales”.
Los autores recuerdan que los cálculos presentados no incluyen fenómenos extremos como marejadas ciclónicas, hundimiento del terreno o tormentas tropicales, factores que podrían agravar drásticamente la situación. Tampoco consideran los costos —ni la viabilidad— de construir diques, muros o defensas permanentes en países con recursos limitados.
Visualizar el futuro: edificio por edificio
Para acercar la magnitud del problema, los investigadores crearon un mapa interactivo en Google Earth Engine, que permite explorar el riesgo desde una escala global hasta el nivel de una manzana. Los planificadores urbanos y gobiernos locales pueden usarlo para identificar zonas críticas, planificar infraestructura o, en los casos más graves, diseñar estrategias de retirada gestionada.
“No hay escapatoria a un aumento moderado del nivel del mar”, afirma Maya Willard-Stepan, autora principal del estudio. “Pero cuanto antes empiecen las comunidades costeras a planificar, mayores serán sus posibilidades de seguir prosperando”.
El precio de la inacción

Cumplir con los objetivos del Acuerdo de París limitaría el aumento del nivel del mar a un rango difícil, pero manejable. En cambio, si las emisiones continúan al ritmo actual, el océano podría elevarse varios metros en los próximos siglos, reconfigurando continentes enteros y desplazando a cientos de millones de personas.
La diferencia entre actuar y no hacerlo no se mide en centímetros, sino en civilizaciones que sobrevivirán o quedarán bajo el agua.
Un recordatorio del futuro que ya empezó
El estudio no intenta generar miedo, sino ofrecer un espejo del futuro que estamos construyendo. La crecida del mar no será un evento súbito: será un proceso lento, una marea que sube milímetro a milímetro, pero que no se detiene.
Aún así, todavía estamos a tiempo de evitar los peores escenarios. Pero, como concluye el informe, cada tonelada de CO₂ emitida hoy decidirá qué ciudades seguirán en pie y cuáles serán reclamadas por el océano.