En un pequeñito pueblo de un país de Medio Oriente, una familia desafía todo lo que creíamos saber sobre el desarrollo humano. Científicos de renombre, estudios médicos y documentales internacionales han intentado descifrar su caso durante más de dos décadas. Lo que ocurre en ese hogar podría reescribir parte de nuestra historia evolutiva, o al menos obligarnos a mirarla desde otro ángulo.
Una anomalía que desconcierta a toda la ciencia

A comienzos de los años 2.000, el mundo conoció a los Ulas, una familia turca con varios hermanos que se desplazaban en cuatro patas. A diferencia de los primates, lo hacían con las palmas de las manos, sin dañar sus dedos. Su estilo de movimiento parecía más cercano a un estado prehistórico del ser humano que a una enfermedad moderna. El psicólogo evolutivo Nicholas Humphrey, de la London School of Economics, quedó tan impactado que viajó para conocerlos en persona.
A pesar de haber tenido 18 hijos, solo seis nacieron con esta peculiaridad. Aunque algunos especialistas apuntan a una mutación genética o un daño cerebral, otros consideran que factores culturales y ambientales podrían haber sido igual de determinantes. Lo que todos coinciden es en que se trata de un caso único.
¿Un retroceso en la evolución o una clave del pasado?

Escaneos cerebrales realizados a los hermanos Ulas revelaron alteraciones en el vermis cerebeloso, pero esta diferencia anatómica no basta para explicar por qué caminan en cuatro patas. Humphrey observó que, pese a ello, algunos de ellos podían bordar o hacer crochet, lo que sugiere una gran destreza manual. Esta combinación de habilidades físicas y patrones de movimiento ha llevado a algunos científicos a pensar que así se desplazaban nuestros antepasados directos antes de caminar erguidos.
Más allá de lo biológico, hay una dimensión social: sin acceso a servicios médicos que los ayudaran en la infancia a caminar sobre dos pies, estos niños simplemente no recibieron estímulo para hacerlo. Pero todo cambió cuando se les entregó un andador: por primera vez en sus vidas, cruzaron la habitación erguidos, emocionados, desafiando su destino y sorprendiendo al mundo.
Para el psicólogo Humphrey, el caso es una prueba del espíritu humano: incluso cuando todo parece condicionado por la biología, la voluntad y la ayuda adecuada pueden abrir caminos impensados.