Durante más de 20 años, el Neil Gehrels Swift Observatory ha permanecido sobre nuestras cabezas detectando estallidos de rayos gamma, supernovas y algunos de los fenómenos más violentos del Universo. El telescopio continúa funcionando. Su problema es mucho más mundano: se está cayendo.
Swift fue lanzado en 2004 a una órbita de unos 600 kilómetros. Como cualquier objeto en órbita terrestre baja, incluso allí encuentra una cantidad diminuta de atmósfera que lo frena. La intensa actividad solar reciente ha expandido las capas superiores de esa atmósfera y aumentado el arrastre, acelerando su descenso mucho más de lo previsto.
NASA decidió intentar algo que nunca se había hecho exactamente de esta manera: enviar una nave comercial a capturar un telescopio que jamás fue diseñado para recibir mantenimiento y empujarlo de vuelta hacia arriba.
La operación estuvo sorprendentemente cerca de conseguirlo.
Construyeron una nave en ocho meses para alcanzar un telescopio que se estaba quedando sin tiempo

En septiembre de 2025, NASA contrató a Katalyst Space Technologies para desarrollar LINK, una nave robótica de unos 400 kilos equipada con tres brazos capaces de sujetar Swift.
El calendario era brutal. Katalyst diseñó, construyó y probó LINK en unos ocho meses. El 3 de julio de 2026 despegó a bordo de un Pegasus XL con una misión clara: localizar a Swift, aproximarse cuidadosamente, inspeccionarlo, engancharse a él y utilizar sus propulsores eléctricos para devolverlo progresivamente hasta una órbita cercana a los 600 kilómetros.
NASA veía además una oportunidad más grande. Si funcionaba, demostraría que es posible reparar o prolongar la vida de satélites que nunca fueron diseñados para ser reparados en el espacio. Entonces LINK empezó a girar.
A finales de julio, la nave sufrió problemas graves de control de actitud. Dos de sus tres ruedas de reacción dejaron de estar operativas y parte del sistema de propulsores de gas frío perdió funcionalidad. El giro llegó aproximadamente a nueve grados por segundo. Los ingenieros lograron frenarlo mediante maniobras y nuevas versiones del software de control. Pero estabilizarla tuvo un precio.
Según Associated Press, las maniobras consumieron una cantidad de combustible suficiente como para que la misión original dejara de ser viable. El 19 de agosto, NASA confirmó que LINK ya no intentaría capturar ni elevar Swift.
No podía salvarlo, pero decidió acercarse igualmente

La misión podía haber terminado allí. Katalyst optó por convertir el rescate fallido en una prueba real de navegación y mantenimiento orbital.
Durante los últimos días de agosto, LINK elevó su propia órbita, sincronizó su trayectoria con Swift, desplegó sus tres brazos robóticos y llegó incluso a encender simultáneamente sus tres propulsores eléctricos de xenón. Finalmente ocurrió lo que habría sido el preludio del rescate.
LINK se acercó hasta entre 12 y 15 kilómetros de Swift. En términos terrestres parece una distancia considerable. En una operación orbital entre dos objetos que viajan a decenas de miles de kilómetros por hora, era extraordinariamente cerca. Pero no habría último acercamiento.
NASA confirmó el 4 de septiembre que LINK no volverá a reducir esa distancia durante el tiempo que le queda en órbita. La propia nave de rescate también terminará cayendo: Katalyst estima que reentrará en la atmósfera aproximadamente dos o tres semanas después de aquella aproximación. “Estuvimos muy cerca, pero a la vez muy lejos”, resumió el CEO de Katalyst, Ghonhee Lee, a Associated Press.
Swift sigue observando el Universo mientras pierde altura

El fracaso resulta especialmente amargo porque Swift todavía hace ciencia. NASA suspendió temporalmente parte de sus observaciones para colocar la nave en una configuración que redujera el arrastre atmosférico, pero volvió a activar sus instrumentos a finales de agosto.
La agencia calcula que Swift alcanzará aproximadamente los 300 kilómetros de altitud entre septiembre y octubre. Por debajo de ese punto, operar el telescopio se vuelve cada vez más difícil y la velocidad a la que pierde altura aumenta. Associated Press sitúa actualmente su posible reentrada entre octubre y finales de 2026.
La misión costó unos 30 millones de dólares, pero NASA no considera que todo haya sido inútil. LINK consiguió desplegar sus brazos, probar propulsión, ejecutar maniobras orbitales y acercarse a una nave que nunca había sido diseñada para recibir visitas. Ese conocimiento puede aplicarse a futuras misiones comerciales de mantenimiento.
Y ahí está quizá la ironía de todo el proyecto. La nave de rescate consiguió encontrar a un telescopio que lleva 22 años en el espacio, acercarse hasta apenas 15 kilómetros y demostrar buena parte de la tecnología necesaria para salvarlo. Simplemente llegó sin suficiente margen para completar el último paso. Swift seguirá mirando el Universo mientras pueda. Esta vez, quien necesitaba ser rescatado era el propio telescopio.