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Ciencia

Japón tenía que devolver a su sitio un castillo de 360 toneladas sin desmontarlo. Pidió voluntarios y 8.000 personas se ofrecieron para la solución más insólita: tirar de una cuerda

El torreón de Hirosaki llevaba una década apartado de su ubicación original para reparar la muralla que lo sostenía. Ahora está regresando mediante una técnica tradicional que permite desplazar edificios completos sobre raíles. La parte más espectacular la han puesto miles de ciudadanos tirando literalmente de él.
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Hay convocatorias municipales que cuesta rechazar. En Hirosaki, al norte de Japón, el ayuntamiento ofreció a sus vecinos la posibilidad de participar en una obra de restauración bastante poco habitual: agarrar una cuerda y ayudar a mover un castillo de unas 360 toneladas.

La respuesta superó cualquier previsión. Para unas 1.800 plazas disponibles durante dos de las jornadas se presentaron alrededor de 8.000 solicitudes, procedentes no solo de Japón, sino también de Europa, Norteamérica y el sudeste asiático. Los seleccionados fueron organizados en grupos de unas 80 personas que, tirando de gruesas cuerdas al mismo tiempo, consiguieron hacer avanzar lentamente el torreón del castillo de Hirosaki.

No lo estaban arrastrando directamente sobre el suelo, claro. La escena funciona gracias a una antigua técnica japonesa llamada hikiya, que permite trasladar edificios completos sin desmontarlos mediante soportes, raíles, rodillos y sistemas de tracción. Y esta vez el edificio en cuestión es uno de los más valiosos de Japón.

El castillo llevaba diez años en el lugar equivocado

Japón tenía que devolver a su sitio un castillo de 360 toneladas sin desmontarlo. Pidió voluntarios y 8.000 personas se ofrecieron para la solución más insólita: tirar de una cuerda
© Getty Images / PHILIP FONG.

Todo empezó bastante antes de que aparecieran las cuerdas. El castillo de Hirosaki fue construido originalmente en 1611, aunque su primer torreón quedó destruido por un rayo en 1627. La estructura que vemos actualmente fue levantada en 1810 y es uno de los apenas 12 torreones originales de castillos japoneses que han sobrevivido hasta nuestros días. Además, es el único de época Edo que permanece en la región de Tohoku.

El problema estaba debajo. Un terremoto ocurrido en 1983 agravó las deformaciones de la enorme muralla de piedra sobre la que descansaba el torreón. Repararla exigía acceder al espacio ocupado precisamente por el edificio, así que en 2015 los ingenieros tomaron una decisión extraordinaria: mover el castillo entero unos 70-80 metros sin desmontarlo. También entonces participaron ciudadanos en el traslado.

Después llegó una restauración monumental. Los especialistas desmontaron la muralla y 2.185 piedras fueron identificadas para poder colocarlas nuevamente en su posición, mientras se reforzaban la base y otros elementos de la estructura.

Una década después, tocaba hacer el viaje inverso.

Unos 80 humanos, una cuerda y unos pocos centímetros cada vez

Japón tenía que devolver a su sitio un castillo de 360 toneladas sin desmontarlo. Pidió voluntarios y 8.000 personas se ofrecieron para la solución más insólita: tirar de una cuerda
© Getty Images / PHILIP FONG.

El truco del hikiya consiste en que la fuerza humana no tiene que vencer directamente las 360 toneladas contra el suelo. El torreón se apoya sobre una estructura preparada para deslizarse por raíles. Los voluntarios agarran cuerdas de unos 30 metros y tiran coordinadamente mientras técnicos controlan el movimiento. El resultado parece pequeño visto desde fuera: unos centímetros cada vez. Pero el edificio realmente se mueve.

Durante los cinco días del evento ciudadano de agosto, el Ayuntamiento de Hirosaki confirmó que el torreón avanzó 3,64 metros gracias a los participantes. Solo durante las primeras cuatro jornadas había recorrido 3,18 metros.

El desplazamiento manual, sin embargo, representa solo una pequeña parte del regreso. La ruta completa ronda los 78 metros, y la mayor parte del recorrido será realizada mediante maquinaria especializada. El plan municipal prevé devolver el torreón a su base original durante 2026. La participación ciudadana es, por tanto, deliberadamente simbólica. Pero no ficticia: cuando esas personas tiran de la cuerda, el castillo realmente avanza.

El castillo volverá a su sitio, pero la obra todavía tiene años por delante

La restauración tampoco terminará cuando el torreón llegue a casa. Hirosaki está ejecutando además un refuerzo sísmico de la cimentación mediante cuatro pilotes de unos dos metros de diámetro y aproximadamente 35 metros de longitud, diseñados para evitar que todo el peso del edificio vuelva a recaer directamente sobre la muralla de piedra.

Después comenzará otra fase de conservación del propio torreón. El Ayuntamiento prevé que permanezca cerrado durante años y actualmente sitúa el final de las obras hacia 2032, con la reapertura posterior. Para muchos vecinos, sin embargo, la restauración ya ha dejado algo difícil de repetir. Algunas personas que ayudaron a desplazar el castillo en 2015 regresaron once años después para empujarlo (o, mejor dicho, tirar de él) en dirección contraria.

Japón podría haber reservado toda la operación a ingenieros y maquinaria. En Hirosaki decidieron dejar unos metros para algo bastante más memorable: que miles de personas pudieran decir que, al menos una vez en su vida, ayudaron con sus propias manos a mover un castillo.

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