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Ciencia

La ciencia desmonta la idea de que tu letra revela tu personalidad

Durante décadas se ha dicho que una letra grande revela seguridad, una escritura inclinada indica extroversión o una determinada forma de firmar descubre rasgos ocultos de la personalidad. La ciencia, sin embargo, no ha conseguido demostrar estas asociaciones. Eso no significa que la escritura no revele nada: sus movimientos sí pueden ofrecer información sobre nuestro sistema nervioso.
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La idea de que la personalidad queda plasmada sobre el papel pertenece principalmente a la grafología. Sus defensores sostienen que características como la presión, el tamaño, la inclinación o la separación entre palabras permiten deducir cómo es una persona.

El problema aparece cuando esas afirmaciones se someten a pruebas controladas.

La grafología no consigue leer la personalidad

Un estudio publicado en Psychological Reports comparó análisis realizados por grafólogos con resultados obtenidos mediante el cuestionario de personalidad Big Five. Los investigadores no encontraron evidencias de que los especialistas pudieran identificar de manera fiable esos rasgos observando únicamente la escritura.

Incluso el grado de acuerdo entre distintos grafólogos fue muy bajo. Esto significa que mirar cómo alguien escribe una “t”, cuánto inclina las palabras o cómo dibuja los bucles no permite concluir científicamente si esa persona es introvertida, dominante, generosa o insegura.

Sin embargo, existe otro enfoque completamente diferente que sí interesa a investigadores y médicos.

La ciencia desmonta la idea de que tu letra revela tu personalidad
© Magnific

Escribir es una tarea extraordinariamente compleja

Cada palabra escrita requiere que el cerebro coordine planificación, memoria, visión y movimientos extremadamente precisos de dedos, muñeca y brazo.

Por eso, los científicos pueden estudiar aspectos como la velocidad del trazo, las pausas, la presión ejercida sobre una superficie, la aceleración o la fluidez del movimiento mediante tabletas digitalizadoras y otros dispositivos. Aquí no se intenta interpretar la personalidad. El objetivo es observar cómo funciona el sistema motor y cómo puede cambiar en determinadas enfermedades.

La letra puede cambiar con el Parkinson

Uno de los ejemplos mejor estudiados aparece en la enfermedad de Parkinson. La micrografía, caracterizada por una escritura anormalmente pequeña o que va reduciendo progresivamente su tamaño, es una alteración frecuente en estos pacientes.

Pero no es el único cambio. Estudios realizados con tabletas digitales han encontrado diferencias en velocidad, aceleración y fluidez del movimiento, lo que ha llevado a investigar la escritura como posible herramienta complementaria para detectar y seguir alteraciones motoras.

Eso no significa que escribir pequeño permita diagnosticar Parkinson. La micrografía también puede aparecer en otras enfermedades neurológicas y debe interpretarse junto con muchos otros síntomas.

También se investiga como biomarcador

Las nuevas herramientas de inteligencia artificial están llevando esta idea más lejos.

Actualmente se investiga si los patrones de escritura pueden funcionar como biomarcadores digitales capaces de ayudar a detectar cambios asociados al Parkinson, el deterioro cognitivo o enfermedades como el alzhéimer.

Los algoritmos pueden analizar cientos de variables invisibles para una persona que simplemente observa una hoja escrita, aunque estas técnicas todavía se encuentran principalmente en el ámbito de la investigación y no sustituyen una evaluación clínica.

Nuestra letra tampoco es una huella dactilar

La escritura cambia durante toda la vida. Aprendemos un modelo durante la infancia y, con los años, lo transformamos buscando mayor velocidad y comodidad. También pueden modificarla factores mucho más cotidianos: escribir deprisa, estar cansados, utilizar una postura diferente, una lesión o simplemente cambiar de bolígrafo.

Por eso, la caligrafía puede decir bastante sobre cómo estamos ejecutando un movimiento, pero mucho menos sobre quiénes somos.

La ciencia no respalda la idea de que nuestra personalidad pueda descifrarse leyendo los trazos como un código secreto. Sin embargo, cada vez encuentra más información en algo diferente: la forma en que el cerebro controla la mano mientras escribimos.

 

 

Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnología.

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