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Ciencia

Durante siglos creímos que los grandes señores de Grecia vivían de la guerra y la tierra. Dos vasijas de hace 3.200 años cuentan una historia muy distinta

Dos vasijas micénicas del siglo XII a. C. conservan escenas de pesca colectiva que cuestionan una vieja interpretación histórica. El mar pudo otorgar prestigio y poder cuando los palacios griegos se derrumbaron.
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Hace unos 3.200 años, los grandes palacios de la Grecia micénica comenzaron a derrumbarse. Con ellos desaparecieron sistemas administrativos, redes de intercambio y estructuras políticas que habían organizado buena parte del territorio. Pero mientras aquel mundo entraba en crisis, algunas comunidades costeras encontraron nuevas maneras de organizarse. Una de esas actividades pudo ser mucho más importante de lo que imaginábamos: la pesca.

Durante décadas, los historiadores consideraron que esta actividad desempeñaba un papel secundario en la economía micénica. Las famosas tablillas escritas en Lineal B, utilizadas para registrar bienes y recursos de los palacios, apenas ofrecían información sobre ella. Sin embargo, dos vasijas decoradas hace más de tres milenios están obligando a reconsiderar aquella interpretación.

Una investigación publicada en la revista arqueológica Thiasos, firmada por Santo Privitera, de la Universidad de Bolonia, propone que la pesca colectiva no solo fue una actividad especializada, sino que también pudo convertirse en una fuente de prestigio social durante el periodo posterior al colapso palacial.

Dos vasijas mostraban una actividad que los textos apenas registraron

Durante siglos creímos que los grandes señores de Grecia vivían de la guerra y la tierra. Dos vasijas de hace 3.200 años cuentan una historia muy distinta
Esta hidria micénica del siglo XII a. C., encontrada en Naxos, muestra una escena de pesca colectiva. Su decoración ofrece una de las escasas representaciones conservadas de cómo se organizaban los pescadores del Egeo durante la Edad del Bronce. © Zde / Wikimedia.

El estudio se centra en dos recipientes del siglo XII a. C.: una hidria encontrada en una tumba de Aplomata, en la isla de Naxos, y una crátera fragmentaria recuperada en Kynos, en la Grecia continental.

La primera conserva una escena extraordinaria. Seis figuras humanas aparecen organizadas en dos filas mientras tiran de una cuerda que rodea varios peces. La segunda representa una operación semejante, con pescadores coordinados y pequeños elementos que podrían corresponder a pesos utilizados para mantener una red bajo el agua.

Según el análisis arqueológico de Privitera, ambas imágenes parecen representar la fase final de una pesca colectiva con jábega, una técnica que todavía se utiliza en distintas regiones del Mediterráneo.

Lo importante es que no estamos ante simples dibujos de peces. Las escenas muestran personas, herramientas y acciones coordinadas, lo que permite investigar cómo se realizaba realmente el trabajo. Los arqueólogos ya conocían anzuelos, arpones y pesos de redes procedentes de distintos yacimientos. Lo excepcional es encontrar representaciones tan detalladas del proceso.

Una tecnología que necesitaba barcos, redes y trabajadores coordinados

No aparece en los textos, pero sí en las imágenes y eso lo cambia todo. Un estudio demuestra que la pesca pudo ser una actividad clave y prestigiosa en la Grecia micénica tras el colapso palacial
Conjunto de pesas de plomo utilizadas para mantener las redes de pesca sumergidas y extendidas. Halladas en contextos arqueológicos de la Edad del Bronce, estas piezas revelan la sofisticación de las técnicas pesqueras y aportan pistas sobre su importancia económica y social en la Grecia micénica. © S. Privitera / Ministerio de Cultura de Grecia.

La pesca con jábega consiste en desplegar una red desde una embarcación para rodear un banco de peces y arrastrarla posteriormente hacia la costa. La operación necesita varias personas, equipamiento y conocimiento del comportamiento de las especies marinas. Privitera considera que las escenas reflejan precisamente esa organización colectiva. Además, los restos de redes y numerosos pesos de plomo encontrados en otros yacimientos confirman que los habitantes del Egeo conocían tecnologías pesqueras relativamente sofisticadas.

Una segunda investigación del arqueólogo, publicada en American Journal of Archaeology en 2026, analizó precisamente conjuntos de pesos de redes encontrados en contextos funerarios de la Edad del Bronce. Los resultados cuestionan la imagen de la pesca como una actividad necesariamente marginal. Pero la sorpresa más interesante aparece al estudiar dónde se encontraron aquellos objetos.

La pista decisiva apareció junto a armas y objetos de lujo

Durante siglos creímos que los grandes señores de Grecia vivían de la guerra y la tierra. Dos vasijas de hace 3.200 años cuentan una historia muy distinta
Una hidria micénica del siglo XII a. C., hallada en Naxos, representa a varias personas tirando de una red de pesca. © Ministerio de Cultura de Grecia / Santo Privitera.

La hidria de Naxos fue recuperada en una tumba que contenía otros recipientes vinculados con el consumo ceremonial de bebidas. La crátera de Kynos también pertenece a una categoría de vasijas relacionada con reuniones y banquetes. En otros enterramientos del Egeo, los arqueólogos encontraron pesos de pesca acompañados por lanzas, joyas y objetos valiosos.

Esta asociación permite plantear algo que va más allá de la alimentación: controlar embarcaciones, organizar pescadores y obtener recursos del mar pudo contribuir al reconocimiento social de determinados individuos o grupos. Como explica el trabajo publicado en Thiasos, las representaciones podrían haber formado parte de ceremonias donde ciertas comunidades celebraban su identidad y sus actividades económicas.

No significa que todas las élites fueran pescadoras ni que la pesca reemplazara a la agricultura. Es una interpretación sobre su posible valor social, no una conclusión definitiva. Sin embargo, ofrece una imagen de la Grecia micénica mucho más rica que la habitual. Mientras desaparecían los palacios, algunas comunidades pudieron construir nuevas formas de prestigio alrededor de actividades que antes apenas aparecían en los archivos.

La historia había conservado el silencio de los textos. Pero también había dejado dos vasijas pintadas. Y tres mil años después, esas imágenes están contando lo que los documentos nunca registraron.

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