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No cazaba succionando: así usaba realmente sus mandíbulas uno de los mayores depredadores marinos prehistóricos

Durante décadas, Dunkleosteus terrelli fue presentado como el “aspirador” gigante del Devónico. Un pez acorazado colosal que, según los manuales, abría la boca y engullía a sus presas mediante una succión fulminante. Esa imagen acaba de derrumbarse. Un nuevo estudio demuestra que su técnica de caza era muy distinta… y mucho más violenta.

Un equipo internacional de paleontólogos analizó fósiles excepcionalmente conservados en el Museo de Historia Natural de Cleveland y llegó a una conclusión sorprendente: Dunkleosteus no succionaba. Cortaba. Y lo hacía con una precisión letal.

El error que duró veinte años

La idea de que este depredador cazaba por succión se apoyaba en modelos biomecánicos publicados entre 2007 y 2009. Aquellos estudios asumían que su anatomía era comparable a la de peces modernos capaces de generar potentes corrientes de agua para absorber presas.

El problema, según explica Russell Engelman, autor principal del trabajo publicado en The Anatomical Record, es que esos modelos se basaban en una anatomía incompleta. Muchos cartílagos clave nunca habían sido descritos correctamente. Y ahí estaba la clave del error.

Mandíbulas diseñadas para cortar

El nuevo análisis reveló algo fundamental: los músculos encargados de cerrar la boca no se anclaban al cráneo óseo, sino a grandes cartílagos internos. Esta configuración no favorece la succión, pero sí una mordida extremadamente potente y controlada.

Además, Dunkleosteus no tenía dientes como los conocemos. En su lugar, poseía placas óseas afiladas —odontoides— que funcionaban como auténticas cuchillas. Su mandíbula inferior estaba rígidamente unida, sin posibilidad de expansión lateral, una condición incompatible con la succión pero ideal para cortar grandes fragmentos de carne.

Una boca demasiado grande para aspirar

La posición y el tamaño de la boca refuerzan esta nueva interpretación. Se abría hacia los lados, con un ángulo de hasta 65 grados, y estaba situada muy atrás en la cabeza. Crear presión negativa en esas condiciones habría sido prácticamente imposible.

A diferencia de los peces succionadores modernos, Dunkleosteus carecía de sellos de tejido blando que impidan la entrada de agua por los laterales. La biomecánica no deja lugar a dudas: aspirar no era una opción.

No cazaba succionando: así usaba realmente sus mandíbulas uno de los mayores depredadores marinos prehistóricos
© SerpenIllus – X

Un depredador más parecido a un tiburón

Casi la mitad del cráneo de Dunkleosteus estaba formado por cartílago, y los investigadores identificaron canales musculares similares a los de tiburones y rayas actuales. No es que estuviera emparentado con ellos, pero sí había llegado a soluciones evolutivas parecidas.

Las marcas de mordiscos halladas en otros fósiles del Devónico encajan con este modelo: cortes limpios, fragmentación de presas grandes y ataques directos.

Lo que cambia este hallazgo

Este descubrimiento no solo redefine a Dunkleosteus, sino que obliga a revisar cómo interpretamos a otros peces acorazados extintos. Incluso los fósiles más estudiados pueden esconder errores de décadas.

La “bestia aspiradora” nunca existió. En su lugar, los mares primitivos estuvieron dominados por un cazador con mandíbulas-cuchilla, capaz de despedazar a sus presas en lugar de tragárselas enteras. Un recordatorio más de que la prehistoria sigue guardando sorpresas.

Fuente: Infobae.

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