Durante los últimos 25 años, la temperatura global ha aumentado con una rapidez que ha obligado a los climatólogos a estudiar con mayor detalle qué factores están amplificando el calentamiento provocado por los gases de efecto invernadero.
Una de las hipótesis que está ganando protagonismo apunta a algo aparentemente contradictorio: la reducción de la contaminación del aire podría haber eliminado parte de un efecto refrigerante que durante décadas ocultó una fracción del calentamiento global.
Peter Cox, investigador de la Universidad de Exeter y uno de los científicos que ha participado como autor principal en varios informes del IPCC, presentó recientemente resultados preliminares según los cuales esta reducción de la contaminación podría haber desempeñado un papel especialmente importante desde comienzos de siglo.
Eso no significa que limpiar el aire sea perjudicial ni que el CO₂ haya dejado de ser el principal problema climático a largo plazo. La cuestión es que algunos contaminantes también estaban enmascarando temporalmente parte del calentamiento provocado por los gases de efecto invernadero.
El inesperado papel del azufre
La clave está en las emisiones de dióxido de azufre, o SO₂, procedentes principalmente de la combustión de carbón y otros combustibles fósiles.
Una vez en la atmósfera, este gas puede transformarse en aerosoles de sulfato, diminutas partículas capaces de reflejar directamente parte de la radiación solar y de modificar las propiedades de las nubes.
Estos aerosoles favorecen la formación de un mayor número de pequeñas gotas de agua en determinadas nubes. El resultado puede ser una nube más reflectante, capaz de devolver una mayor cantidad de luz solar al espacio.
Durante décadas, esta contaminación ejerció así un cierto efecto refrigerante.
Pero numerosas regulaciones ambientales introducidas para mejorar la calidad del aire han reducido considerablemente las emisiones de azufre en Europa, Norteamérica y, más recientemente, partes de Asia.
La consecuencia climática es que ese “parasol” artificial está desapareciendo.
Una Tierra que refleja menos luz
Los satélites llevan años detectando cambios en el albedo terrestre, es decir, en la proporción de radiación solar que nuestro planeta refleja nuevamente hacia el espacio.
Cuando el albedo disminuye, la Tierra absorbe una mayor cantidad de energía. Cox sostiene que parte de esta reducción podría estar relacionada con la disminución de los aerosoles de sulfato y con los cambios que estos provocan sobre las nubes.
Según los resultados preliminares que presentó, hasta alrededor de dos tercios del calentamiento observado desde 2001 podrían estar relacionados con la desaparición de este efecto refrigerante.
Es una cifra llamativa, pero todavía debe tratarse con precaución. El trabajo no ha sido publicado y revisado formalmente por otros especialistas, y existe debate científico sobre la magnitud exacta de este efecto.
Asia ofrece una pista importante
Otros estudios sí respaldan la idea general.
Investigaciones recientes han analizado lo ocurrido en Asia oriental, donde las políticas destinadas a reducir la contaminación atmosférica disminuyeron notablemente las emisiones de azufre.
Los modelos indican que esta limpieza del aire habría contribuido a un calentamiento adicional en el Pacífico al retirar parte de los aerosoles que anteriormente reflejaban la luz solar. El fenómeno no sustituye al calentamiento causado por el CO₂. Más bien ocurre encima de él.
Los gases de efecto invernadero siguen acumulándose y reteniendo calor durante décadas o siglos, mientras que los aerosoles permanecen en la atmósfera durante periodos mucho más cortos.
Limpiar el aire sigue siendo imprescindible
La aparente paradoja no implica que debamos volver a contaminar.
La contaminación por azufre provoca graves problemas respiratorios, enfermedades cardiovasculares, lluvia ácida y millones de muertes prematuras asociadas a la mala calidad del aire.
Lo que muestran estas investigaciones es que parte del calentamiento provocado por los gases de efecto invernadero permanecía oculto detrás de esa contaminación. Cuando el aire se limpia, ese efecto protector desaparece rápidamente. Si las estimaciones más altas de Cox terminan confirmándose, la reciente aceleración del calentamiento podría moderarse a medida que el impacto de la reducción de aerosoles alcance su máximo.
Pero el problema fundamental seguiría intacto: mientras continúen aumentando las concentraciones de CO₂ y otros gases de efecto invernadero, el planeta seguirá acumulando energía y calentándose.
La ironía climática es que limpiar el aire puede revelar temporalmente más calentamiento. La solución, por tanto, no consiste en mantener la contaminación, sino en reducir al mismo tiempo los contaminantes atmosféricos y las emisiones responsables del cambio climático.