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Ciencia

No es una moda: es ciencia, y aún no se aplica donde más se necesita

En España, miles de madres y bebés pierden una oportunidad única en los primeros minutos de vida: el contacto piel con piel tras una cesárea. Lo que parece un detalle, esconde una práctica con enormes beneficios que aún no se aplica como debería. ¿Por qué seguimos posponiendo lo evidente?
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El nacimiento por cesárea sigue siendo una intervención común en muchos hospitales españoles, pero no siempre se acompaña de buenas prácticas esenciales para el bienestar del recién nacido. Una de ellas es el contacto inmediato piel con piel entre madre e hijo. A pesar de la evidencia científica que respalda su utilidad, este gesto sigue siendo una asignatura pendiente en numerosas instituciones. ¿Qué lo impide? ¿Qué consecuencias tiene su ausencia?

No es una moda: es ciencia, y aún no se aplica donde más se necesita
© Saúl Sigüenza – Pexels

Un escenario con cifras preocupantes

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el número ideal de cesáreas debería rondar el 15 %, pero en España se superan ampliamente esos valores: cerca del 20 % en hospitales públicos y un preocupante 37 % en privados. Incluso hay centros que sobrepasan el 45 %.
El parto por cesárea, aunque puede salvar vidas, también implica riesgos adicionales. Entre ellos, una recuperación más lenta para la madre y más complicaciones para el recién nacido. Pero hay otro factor que suele pasarse por alto: la separación inmediata entre madre e hijo, que impacta directamente en el inicio de la lactancia.

Contacto piel con piel: una clave olvidada

Desde los años 90, el contacto piel con piel tras partos vaginales ha sido clave para mejorar las tasas de lactancia materna. Esta práctica permite una mejor adaptación del bebé al nuevo entorno, regulando su temperatura, frecuencia cardíaca y nivel de glucosa.
Además, incrementa las probabilidades de que la lactancia se inicie pronto y se mantenga de forma exclusiva. Pero en las cesáreas, esta medida no se aplica con la misma frecuencia, a pesar de que los beneficios son igual de claros.

Lo que dice la evidencia científica

Una revisión sistemática con metaanálisis reciente confirmó que el contacto piel con piel inmediato tras una cesárea reduce el tiempo hasta la primera toma, aumenta la lactancia materna exclusiva al alta y eleva las probabilidades de que continúe al mes.
Aunque en algunos estudios se acepta como «precoz» un contacto dentro de las dos primeras horas, los datos muestran que cuanto antes ocurra, mejores son los resultados.

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© Natalia Olivera – Pexels

¿Qué impide que se implemente?

Existen varias barreras que frenan esta práctica: quirófanos poco adaptados, desconocimiento por parte del personal sanitario, escasa formación y la ausencia de protocolos institucionales claros.
Esto deja a muchas familias sin una práctica sencilla pero poderosa, y refuerza una desigualdad evitable.
Si el contacto piel con piel es seguro, beneficioso y respaldado por organismos internacionales, ¿por qué no es la norma en todos los partos por cesárea?

Una llamada a la acción necesaria

Implementar el contacto piel con piel tras una cesárea no debería ser opcional. Requiere formación, adecuación de espacios y, sobre todo, voluntad institucional. También es clave informar a las familias sobre sus derechos y los beneficios de esta práctica, para que puedan exigirla en los hospitales.
Hacerlo puede marcar una diferencia vital en los primeros momentos de vida del bebé y en el vínculo con su madre.

Fuente: TheConversation.

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