En 1875, Charles Darwin publicó Insectivorous Plants, una obra en la que examinó algunas de las estrategias más sorprendentes utilizadas por las plantas para capturar animales. Entre sus observaciones apareció una sospecha que nunca pudo demostrar por completo: ciertas especies alpinas cubiertas de pelos pegajosos parecían obtener algo más que protección de los insectos que quedaban atrapados sobre ellas.
Casi 150 años después, un equipo internacional de investigadores confirmó que al menos una de esas plantas escondía exactamente ese comportamiento. Saxifraga candelabrum es una planta carnívora, capaz de atraer pequeños insectos, atraparlos, digerirlos y posteriormente incorporar sus nutrientes.

Atrapar un insecto no basta para ser una planta carnívora
Que una mosca quede pegada accidentalmente a una hoja no convierte automáticamente a una especie en carnívora.
Para demostrarlo, los investigadores tuvieron que comprobar varias etapas del proceso. La primera consiste en determinar si la planta participa activamente en la captura. Saxifraga candelabrum produce compuestos volátiles capaces de atraer pequeños dípteros, de manera que los insectos no llegan simplemente por casualidad.
La estrategia también parece ser selectiva. Su sistema de captura favorece a presas pequeñas mientras permite escapar a insectos de mayor tamaño, una característica importante porque algunos de ellos pueden desempeñar funciones esenciales como polinizadores.
43 de 45 plantas conservaban insectos atrapados
Una vez atraídas las presas, entra en funcionamiento la parte más visible de la trampa. Los tallos y hojas de la planta están cubiertos por pelos glandulares extremadamente pegajosos que inmovilizan a los pequeños insectos.
Los investigadores estudiaron 45 ejemplares históricos conservados en colecciones de herbario y encontraron restos de insectos atrapados en 43 de ellos. La frecuencia del fenómeno reforzó la idea de que no se trataba de encuentros fortuitos.
Pero la evidencia más importante apareció cuando analizaron qué ocurría después de la captura.

La planta también digiere activamente a sus presas
Los pelos glandulares de Saxifraga candelabrum producen fosfatasa, una enzima relacionada con la descomposición de las presas.
La presencia de esta enzima resulta especialmente significativa porque no aparece de la misma manera en especies cercanas que no presentan comportamiento carnívoro. La planta, por tanto, no se limita a esperar que microorganismos externos degraden los insectos atrapados. Participa activamente en el proceso que permite liberar sus nutrientes.
Todavía quedaba, sin embargo, una última prueba: demostrar que esos nutrientes terminaban realmente dentro de la planta.
Moscas marcadas revelaron dónde terminaban los nutrientes
Para seguir el recorrido de los nutrientes, los científicos utilizaron moscas de la fruta marcadas con nitrógeno-15, una variante isotópica que puede rastrearse experimentalmente. Después de que las moscas fueran capturadas y digeridas, los investigadores detectaron ese nitrógeno en los tejidos vegetales.
El experimento confirmó así todo el proceso: atracción, captura, digestión y absorción.
Una nueva rama de plantas carnívoras
El descubrimiento tiene además una consecuencia evolutiva importante. Saxifraga candelabrum se convierte en la primera planta carnívora confirmada dentro del orden Saxifragales, incorporando una nueva rama independiente al mapa evolutivo de la carnivoría vegetal.
Al comparar su genoma con el de otras plantas carnívoras, los investigadores encontraron además señales de convergencia evolutiva: linajes alejados entre sí terminaron desarrollando soluciones biológicas similares para obtener nutrientes de animales.
Darwin no llegó a disponer de las herramientas bioquímicas, isotópicas y genéticas necesarias para demostrarlo. Pero su observación inicial apuntaba en la dirección correcta: algunas plantas aparentemente comunes pueden esconder estrategias depredadoras mucho más sofisticadas de lo que revela su aspecto.