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Nokia, los nostálgicos también quieren móviles que sirvan para algo

Cuando Nokia lanzó el nuevo 3310, fui de los que reservaron mentalmente 49 euros para comprar uno. La alegría me duró lo que tardé en ver la hoja de especificaciones. Un año después, Nokia lo ha vuelto a hacer con una nueva versión de un terminal mítico: el 8110. En Finlandia siguen sin entender nada.

Dicho pronto y mal: una cosa es ser un nostálgico, y otra es ser imbécil. Si quiero comprar un 3310 o un 8110 de los nuevos no es solo por una cuestión de nostalgia (Si fuera eso compraría un 3310 original de los que venden en eBay y lo metería en una urna). Lo quiero comprar para usarlo, y eso significa que tiene que tener alguna utilidad.

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Estamos en 2018, y hacer llamadas o enviar SMS hace mucho que dejaron de ser las funciones predominantes de un teléfono. Facebook tampoco es que sea lo último en servicios online. Las funciones predominantes son el navegador web, Twitter, Whatsapp, Telegram, una buena cámara... En definitiva, aplicaciones. No hay excusa técnica para no poder integrar esas aplicaciones en el formato de un móvil como el 8110.

Es cierto que el 8110 viene con una especie de plataforma propia que ofrece un puñado de aplicaciones (muy pocas) en su versión más básica, pero sigue siendo un parche absurdo. No quiero un sucedáneo del software que uso habitualmente. Quiero el software que uso habitualmente.

Estoy dispuesto a sacrificar tamaño de pantalla, a usar un teclado físico, o a que el móvil nostálgico tenga un procesador más discreto y una cámara normalita. Estoy dispuesto a que esta nueva versión del 8110 cueste 179 euros en lugar de solo 79 pero al menos tiene que haber una utilidad básica, y eso significa Android completo. Ya decidiré luego yo si ese móvil lo quiero para ir a la playa en vacaciones y no instalo Slack para que no me molesten del trabajo, pero la decisión debe ser mía. Ni el 3310 ni el 8110 llegan a ese mínimo.

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El remake del mítico móvil de Matrix es una pequeña preciosidad, pero 79 euros por un pisapapeles me parece exagerado. Un año más, una oportunidad perdida en aras de la nostalgia sin sustancia.

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About the author

Carlos Zahumenszky

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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