Android se ha convertido en un √©xito mundial en parte por su capacidad de atraer a un p√ļblico que no se preocupa por la est√©tica del tel√©fono. No es extra√Īo que muchos de los m√≥viles hayan sido un horror durante la √ļltima media d√©cada. pero, de repente, no encontramos con un incre√≠ble objeto de gran belleza: el HTC One.

Google nunca trató de llevar la belleza a la telefonía móvil, tan sólo buscaba crear un sistema operativo capaz de hacer todas las cosas que hace un iPhone. Lo que importaba es que tuviese una gran pantalla táctil y pudiese hacer las cosas que se esperan de un smartphone, como acceder al correo o navegar por la web.

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La naturaleza abierta del software hizo a Android avanzar entre la comunidad de usuarios entusiastas, con ganas de crear sus propias ROMs o trastear con las diferentes opciones y funciones pero, mientras, el hardware qued√≥ estancado. Cada nuevo Android era igual que el anterior. No en el sentido de "vamos a refinar este dise√Īo" sino en el de "no tengo ganas de molestarme, hagamos esta l√≠nea roja y punto".

Todos los teléfonos son rectángulos con un frontal de cristal, claro, pero Android, a diferencia de algunos de sus rivales, nunca tuvo el menor interés o la ambición de ser más que eso.

As√≠ que durante la √ļltima media d√©cada lo que nos hemos encontrado en el mercado ha sido digno de de los Jetsons:

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Bloques negros

Errores de principiante.

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Dise√Īos que son como una broma.

Modelos que podr√≠an confundirse con un PC dise√Īado por Alienware (y no es un cumplido).

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Rect√°ngulos extrabrillantes.

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Estos podrían haberse caído del bolsillo de Mad Max.

Incluso el todopoderoso Galaxy S4, con un interior de lujo, perece un teléfono plástico increíblemente similar a su antecesor.

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Pero luego tenemos el HTC One.

No es un rect√°ngulo negro an√≥nimo ni una tabla de pl√°stico barato. No est√° envuelto en alg√ļn tipo de Kevlar que al final le da un aspecto de juguete salido de la colecci√≥n de G.I. Joe. Est√° fabricado en aluminio, con una incre√≠ble atenci√≥n al detalle y una gracia y belleza en su dise√Īo industrial que recuerda al del iPhone 5.

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Hay innumerables detalles y pr√°cticamente todos -salvando tal vez el logo de Beats- son preciosos.

Esa matriz de puntos para el altavoz debajo de la pantalla parece salido del manual de estilo de Dieter Rams o Jonny Ive. Es en parte una abstracción ornamental, un elemento funcional cuando estás en una llamada en manos libres y en parte un elemento que le da al teléfono cierta personalidad propia. Tiene encanto, y cuando miramos a algo todos los días de nuestra vida lo mínimo que se puede pedir es que nos devuelva la mirada con algo de calidez.

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El dise√Īo frontal y trasero del One es tan amigable como Android es cabez√≥n, fr√≠o y alienante. Pero al mismo tiempo luce como una sofisticada y potente m√°quina sin rastro de ese ADN de juguete pl√°stico de Fisher Price que se ve en muchos de sus competidores.

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Incluso podr√≠amos decir que es m√°s interesante que el tel√©fono de Apple. No mejor o peor, pero capaz de medirse con √©l sin necesidad de recurrir a una copia de elementos o dise√Īo. Deslumbra con su propia belleza y sin pedir prestado a nadie.

Esto no es una excusa para la capa de software propietaria y abigarrada de HTC. No a√Īade nada que permita escapar de ese aire de "hazlo-tu-mismo" de muchas de las ROMs de terceros desarrolladores.

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Pero al menos puede marcar un nuevo rumbo que permita escapar a Android de ese "teléfono que compras porque es barato o incluso gratis en contrato" o porque "quieres trastear con el en formas que Apple nunca te dejaría". Puede acabar haciendo de Android (y no sólo los Android caros) el software que pones en un bonito cuerpo de aluminio, con una suave curva.

Puede acabar haciendo de los tel√©fonos Android atractivos la regla, no la excepci√≥n cada cinco a√Īos. Y lo m√°s importante, puede acabar haciendo que a la hora de escoger Android no s√≥lo pesen as razones racionales y l√≥gicas, sino tambi√©n las emocionales. [Gizmodo, art√≠culo original de Sam Biddle]