En 1948, Nueva York comenzó a depositar residuos en unas antiguas marismas de Staten Island. La idea original era utilizar Fresh Kills de manera temporal, pero ocurrió exactamente lo contrario: durante más de medio siglo terminó convirtiéndose en el principal destino de la basura de millones de neoyorquinos.
En sus años de mayor actividad, durante la década de 1980, el vertedero llegó a recibir hasta 29.000 toneladas de residuos por día. Para 1991 era el último gran vertedero operativo de Nueva York y recibía basura doméstica procedente de los cinco distritos. Cuando cerró definitivamente en marzo de 2001, unas 150 millones de toneladas de residuos habían pasado por allí.
Cuatro montañas construidas con basura
Fresh Kills ocupa aproximadamente 2.200 acres, unos 8,9 km², y buena parte de su paisaje actual está definido por cuatro enormes montículos artificiales: North, South, East y West Mound.
Lo que hoy parecen colinas cubiertas de pasto son en realidad gigantescas acumulaciones de residuos compactados durante décadas.
Cerrar el vertedero no significó simplemente dejar de arrojar basura. Las montañas tuvieron que ser estabilizadas y cubiertas mediante varias capas de ingeniería destinadas a separar los residuos del exterior. El sistema incluye barreras impermeables, drenajes, suelo protector y vegetación.
Debajo sigue funcionando además una compleja infraestructura para recoger lixiviados y gases producidos durante la descomposición de los residuos. El metano generado por el antiguo vertedero incluso ha sido capturado y aprovechado como fuente energética.
El 11-S volvió a abrir Fresh Kills
Fresh Kills cerró oficialmente el 22 de marzo de 2001, pero pocos meses después tuvo que reabrirse temporalmente tras los atentados contra las Torres Gemelas.
Una parte de los escombros procedentes del World Trade Center fue trasladada hasta allí para ser examinada cuidadosamente por investigadores que buscaban restos humanos, objetos personales y evidencias.
Una zona del West Mound quedó vinculada para siempre a esa tragedia y forma parte de la memoria histórica del lugar.
De vertedero a refugio para la naturaleza
Con el cierre desaparecieron los camiones, excavadoras y montañas de residuos frescos. Poco a poco, las nuevas praderas comenzaron a convertirse en hábitat para plantas, aves y otros animales.
Hoy Freshkills contiene grandes extensiones de pastizales, humedales y cursos de agua, y el proyecto busca combinar recuperación ecológica con actividades recreativas como senderismo, ciclismo, kayak y observación de aves.
La transformación ya puede verse. En octubre de 2023 abrió North Park Phase 1, una sección de 21 acres con caminos para caminar y andar en bicicleta, un mirador sobre los humedales y una torre de observación de aves.
Un parque casi tres veces mayor que Central Park
Cuando la transformación esté completamente desarrollada, Freshkills Park abarcará sus 2.200 acres, lo que lo convertirá en un espacio casi tres veces mayor que Central Park y en el mayor proyecto de conversión de un vertedero en parque del mundo.
La construcción se realiza por etapas y varias zonas permanecen todavía cerradas al público mientras continúan los trabajos de restauración.
El resultado será uno de los giros urbanos más extraordinarios de Nueva York: un paisaje de praderas, humedales y senderos levantado literalmente encima de 150 millones de toneladas de basura acumuladas durante 53 años.