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Salario, altura y vivienda: así buscan los padres chinos en «ferias del amor» en parques la pareja perfecta para sus hijos reuniéndose

Mientras las aplicaciones prometen encontrar el amor con un algoritmo, en Beijing sobrevive un mercado donde las familias todavía negocian el futuro sentimental de sus hijos.
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A simple vista, podría parecer una feria improvisada. Sobre bancos, paraguas abiertos y pequeñas cuerdas aparecen decenas de hojas blancas protegidas por fundas de plástico. No anuncian departamentos, empleos ni objetos usados: cada una resume la vida de una persona soltera.

La escena se repite en Zhongshan Park, a pocos pasos de la Ciudad Prohibida, en Beijing. Allí, madres, padres y abuelos se reúnen para buscar pareja para sus hijos adultos. Intercambian información, comparan perfiles y, si encuentran una posible coincidencia, anotan un número de teléfono.

Ni siquiera el auge de las aplicaciones de citas consiguió borrar esta práctica. Por el contrario, el llamado “mercado del matrimonio” continúa revelando una enorme tensión entre dos generaciones que no siempre entienden el amor de la misma manera.

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© Utoimage – shutterstock

Una vida entera resumida en una hoja blanca

Los carteles funcionan como perfiles de citas analógicos. En ellos suelen aparecer la edad, la estatura, el nivel educativo, la profesión, los ingresos y la ciudad de origen del candidato. También pueden mencionar si posee una vivienda, un automóvil o un registro residencial urbano, conocido como hukou.

Las fotografías no siempre son necesarias. Lo importante para muchos padres es reunir datos que permitan evaluar la estabilidad económica y familiar de la otra persona. El proceso se parece menos a una conversación romántica y más a una primera selección de compatibilidad.

Cada domingo, padres y abuelos recorren Zhongshan Park buscando perfiles que puedan coincidir con el de sus hijos. La Universidad de Pekín ha descrito estos encuentros como espacios donde las generaciones mayores asumen un papel activo en la búsqueda sentimental, incluso cuando los jóvenes no están presentes.

En algunos casos, los hijos saben que sus padres participan y aceptan conocer a quienes les recomienden. En otros, descubren más tarde que su edad, su salario y hasta sus propiedades fueron mostrados ante desconocidos. Si las familias consideran que existe compatibilidad, intercambian contactos y dejan que los posibles candidatos decidan si desean encontrarse.

La práctica puede parecer extraña desde una mirada occidental, pero tiene raíces profundas. Para muchas familias chinas, ayudar a un hijo a casarse no es una intromisión, sino una responsabilidad que todavía forma parte del cuidado parental.

El peso de convertirse en una “mujer sobrante”

Aunque la presión puede alcanzar a hombres y mujeres, no suele hacerlo de la misma forma. Las mujeres solteras que superan la segunda mitad de sus 20 años pueden recibir el estigmatizante nombre de sheng nü, traducido habitualmente como “mujeres sobrantes”.

El concepto describe a mujeres que no se casaron a la edad considerada socialmente apropiada, muchas veces pese a contar con estudios universitarios, independencia económica y carreras exitosas. Una investigación publicada por Cambridge University Press encontró que la soltería femenina puede ser interpretada por algunas familias como una fuente de preocupación, vergüenza o incumplimiento de las obligaciones filiales.

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© fizkes – shutterstock

La paradoja es evidente. Las mismas oportunidades educativas y laborales que permitieron que millones de mujeres ganaran autonomía también retrasaron la edad del matrimonio. Muchas ya no están dispuestas a renunciar a su carrera, aceptar una relación desigual o casarse únicamente para satisfacer las expectativas familiares.

Sin embargo, en los carteles del parque todavía sobreviven criterios tradicionales. La edad y la apariencia suelen pesar especialmente en los perfiles femeninos, mientras que entre los hombres se valoran con mayor intensidad el salario, la profesión y la propiedad de una vivienda.

Este sistema transforma el encuentro sentimental en una evaluación social. Dos personas pueden ser compatibles, pero sus familias también examinan el nivel educativo, la estabilidad laboral y el origen de la otra parte antes de permitir que la conversación avance.

Los jóvenes se alejan del matrimonio, pero sus padres siguen buscando

La persistencia de estos mercados contrasta con una transformación mucho más amplia. China atraviesa una caída histórica de los matrimonios, impulsada por el costo de la vivienda, la crianza de los hijos, la incertidumbre laboral y una nueva percepción de la vida en pareja.

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© Gizmodo.com

En 2024 se registraron 6,10 millones de matrimonios, un 20,5% menos que el año anterior y menos de la mitad que en 2013. Durante el primer trimestre de 2026, las inscripciones volvieron a caer un 6,2% interanual, de acuerdo con datos oficiales recogidos por Reuters.

La situación preocupa al Gobierno porque el matrimonio continúa estrechamente relacionado con la natalidad. China intenta promover nuevas uniones mediante subsidios, ayudas para el cuidado infantil y campañas que presentan la formación de una familia como una responsabilidad social.

Pero los jóvenes no necesariamente comparten esa urgencia. Muchos prefieren aplazar el matrimonio hasta conseguir estabilidad económica; otros simplemente no lo consideran indispensable. Las mujeres, en particular, cuestionan con mayor fuerza un modelo que puede exigirles combinar trabajo, maternidad y cuidado de los mayores.

Así, el mercado de Zhongshan Park permanece como una fotografía de una China dividida. De un lado están los padres, sentados junto a carteles escritos a mano, convencidos de que todavía pueden ayudar a encontrar la pareja adecuada. Del otro están sus hijos, conectados a aplicaciones y redes sociales, pero cada vez menos dispuestos a permitir que alguien decida cuándo, cómo y con quién deben enamorarse.

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