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Francia frena su plan para salvar al urogallo en los Vosgos: España no puede permitirse hacer lo mismo

Francia decidió no realizar nuevas liberaciones de urogallos en los Vosgos después de que la mayoría de las aves trasladadas desde Noruega murieran o desaparecieran. En España, sin embargo, abandonar los intentos de recuperación tendría consecuencias mucho mayores: la población cantábrica se estima en apenas 209 ejemplares.
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Francia ha decidido cambiar de estrategia con uno de los proyectos de conservación más controvertidos de los últimos años. Después de tres campañas trasladando urogallos salvajes desde Noruega hasta el macizo de los Vosgos, el Gobierno francés confirmó que no habrá nuevas operaciones de reintroducción.

El programa había comenzado en 2024 con la intención de reforzar una población que estaba prácticamente desaparecida. Pero la supervivencia de las aves liberadas fue muy baja. Solo entre 2024 y 2025 se introdujeron 16 ejemplares: 13 murieron y se perdió el rastro de los otros tres. En 2026 se realizó una nueva liberación, pero las primeras muertes volvieron a producirse poco después.

Francia no abandonará por completo a los animales que quedan. El seguimiento continuará hasta 2029 y, de hecho, el país acaba de reforzar legalmente la protección del urogallo. Lo que se termina es la estrategia de seguir llevando nuevos ejemplares a un hábitat donde las posibilidades de supervivencia parecen demasiado bajas.

El problema no eran solamente las aves

La elevada mortalidad obligó a plantearse una pregunta incómoda: ¿tiene sentido seguir trasladando animales si el ecosistema al que llegan ya no reúne las condiciones necesarias?

El urogallo necesita grandes extensiones de bosque tranquilo y está especialmente adaptado a ambientes fríos. En los Vosgos, el cambio climático, la transformación del hábitat, la actividad humana y la presión de depredadores se combinan en su contra.

Especialmente problemática ha resultado la marta, uno de sus depredadores naturales. Pero el Gobierno francés también señala algo más difícil de solucionar: la evolución futura del propio hábitat de los Vosgos frente al calentamiento global.

Es decir, el problema no consiste únicamente en liberar más aves. Para que una población pueda establecerse, primero debe existir un territorio capaz de mantenerla durante décadas.

Francia frena su plan para salvar al urogallo en los Vosgos: España no puede permitirse hacer lo mismo
© Fundación Biodiversidad – Youtube.

España tiene un problema mucho más delicado

Aquí aparece la gran diferencia con España.

El urogallo presente en los Vosgos pertenece a una población de una especie ampliamente distribuida por el norte de Europa y Asia. El urogallo cantábrico, en cambio, es una subespecie propia de la Cordillera Cantábrica y está considerada en peligro de extinción.

La última estimación completa, correspondiente a 2024, calculó una población de apenas 209 ejemplares, con un intervalo estimado de entre 171 y 251 aves. Dos tercios viven principalmente en zonas de León y aproximadamente un tercio en Asturias.

La buena noticia es que la cifra supone un pequeño aumento respecto a los 191 animales estimados en 2019. Es la primera vez en décadas que los datos sugieren una posible interrupción del declive, aunque los propios científicos advierten que todavía es demasiado pronto para hablar de recuperación.

España también ha sufrido liberaciones desastrosas

Los programas españoles tampoco están teniendo un camino sencillo.

En una liberación realizada en el Alto Sil, en León, 30 urogallos criados en cautividad fueron puestos en libertad durante el otoño de 2025 y, seis meses después, únicamente uno seguía con vida, según la información publicada sobre el seguimiento del programa.

Pero los trabajos españoles también han mostrado qué medidas pueden ayudar. La reducción temporal de determinados mesodepredadores, especialmente martas, se ha relacionado con un aumento medio de aproximadamente 0,5 pollos por hembra respecto a las zonas donde no se aplicó esa intervención.

Rendirse no es una opción sencilla

España se encuentra así ante una situación especialmente difícil. Continuar con programas caros y con resultados inciertos genera críticas, pero abandonarlos supondría aceptar un riesgo muy real de desaparición.

La estrategia actual combina cría en cautividad, mejora del hábitat, control puntual de depredadores, seguimiento genético y liberaciones experimentales. Ninguna de esas medidas garantiza por sí sola la recuperación.

Francia ha concluido que seguir introduciendo urogallos en los Vosgos ya no tiene suficiente sentido. España todavía no puede llegar fácilmente a esa misma conclusión: si desaparecen esos aproximadamente 200 urogallos cantábricos, no habrá una gran población en otro país desde la que recuperarlos. Se habrá perdido una subespecie entera.

Fuente: Xataka.

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