Durante casi un siglo, los biólogos creyeron que el potoroo de Gilbert había desaparecido para siempre. La especie había sido descrita por el naturalista John Gilbert en 1840, pero las siguientes décadas de colonización, depredadores introducidos e incendios lo fueron borrando del registro hasta que nadie lo vio durante generaciones enteras. En 1994, un hallazgo accidental en la reserva natural Two Peoples Bay, en Australia Occidental, demostró que todavía existía. Treinta años después, la situación sigue siendo crítica: quedan aproximadamente 150 individuos en libertad, y los científicos están analizando sus excrementos para intentar salvarlo.
El incendio que destruyó el 90% de su hábitat en 2015
La población de potoroos de Gilbert se había recuperado lentamente después de su redescubrimiento en 1994, pero en 2015 un incendio de matorral destruyó el 90% del hábitat disponible, catapultando a la especie de vuelta al borde del abismo. Las poblaciones trasladadas de emergencia sobrevivieron en Bald Island y en un recinto cercado del Waychinicup National Park, evitando un colapso total. A fines de 2022, seis potoroos con rastreadores GPS y transmisores de radio fueron liberados nuevamente en Two Peoples Bay para reforzar la presencia de la especie en su zona histórica.
La amenaza no es solo el fuego. Los gatos y zorros asilvestrados —introducidos por la colonización europea— cazan eficazmente a los potoroos, que no desarrollaron comportamientos de evasión ante estos depredadores porque nunca los tuvieron en su historia evolutiva. Esa combinación de incendios y depredadores exóticos es lo que mantiene a la especie en el margen del colapso permanente.
ADN en heces: rastrear la dieta para encontrar el hábitat correcto

El estudio, publicado en la revista Biodiversity and Conservation y liderado por Rebecca Quah, doctoranda de la Edith Cowan University, usó metabarcodificación: identificar múltiples especies a partir de muestras de ADN ambiental extraídas de heces. El objetivo era reconstruir la dieta del potoroo con un nivel de detalle que la observación directa nunca puede dar —especialmente en un animal nocturno y extremadamente elusivo.
El hallazgo central fue sorprendente por su contundencia: el potoroo de Gilbert obtiene el 90% de sus calorías de hongos. Eso lo convierte en un micófago obligado, completamente dependiente de la presencia de ciertas especies de hongos en su hábitat. Quah señaló que «uno de los desafíos fue tratar de determinar qué están comiendo y dónde pueden encontrarse esos recursos», y que «las dietas de los mamíferos micófagos son bastante difíciles de estudiar porque muchos hongos todavía no han sido descritos».
El quokka como guía: encontrar al potoroo siguiendo a otros animales

El equipo comparó las heces del potoroo con las de tres animales que también consumen hongos en la misma región: quokkas (Setonix brachyurus), quendas (Isoodon fusciventer) y ratas de arbusto (Rattus fuscipes). El análisis reveló que el uso del hábitat entre el quokka y el potoroo es muy similar. Eso ofrece una herramienta práctica para la búsqueda de nuevos sitios de traslado: identificar áreas donde las tres especies conviven puede ser un indicador confiable de que hay suficientes hongos del tipo correcto.
«El uso del hábitat entre el quokka y el potoroo fue muy similar», señaló Quah, quien recomendó «centrarse en áreas donde las tres especies persisten juntas como indicador de alimento adecuado para futuros sitios de traslado del potoroo». En lugar de mapear directamente los hongos —muchos aún sin describir científicamente—, los investigadores pueden usar la presencia de quokkas como señal de hábitat apto. Una simplificación operativa que puede hacer la diferencia para una especie con 150 individuos.
El potoroo como ingeniero del ecosistema
Salvar al potoroo de Gilbert no es solo una cuestión de conservar una rareza biológica. Quah lo describió en términos funcionales: «Los mamíferos que comen hongos son ingenieros del ecosistema: excavan para buscar hongos, lo que ayuda a remover el suelo, y actúan como vectores para la dispersión de esporas». La desaparición del potoroo tendría efectos en cadena sobre los hongos, que a su vez afectarían a los árboles y plantas que dependen de asociaciones micorrícicas. Un animal que cabe en dos manos puede sostener una red ecológica entera.
El potoroo de Gilbert es una de las tres especies del género Potorous que aún existen en el mundo, y pertenece a la familia Potoroidae —los conocidos como «canguros rata»—. Su nivel de amenaza es tal que en la clasificación internacional figura como En Peligro Crítico: el escalón inmediatamente anterior a la extinción en la naturaleza.