Laurynas Družas compró su primer detector de metales cuando tenía 18 años. Desde entonces, recorría su pueblo, Antašava, en el norte de Lituania, tratando de hallar la campana de la que le habían hablado durante toda su vida. Hasta que en agosto de 2024 la buena fortuna lo acompañó, y la encontró.
En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, habían enterrado la campana de la iglesia para salvarla de que los alemanes la fundieran. Y así, la campana de San Jacinto (Jackus) de Antašava ya no volvió a hacer oír su tañido en el pueblo. Družas dijo que los vecinos del pueblo arriesgaron mucho para esconderla, ya que por decreto los alemanes que ocupaban su tierra confiscaban las campanas y las fundían para fabricar material de guerra. Fue una hazaña porque en aquella época no había tractores, por lo que usaron la fuerza humana, un carro y un caballo. La misión fue muy peligrosa, pero proteger el patrimonio del pueblo importaba. Después de todo, una campana de más de media tonelada sería codiciada por los nazis.
Pasaron los años, los nazis se fueron, y en 1990 Lituania dejó de pertenecer a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas para ser independiente. Pero después de casi cincuenta años, el paisaje había cambiado, habían fallecido muchos vecinos, y los pocos que sabían dónde estaba la campana ya no recordaban el lugar exacto.
La campana se convirtió en leyenda, que pasó de generación en generación. La abuela de Laurynas tenía idea de dónde estaba ya que era pequeña cuando un tío le mostró el lugar. Su nieto finalmente cumplió el sueño de la mujer que se había obsesionado con encontrar el tesoro de su pueblo.
Una campana histórica
Según relata Xataka, la campana había sido fabricada por una fundición polaca en 1908, y el doctor Piotr Jamski afirma que esa fundición hoy sigue en actividad, aunque cambió de dueños.
Cuando Laurynas encontró la campana, después de 82 años de su desaparición, hallaron que estaba en casi perfecto estado de conservación. Faltaba el badajo, que la tradición oral cuenta que se había guardado por separado en una casa del pueblo. Al conocerse la noticia de que este agricultor la había encontrado, profesionales del patrimonio verificaron su autenticidad y origen.
Vuelve a su lugar
Un año después de que la encontrara Laurynas, la campana volvió a su lugar: la iglesia de San Jacinto. El tío de Laurynas se llama Vidmantas y es campanero de la iglesia. Cuenta que tras la instalación del sistema para que suene junto a la otra campana existente, ambas suenan conectadas. Solo tiene que apretar un botón.
La iglesia de madera de Antašava se construyó en 1862, en 1870 se erigió un campanario de ladrillo y en 1905 se inauguró una sacristía.