¬ŅCu√°nto afecto necesitamos para desarrollarnos en edades tempranas? ¬Ņhasta qu√© punto necesitamos el amor de una madre? ¬Ņcu√°l es la importancia del apego? A finales de la d√©cada de los 50, el psic√≥logo Harry Harlow ide√≥ una f√≥rmula para arrojar luz a estas cuestiones. Sus conclusiones sobre el amor cambiaron el pensamiento sobre la forma de criar a un ni√Īo para siempre.

Y parad√≥jicamente, lo que ocurri√≥ en el interior de su laboratorio, con esa b√ļsqueda de respuestas hacia conceptos ligados al apego y el amor de una madre con su beb√©, fueron probablemente uno de los experimentos m√°s horribles y crueles en la historia de la ciencia.

Experimento 1: el afecto en los monos rhesus

Imagen: Monos rhesus. Stoonn / Shutterstock

La investigación de Harlow comenzó centrándose en la forma más fundamental de afecto, el amor maternal. Harlow había ideado un área de estudio en el intento de criar monos rhesus bajo sus experimentos de aprendizaje. El hombre, con la idea de protegerlos de enfermedades, separó a los monos de sus madres poco después de su nacimiento para aislarlos en una serie de jaulas individuales donde les alimentaría con un biberón.

Pasadas unas semanas, Harlow percibi√≥ que los monos eran m√°s saludables y m√°s pesados que los que hab√≠an crecido en un entorno natural, lo que acab√≥ convenci√©ndolo de que su nuevo h√°bitat era una ‚Äúmadre‚ÄĚ m√°s eficaz para los monos. Pero a pesar del hecho de que estos monos beb√© aparentemente no necesitaban nada m√°s, lo cierto es que su propio h√°bitat, encerrados en una jaula, comenzaba a hacer mella en ellos.

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Todos caminaban demasiado encorvados debido a las medidas de esas primeras jaulas y se pasaban los d√≠as chup√°ndose instintivamente sus dedos y observando al infinito sin ning√ļn tipo de reacci√≥n al exterior. Cuando Harlow decidi√≥ emparejar a machos y hembras, los animales no ten√≠an ni la menor idea de qu√© es lo que se supon√≠a que ten√≠an que hacer entre ellos, ni rastro de alguna conducta social.

El psicólogo se sorprendió, sobre todo y como diría, debido a que uno de los principios básicos de la ciencia de la época era que los bebés, con el fin de tener la mejor de las oportunidades para desarrollarse normalmente, necesitaban primordialmente comida y mantenerse limpios. Y estos dos criterios los había cumplido con creces en la pruebas.

Y es que en aquella √©poca y desde el punto de vista de la psicolog√≠a, el amor de madre era una emoci√≥n de segunda fila, que √ļnicamente entraba en juego una vez que la madre hab√≠a cumplido con los requisitos m√°s importantes de la descendencia: la necesidad de saciar el hambre y la sed. Y no hablamos s√≥lo de los animales, esto ocurr√≠a tambi√©n con las personas. En aquella √©poca Harlow se apoyaba en los valores y principios que se inculcaban para la educaci√≥n de los ni√Īos desde la psicolog√≠a, por ejemplo, el consejo de no abrazar a los hijos, o al menos, no hacerlo en exceso.

Una de las figuras abanderadas en este sentido fue el psic√≥logo John B. Watson, qui√©n condujo una cruzada contra los ‚Äúmales‚ÄĚ del amor excesivo de los padres en su best seller de 1928 Psychological Care of Infant and Child (donde hay todo un cap√≠tulo dedicado bajo el t√≠tulo de The Dangers of Too Much Mother Love). En el mismo, Watson afirmaba que demasiado afecto prodigado en un ni√Īo conducir√≠a inevitablemente a problemas de ese individuo en la edad adulta. No solo eso, seg√ļn Watson y llegado el momento, si es absolutamente necesario besar a un hijo, reclamaba que fuera en la frente.

Experimento 2: las madres falsas

Imagen: Harlow, la cr√≠a y su ‚Äúmadre‚ÄĚ. LIFE

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As√≠ que en este clima de la √©poca fue como Harlow se embarc√≥ en los experimentos. Una vez que hab√≠a observado esa apat√≠a en los beb√©s monos, el hombre ide√≥ una vuelta de tuerca. El psic√≥logo hab√≠a percibido otro comportamiento inusual; se hab√≠an vuelto locos con los forros de tela que cubr√≠an partes de las jaulas. En las √ļltimas semanas los monos se hab√≠an aferrado a estas telas, incluso trataban de envolverse en ellas y comenzaban a gritar cuando se manten√≠an lejos de ellas para la limpieza regular de la jaula.

Si pasaban m√°s de cinco d√≠as en una jaula sin un pedazo de este material, todos se derrumbaban psicol√≥gicamente, apenas sobreviv√≠an. ¬Ņpodr√≠a ser que ese trozo de pa√Īo suave, quiz√° c√°lido, fuera tan importante como la misma leche embotellada con la que eran alimentados?

Imagen: Harlow y la cría con la madre de felpa.

Es entonces cuando Harlow introduce en las jaulas una especie de madres sustitutas con el fin de observar si los monos cambian de actitud. Para dicho experimento se construye una madre para los monos cuya cabeza estaba hecha de una bola de billar de madera, ojos que eran realmente unos reflectores de bicicleta, y lo m√°s importante, un cuerpo cil√≠ndrico que comprend√≠a una toalla envuelta alrededor de un peque√Īo coj√≠n mullido.

Junto a esta madre de felpa coloc√≥ una segunda versi√≥n, m√°s o menos con la misma forma, con la diferencia de que √©sta √ļltima estaba hecha √ļnicamente de alambres, sin ning√ļn tipo de relleno suave, aunque con una botella de leche al nivel del supuesto pecho que el psic√≥logo ir√≠a rellenando.

Imagen: La cr√≠a manteniendo el contacto con la ‚Äúmadre‚ÄĚ de felpa mientras se alimenta en la otra.

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Si la visi√≥n cient√≠fica predominante era correcta, aquella que pensaba Harlow, los monos beb√© acabar√≠an ‚Äúadoptando‚ÄĚ como madre al mu√Īeco de alambre, principalmente porque era el que les proporcionar√≠a su √ļnico medio de sustento. ¬ŅQu√© ocurri√≥? Lo contrario. Los monos se aferraron a la madre de felpa durante m√°s de 12 horas al d√≠a de media, y √ļnicamente se sub√≠an a la madre de alambre brevemente cuando ten√≠an sed, y si pod√≠an, manteniendo el contacto con el mu√Īeco de felpa.

Harlow hab√≠a demostrado con ello que el afecto de un beb√© se centra principalmente en la suavidad de la madre, en su calidez cuerpo a cuerpo, con independencia de que tambi√©n sea la fuente de alimentaci√≥n. En otras palabras, hab√≠a demostrado lo importante y vital que resulta el contacto corporal para el desarrollo de un ni√Īo, aunque eso s√≠, un resultado contrario al esperado.

Experimento 3: sin amor de madre

Imagen: el mono aferrado a su ‚Äúmadre‚ÄĚ

A partir de aqu√≠ la escalada de experimentos comenzaron a ser m√°s crueles. El experimento de la madre de felpa fue s√≥lo el comienzo de un extenso programa de investigaci√≥n que llev√≥ a cabo Harlow sobre el amor y lo que sucede cuando los monos no reciben ning√ļn tipo de afecto.

Para su siguiente prueba construy√≥ unas madres monstruo. En este caso con la forma muy similar a las madres de felpa, aunque realmente era un enga√Īo cruel. Una de estas madres hab√≠a sido dise√Īada con un sistema que sacud√≠a al bebe en varias ocasiones, otra versi√≥n estaba dise√Īada para asustar al beb√© enviando r√°fagas de aire comprimido de vez en cuando y otra de ellas estaba equipada con puntas de metal ocultas que se mov√≠an cuando el beb√© esta arropado a la figura con el fin de que este se separara.

¬ŅCu√°l fue la reacci√≥n de los beb√©s? Tan pronto como la madre se hab√≠a calmado volv√≠an a ella y la acariciaban cuando estaban cerca. Esta situaci√≥n se repiti√≥ una y otra vez, lo que para el propio Harlow fue algo impresionante, mientras las madres monstruo agred√≠an a los beb√©s, estos no cesaban en su empe√Īo de la necesidad de ellas, de su total dependencia hacia su figura.

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Experimento 4: el pozo de la desesperación

Imagen: Jaula de aislamiento. Wikimedia Commons

Llegados a este punto Harlow fue m√°s all√° de lo que nunca pens√≥ que ir√≠a. En primer lugar creando lo que llam√≥ el ‚Äúpozo de la desesperaci√≥n‚ÄĚ, en esencia unas jaulas de aislamiento separadas del resto con forma de embudo. En el punto m√°s bajo colocaba al beb√© mono. A los dos o tres d√≠as tratar√≠a en vano de trepar por las paredes de la jaula, luego desistir√≠a al darse cuenta de que no pod√≠a subir.

Sin ning√ļn tipo de estimulaci√≥n, all√≠ se les enjaulaba al poco de nacer para permanecer entre 30 d√≠as y un a√Īo entero. El resultado fue que en alg√ļn punto con el paso de los d√≠as y las semanas los animales quebraban. Renunciaban a todo y simplemente se quedaban sentados sin hacer nada, solos en un clima de desesperaci√≥n. Luego, pasado el tiempo, los monos se convert√≠an en lo que llamar√≠amos en t√©rminos m√©dicos, un depresivo.

Aquellos que estuvieron en aislamiento un a√Īo entero, a su vuelta a la ‚Äúsociedad‚ÄĚ se les juntaba con un grupo de control. El resultado era una ausencia absoluta del componente social junto a la falta total de inter√©s por el sexo opuesto. En algunos casos incluso se negaban a ser alimentados, momento en el que Harlow trataba de medicarles.

Experimento 5: el potro de las violaciones

Imagen: Harlow con un bebé recién nacido de rhesus.

El √ļltimo de los experimentos que el psic√≥logo llev√≥ a cabo daba cuenta de hasta donde lleg√≥ Harlow en su estudio. Una vez que hab√≠a comprobado que el aislamiento afectaba a la propia conducta social, el hombre decide averiguar si estos efectos (el aislamiento) tambi√©n se podr√≠an dar en una interacci√≥n entre una madre y un beb√©.

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Para ello a√≠sla a una serie de hembras mono, hembras que deb√≠an quedar embarazadas. Harlow inventa entonces un sistema donde a trav√©s de una mesa con correas pod√≠a atar a las hembras, de forma que estas, indefensas, deb√≠an esperar a la entrada de los machos para fecundarlas sin ning√ļn tipo de interacci√≥n social. Cuando estas hembras aisladas quedaban embarazadas y ten√≠an a la cr√≠a, eran incapaces de ofrecer alg√ļn cuidado, muy al contrario, depresivas, su actitud era violenta como el mismo psic√≥logo comentar√≠a:

Nunca, ni en nuestros sue√Īos m√°s retorcidos, pensamos que ser√≠amos capaces de designar sustitutos que fueran tan crueles con sus cr√≠as como las aut√©nticas madres. La ausencia de experiencias sociales hace que no sean capaces de interactuar socialmente con sus cr√≠as. Una de las madres aplast√≥ la cara de su cr√≠a contra el suelo y comenz√≥ a comerle los pies y los dedos. Otra machac√≥ la cabeza de la cr√≠a. El resto, simplemente las ignora.

Llegados a este punto el experimento se detuvo. Harlow había sido capaz de mostrar cómo las crías tienen el instinto del contacto y la protección de una madre. El hombre nunca negó que los monos fueron sometidos a un gran sufrimiento en sus experimentos. Al contrario, el psicólogo llegó a comentar a los medios:

Ustedes deben recordar que por cada mono maltratado, hay un mill√≥n de ni√Īos maltratados. Si mi trabajo ayuda y es capaz de salvar a los ni√Īos humanos, entonces no estoy demasiado preocupado por 10 monos.

Irónico, porque este adicto al trabajo, obsesionado como ninguno por encontrar la razón del apego y el amor de una madre, en vida nunca se preocupó por sus propios hijos. Su esposa lo dejaría y se llevaría a los hijos con ella, ya que como decía, vivir con Harlow era el equivalente a vivir sola.