Un origen emocional, no racional
Hewitt remarca un punto esencial: el perfeccionismo nace de la sensación temprana de no ser suficiente. No es ambición, ni disciplina, ni deseo de destacar. Es una estrategia para obtener aceptación y pertenencia cuando, en la infancia, estas necesidades no fueron plenamente satisfechas.
Según el experto, muchas personas crecen sintiendo que deben ganarse su valor. La perfección aparece entonces como una promesa tentadora: si soy impecable, me querrán; si no fallo, no me rechazarán.
Pero esta creencia interna tiene un costo emocional altísimo.
Vivir con un juez dentro de la cabeza
“Vivir dentro de la mente de un perfeccionista es abusivo”, afirma Hewitt.
El diálogo interno es crítico, castigador, implacable.
Ese vigilante mental nunca descansa y convierte cualquier error —real o imaginado— en prueba de que la persona no vale lo suficiente.
No se trata de querer mejorar: se trata de ocultar defectos a toda costa.

¿Perfeccionismo o búsqueda saludable de excelencia?
Hewitt desmonta una confusión común: esforzarse no es perfeccionismo.
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Excelencia: motivación, compromiso, altos estándares bien gestionados.
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Perfeccionismo: miedo, vergüenza, necesidad desesperada de encajar.
La diferencia está en la motivación:
Si la razón detrás de tus esfuerzos es reparar una supuesta falta interna, deja de ser saludable.
Tres caras del mismo patrón
El perfeccionismo puede adoptar varias formas y mezclarse entre sí:
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Orientado a otros: esperar perfección de quienes nos rodean.
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Socialmente prescrito: sentir que el mundo exige que uno sea perfecto.
Todas comparten la misma base: una lucha por sentirse suficiente.
El perfeccionismo crea ansiedad
Claves
1- Acepta errores, debilidades y fracasos
2. Disfruta lo que tienes y los avances
3. Acepta la realidad aunque no sea perfecta
4. Acepta las emociones negativas son adaptativasEl círculo vicioso del perfeccionismo
HODGSON&BURQUE pic.twitter.com/XYleP6EBX3
— Virginio Gallardo (@virginiog) April 10, 2025
Consecuencias que van mucho más allá del estrés
El dr. Hewitt es rotundo: el perfeccionismo no impulsa el rendimiento; lo sabotea.
Se asocia con:
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ansiedad
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depresión
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trastornos alimentarios
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problemas físicos
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e incluso mayor riesgo de suicidio
Paradójicamente, quienes buscan aceptación a través de la perfección terminan más solos, agotados y distantes de los demás.
El perfeccionismo no mejora el rendimiento… lo empeora
Investigaciones citadas por Hewitt muestran que el perfeccionismo no se relaciona con más logros ni productividad.
Al contrario, el miedo al error paraliza, retrasa decisiones, bloquea proyectos y alimenta la procrastinación.
Y cuando llega un éxito, nunca es suficiente.
¿Se puede cambiar? Sí, pero no con “tips”
Hewitt critica las intervenciones superficiales basadas en ejercicios cognitivos rápidos.
Para él, la transformación real exige trabajar las heridas de valía y pertenencia.
El abordaje terapéutico más efectivo es profundo, relacional y basado en reconstruir el vínculo con uno mismo: menos juicio, más aceptación.
Se trata de dejar de usar la perfección como armadura.
Hacia una vida menos autoexigente
El mensaje final del psicólogo es esperanzador:
El perfeccionismo no es una sentencia permanente.
Es posible aprender a ser amable con uno mismo, a tolerar los errores y a construir una identidad que no dependa del rendimiento.
“Todo tiene un costo y un beneficio, y estos cambian con el tiempo. Podemos descubrir nuevas formas de sentirnos valiosos sin necesitar la perfección”, concluye Hewitt.
Fuente: Infobae.