Sony acaba de marcar una fecha que puede cambiar para siempre la relación entre los jugadores y sus videojuegos. A partir de enero de 2028, la compañía dejará de producir discos físicos para todos los nuevos juegos lanzados en consolas PlayStation. Desde entonces, los estrenos estarán disponibles únicamente en formato digital, ya sea en PlayStation Store o mediante códigos vendidos por tiendas minoristas. Sony asegura que los juegos publicados antes de esa fecha, o los que lleguen en disco antes de enero de 2028, no se verán afectados.
La compañía lo presenta como una evolución natural del mercado. Cada vez más jugadores compran en digital, descargan sus títulos directamente en la consola y valoran la comodidad de no depender de una caja o un disco. El problema es que esa comodidad tiene un precio que va más allá de lo económico: cambia la idea misma de propiedad.
El disco no era perfecto, pero daba más control al jugador
Cuando una persona compra un juego físico, al menos tiene un objeto que puede guardar, prestar, revender o recuperar años después. Es cierto que esa propiedad ya venía debilitada: muchos discos actuales necesitan parches, descargas adicionales o conexión a servidores para funcionar plenamente. Pero incluso con esos matices, el formato físico mantenía una capa de independencia frente a la tienda digital.
Con el formato digital, la situación es distinta. Lo habitual no es comprar el software como objeto propio, sino obtener una licencia de uso asociada a una cuenta, una plataforma y unas condiciones. Steam lo deja por escrito en su acuerdo de suscriptor: el contenido y los servicios se licencian, no se venden, y esa licencia no otorga título ni propiedad sobre el contenido.
Ese matiz legal, que durante años estuvo escondido en contratos larguísimos que casi nadie leía, se vuelve mucho más importante cuando desaparece la alternativa física. Si todo el catálogo nuevo depende de una tienda digital, el acceso del usuario queda condicionado por cuentas, servidores, licencias, compatibilidad futura y decisiones empresariales.
Es oficial! Sony dejará de producir juegos en formato físico a partir de enero de 2028 y PlayStation pasará enteramente a ser una tienda de juegos digitales pic.twitter.com/7g3e9f6flT
— Poscast Beta (@PoscastBeta) July 1, 2026
El caso The Crew mostró el problema en su forma más cruda
La preocupación no es teórica. En 2024, Ubisoft apagó los servidores de The Crew, un juego de conducción que requería conexión permanente incluso para jugar en solitario. El resultado fue que quienes habían pagado por el título dejaron de poder usarlo. Ese caso impulsó el movimiento europeo “Stop Destroying Videogames”, que pidió obligar a las editoras a dejar los juegos en un estado jugable cuando retiren el soporte.
La Comisión Europea respondió que, por ahora, no propondrá una obligación legal para mantener los videojuegos jugables después de que dejen de ofrecerse comercialmente, aunque sí reconoció que la legislación de consumo existente aporta ciertas garantías. La respuesta no cierra el debate; al contrario, muestra lo difícil que es proteger al comprador cuando el producto depende de infraestructuras que no controla.
La presión también llegó a Estados Unidos. California aprobó la ley AB 2426, vigente desde enero de 2025, que obliga a las tiendas digitales a informar con claridad cuando el consumidor no está adquiriendo una propiedad plena, sino una licencia revocable de acceso a un producto digital.
Lo digital gana comodidad, pero pierde permanencia
La decisión de Sony llega además en un momento delicado para la preservación. La compañía también confirmó el cierre escalonado de PlayStation Store en PS3 y PS Vita: algunos mercados perderán acceso a nuevas compras desde agosto de 2026, otros a finales de 2026, y el cierre general llegará en julio de 2027. Los usuarios podrán volver a descargar contenido ya comprado durante un tiempo no definido, pero ya no podrán adquirir nuevos juegos desde esas tiendas.
Ahí aparece la contradicción de fondo. Sony empuja el futuro hacia lo digital, pero al mismo tiempo recuerda que las tiendas digitales también envejecen, se cierran y dejan catálogos atrás. Para el jugador, eso significa menos segunda mano, menos préstamos, menos coleccionismo y una dependencia mucho mayor de las políticas de una plataforma.
El formato físico no garantizaba una preservación perfecta. Un disco puede deteriorarse, una consola puede fallar y muchos juegos modernos ya no vienen completos en la caja. Pero sí ofrecía una forma más tangible de control. Su desaparición inclina todavía más la balanza hacia las empresas.
A partir de 2028, comprar un juego nuevo de PlayStation será, en la práctica, aceptar un ecosistema donde el acceso importa más que la posesión. Será cómodo, inmediato y probablemente inevitable para muchos usuarios. Pero también obliga a mirar de frente una pregunta que la industria lleva años esquivando: si no podés prestar, revender, conservar o usar libremente lo que pagaste, ¿seguimos llamándolo comprar?